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¿Para qué sirve un congreso de la lengua?

No parece tan evidente cuál es la función de un Congreso y un encuentro de académicos como los que se realizarán en Medellín y Cartagena. La periodista argentina Susana Reinoso, que ha cubierto los cuatro congresos que se han realizado hasta ahora, responde esta pregunta.

2010/03/15

Por Susana Reinoso

Son casi quinientos millones los hablantes de español en el mundo, según las estimaciones oficiales. Son casi catorce millones los estudiantes de castellano como lengua extranjera en el planeta. Y Brasil necesitará en el corto plazo doscientos diez mil nuevos profesores capacitados en nuestra lengua para los alumnos brasileños de la enseñanza primaria y media, a partir de la decisión del gobierno de instalar el idioma de Cervantes como segunda lengua obligatoria en el nivel educativo básico.

Si este puñado de datos aún no fuera suficiente como un intento de respuesta a la pregunta del título, hay más todavía.

El Instituto Cervantes calcula que existen tres y medio millones de alumnos de español en treinta y ocho países. En los Estados Unidos, cuyo creciente mercado hispanohablante constituye una esperanza para la expansión universal de la lengua de Cervantes y Borges, de García Márquez y Rulfo, de Neruda y Gallegos, hay más de seis millones de estudiantes de castellano y la expectativa de crecimiento de la demanda supera el 50%, afirman las cifras oficiales, a la luz de los más de treinta y cinco millones de hispanohablantes en territorio norteamericano.

Las cifras son un atisbo de un fenómeno que hay que apuntalar y expandir, siguiendo el buen ejemplo de los anglohablantes que, con la exportación sostenida de sus industrias culturales, han hecho del inglés la lingua franca de la sociedad mundial.

El español es, de lejos, la lengua más rica y honda para la poesía. La que mejor expone los sentimientos. La más expresiva para describir la belleza y el horror. La que mejor define las emociones humanas. La más docta para las metáforas.

Un anglohablante podría contradecir el punto y señalar: “El inglés también”. Sin embargo, para los conocedores de esta lengua, está claro que sólo la versión culta del idioma de Shakespeare puede derrochar hondura, pero que en su uso frecuente se trata de una lengua más concisa y menos expresiva, propia de la idiosincrasia de sus hablantes nativos.

El intercambio para crecer

En un congreso de la lengua se reúnen escritores, poetas, profesores, investigadores, académicos, cineastas, editores, artistas e historiadores que discuten, intercambian, argumentan, exponen las experiencias vitales de una lengua cuya tradición siempre ofrece, para los latinoamericanos, buena miga para un debate.

No ignoramos –aun quienes comprendemos la necesidad de apuntalar el crecimiento del español en el mundo de la mano de las industrias culturales y la cultura iberoamericana– que el español siempre aparecerá conectado a los horrores de la conquista. Que la riqueza de las lenguas primitivas en la América india quedó sepultada a sangre y fuego. Y que cuando una lengua se pierde, una cosmovisión de la condición humana y de la relación del hombre con el Todo se va con ella.

Sin embargo, el mundo exhibe hoy –desde una perspectiva lingüística y sociológica– fenómenos claros de consolidación de un modelo único cuya lengua de comunicación es, precisamente, el inglés.

La lengua es, ante todo, la expresión de una cultura, de sus valores y sus símbolos, de sus tradiciones y de sus ritos, y la traducción en palabras de una cosmovisión que incluye la perspectiva antropológica y espiritual desde la cual vemos y nos vemos. Restarle apoyo a la búsqueda de un espacio de poder en el mundo a la propia lengua es quitarle el hombro a la difusión de los valores culturales en los que creemos.

Los intelectuales que se dan cita en el IV Congreso Internacional de la Lengua Española suman sus voluntades en pos de una meta común: consolidar el lugar que al español le corresponde como lengua de comunicación internacional, detrás de la lingua franca del mundo.

De allí que analizar el presente y el futuro del castellano entre más de mil doscientos convocados es mucho más que una cita iberoamericana “fabricada” a la medida de unas instituciones cuya visibilidad siempre está conectada a los círculos cerrados e inaccesibles para los ciudadanos de a pie. 

Visibilidad y poder

De lo que trata es de conferirle a esta gran cita del español en Colombia una visibilidad que se extienda más allá de las fronteras iberoamericanas. Que se vea, por caso, en Europa, en Oriente, en Oriente Medio y en el Sudeste Asiático. En China, donde la demanda del español crece, pero no puede satisfacerse por la falta de profesores de nuestra lengua y las peculiaridades del sistema educativo que impone cupos restrictivos a los aspirantes. En la India, donde ha comenzado de manera incipiente a instalarse el interés por el castellano. En Rusia, en Indonesia, en aquellos países cuya densidad poblacional y crecimiento económico comienzan a demandar una oferta idiomática extranjera.

Un congreso del castellano sirve para que se vea en Francia, en Alemania, en Gran Bretaña, cuyos mercados son duros de horadar para las industrias culturales de habla hispana. A tal punto que ni la industria discográfica ni la editorial consiguen instalar, por muy denodados que sean sus esfuerzos, las traducciones de los excelentes exponentes de la narrativa y la producción hispanohablante. Ello, más allá del genuino interés disperso de productores y editores de esos países.

