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Se habla farsi

Producir cada página puede costar 100 euros. Aunque suene descabellado, no hay en el mundo un buen diccionario español-persa. Lo que saben ellos del mundo hispano, y viceversa, ha sido pasado por el filtro del inglés. Ahora, por fin, se publica con la autorización de la Real Academia Española.

2010/03/15

Por Catalina Gómez

La palabra “achira” se convirtió en una obsesión para Sanaz Mahmudi cuando estaba traduciendo el diccionario de la Real Academia Española al persa. “Duré varios días trabajando en este término y nunca pude encontrar cuál era la palabra equivalente en persa. Busqué en tantos diccionarios que acabé con un gran dolor de cabeza”, cuenta Mahmudi, de 29 años, sentada en el sofá de la sala de la oficina de Divune Taajomin, la empresa que creó hace ocho años el iraní Mahmud Aliazadeh para emprender este proyecto “loco”, como él dice, de hacer un diccionario español-persa.

“Ahora estoy esperando ponerme en contacto con un especialista en botánica que conozca los dos idiomas para que me diga cuál es la traducción correcta, si la tiene”, continúa Sanaz, quien, como casi todos los treinta traductores que han hecho parte de este proyecto a lo largo de estos años, estudió filología hispánica en Teherán. Una carrera que se ha puesto de moda desde hace algunos años entre los jóvenes iraníes. Y es que “achira”, además de ser “un panecillo dulce hecho con la harina de la achira del Perú” (según dice el diccionario explicando su acepción colombiana), también es “una planta suramericana de la familia de las alismatáceas”. Sin duda, un término difícil de traducir.

“El mayor problema que hemos afrontado ha sido encontrar la manera de acercar dos culturas con tanta historia detrás, pero con tan poca gente que sepa los dos idiomas a la perfección”, agrega Mahmud, sentado al lado de Sanaz. Mahmud, que tiene 37 años y vivió durante once años en España, es una de las pocas personas en Irán que son bilingües en estos dos idiomas. Un ejemplo de este bache es que la gran mayoría de las obras de la literatura de habla hispana han sido traducidas al persa desde idiomas diferentes al español. Mahmud es la excepción, hasta el punto que por muchos años su dominio del español fue mejor que el persa. Esto se debe a que desde que cuando era un adolescente su padre lo envió a estudiar a España. “Me acuerdo que cuando empecé el colegio en España no había diccionarios persa-español y tuve muchos problemas. Me obsesioné tanto con el tema que cuando apenas era un niño ya discutía con uno de los profesores del colegio Calasanz sobre la necesidad de hacer este diccionario”.

El tema se le olvidó hasta que de regreso a Irán decidió entrar a estudiar filología hispánica en Teherán. Se encontró entonces con la sorpresa de que a pesar de que habían pasado trece años sus compañeros seguían sin tener un buen material de consulta. “Para ese momento ya había dos diccionarios, pero son igual que nada. Son muy malos”, dice. Y es verdad, todo el mundo que estudia español o farsi lo confirma. Fue en esa época de universidad cuando Mahmud se dio cuenta de que era hora de revivir su proyecto de infancia.

Lo primero que hizo fue ir a la Real Academia de la Lengua Española y pedirle permiso al secretario de entonces, Domingo Induraín, para traducir su diccionario. Este se lo dio, con la condición de que cuando estuviera traducido la rae le diera su aprobación final. “Escogí el de la rae porque es un diccionario que nunca va a morir, siempre se estará actualizando. Y la idea con el nuestro es que siga creciendo a través de los años”. Pero cuando empezó con esta idea, dice, no era consciente de lo difícil que iba a ser sacar adelante el proyecto.

¡Qué problema!

“Es imposible explicar cuánto trabajo y esfuerzo nos ha costado acercar estas dos culturas, dice. Por ejemplo, los términos taurinos han sido muy complejos de traducir. ¿Cómo explicarle a un persa qué es un capote, una montera?”. Pero no solo eso, las palabras más técnicas del catolicismo sí que los han puesto en aprietos. La palabra “abad”, que el diccionario de la rae tiene ocho acepciones, fue de una las más complicadas. Lo solucionaron, cuenta Mahmud, traduciendo literalmente las definiciones de la RAE. Otra fue “legado”, que tampoco tiene equivalente en el islam. Y así pasó con miles de términos especialmente relacionados con temas como los juegos de azar, insectos, moluscos… Pero hay casos aún más complicados. ¿Cómo se traducen los proverbios y expresiones?

El sistema que utilizaron para hacer el diccionario se fue perfeccionando con el tiempo. Al principio a cada uno de los traductores le daban una copia de la hoja del diccionario de la RAE que iba a traducir, le entregaban un diccionario inglés-español y muchas fotocopias de otros diccionarios del inglés al persa. Con eso trabajaban. Era una tarea casi de colegio, hasta el punto que muchas veces los ayudantes trabajaban en parques y escribían a mano. “De la página 1 a la 30 tardamos seis meses y de la 31 a la 100, un año”. Fue después de ese tiempo que se dio cuenta de que a pesar de que había muchas fallas el diccionario sí podría funcionar. Alquilaron oficinas, compraron computadores y empezaron a estudiar cómo habían traducido cada término a diferentes culturas, especialmente a la lengua inglesa. “Utilizábamos la sinergia de otros a nuestro favor pero siempre teniendo el diccionario de la rae de base”. Lo que hacían era traducir y cotejar una y otra vez para poner el término adecuado. Fueron en total 80.000 términos traducidos y más de un millón de acepciones.

No es casualidad que hasta ahora cada hoja del diccionario haya pasado por ocho manos. “Calculo que al final de este proceso cada hoja nos habrá salido en 100 euros”, dice. Pero eso no es suficiente. Expertos en cada tema que dominen ambos idiomas tendrán que revisar los términos relacionados con su materia en los próximos meses. “Hay iraníes especialistas en todos los temas regados por toda Hispanoamérica y nos han dicho que están encantados de ayudar”, cuenta Mahmud, que enfatiza en que muchos lo hacen gratis debido a que una de las características del iraní es que es muy nacionalista.

La idea es que el diccionario esté listo a finales del año, para cuando se publicará en una versión completa de cuatro tomos. Un año más tarde deberá estar lista la versión compacta y la de bolsillo. Y es que aunque estas dos culturas deberían estar unidas por un buen diccionario desde hace muchos años, lo cierto es que nunca antes había habido un momento más propicio para publicar una obra de esta envergadura. En Irán se vive una hispanomanía. Y no solo tiene origen en la obsesión del presidente Mahmud Ajmadineyad por estrechar lazos con Latinoamérica. El cine español y la literatura hispana son, de lejos, los preferidos por el público iraní. Lo bueno es que los estudiantes ya no tendrán que ir nunca más al diccionario ingles-español para buscar un término. Ya podrán buscar esa palabra en español directamente.

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