Se trata de que, con una mejor difusión del español en el mundo, Madonna y Shakira peleen el mercado planetario de la música de igual a igual. Que la obra de García Márquez y de Borges sea tan reconocible como la de William Faulkner o Truman Capote. Y que la impronta de Fernando Botero o de Guillermo Kuitca, entre los artistas contemporáneos, sea tan internacionalmente conocida como la de Andy Warhol.

De lo que se trata es de que la difusión de la cultura contribuya a aumentar el interés por la ciencia en español, de la arquitectura y el patrimonio iberoamericano, del comercio y la producción de contenidos. He allí una de las claves de expansión en un mercado internacional cuya crisis de contenidos está a la vista. Lo padecen el cine y la música en español, por nombrar dos de las industrias que mejor proyección han conseguido en el competitivo mercado mundial.

Lengua y valores

En un congreso de la lengua convergen gentes de “cien mil raleas”, como diría Joan Manuel Serrat, con ponencias diversas sobre literatura, escritura, ciencia, tecnología, lenguas hispánicas, humanismo, periodismo cultural, lenguas indígenas, ciberespacio, valor económico del español y otras materias.

Nombres de la talla de Carlos Fuentes, Nélida Piñón, William Ospina, Juan Gelman y Antonio Muñoz Molina, entre muchos otros, dialogan, discrepan, exponen ideas, expresan opiniones a un público masivo que, del otro lado, los escucha y aprende de verlos y escucharlos.

Sobre la base del congreso, en las escuelas los estudiantes preparan trabajos. Y se habla de gramática y para qué sirve la ortografía. Y se fomenta el intercambio entre los jóvenes habituados a comprar música en inglés pero que se comunican en español.

El crecimiento de la tecnología que contribuye a democratizar la comunicación en Internet ofrece una inmejorable oportunidad para trabajar en el crecimiento de la lengua en los medios digitales, con la combinación de recursos extraordinarios que la autopista informativa proporciona.

Es, en este espacio, donde el español es más débil frente a la monumental expansión de sitios y páginas en inglés existentes. Los especialistas advierten sobre la necesidad de que todos los actores que directa e indirectamente trabajan con la lengua española, se concienticen de la impostergable necesidad de producir contenidos de calidad en la Red de redes, atribuyéndoles por otra parte el valor económico que a toda industria cultural corresponde.

La presencia en Internet es sinónimo hoy de existencia en el planeta. Así como, en su hora, había que estar en la televisión para existir desde un punto de vista figurativo, en la actualidad es indispensable estar en Internet con ofertas de contenidos culturales y de servicios que consoliden la presencia del castellano en el mercado internacional. La presencia digital de la cultura iberoamericana apenas araña un 4% de la totalidad de las páginas existentes. Estar en la Red es estar en el mundo con la propia cultura y sus múltiples posibilidades.

Para comprender este punto bien podríamos echar mano de un ejemplo claro. Buena parte del temor y desconfianza que infunde hoy el llamado mundo musulmán reside en lo que ignoramos de esa cultura. Y es bien sabido que la ignorancia genera prejuicios y los prejuicios acentúan la incomprensión y la intolerancia.

¿Y a quién se le adjudica la paternidad de esta criatura? ?España, a través del Instituto Cervantes y las instituciones que trabajan en la difusión del español en el mundo, tienen razones políticas para consolidar la lengua de Cervantes en el mundo. Internamente, distintas regiones autonómicas se han embarcado muy fuertemente en la difusión de sus propias lenguas, asentado ello en el desarrollo, sobre todo, de una industria editorial y cinematográfica en franco crecimiento. Por ejemplo, el Grupo Planeta en Barcelona.

Externamente, la mayor potencialidad de la lengua castellana está en América Latina, por el número de hablantes, pero las problemáticas de pobreza, marginalidad, deuda externa y recesión económica, debilitan el diseño de otro tipo de políticas estratégicas por parte de los gobiernos. Quizá resida allí una de las razones por las cuales los españoles han tomado el timón del desafío de consolidar el español como segunda lengua internacional de comunicación.

Sin embargo, la incorporación de las universidades públicas de América Latina en la certificación internacional del español como lengua extranjera abre interesantes posibilidades a los países latinoamericanos para afianzar un papel activo en la difusión del español y realizar un trabajo mancomunado con España, cuya aportación de recursos a la materia es sin duda más relevante.

Sin embargo, el trabajo de las veintiuna Academias latinoamericanas de la Lengua –que representan el grueso de los hispanohablantes– se ha mantenido constante, aunque ajeno a la difusión en los medios. A las academias, entre las que se incluye la Real Academia Española, les correspondió la labor de revisión de la gramática castellana después de setenta y cinco años. Y, en breve, la revisión de la ortografía que, durante el II Congreso de la Lengua Española, realizado en Zacatecas, México, propuso jubilar el maestro Gabriel García Márquez, abriendo un intercambio, no exento de humor y airadas opiniones.

Aquella propuesta insólita de García Márquez instaló al encuentro de Zacatecas en la mira de la opinión pública internacional. De eso también se trata hoy el español: de montar un encuentro de enorme repercusión para que el resto del planeta sepa que quinientos millones de hispanohablantes pretenden integrarse al mundo desde su propia cultura, que es hacerlo desde una cosmovisión conformada por una diversidad de hablas y de miradas.

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