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Curioso romance

Camilo Jiménez Santofimio reseña 'Una historia natural de la curiosidad '

2015/08/21

Por Camilo Jiménez Santofimio

Una historia natural de la curiosidad

Alberto Manguel

Alianza Editorial | 554 páginas | $69.000

Alberto Manguel tiene una biblioteca de 35.000 tomos. Quienes lo conocen dicen que los “cuida con celo” en una granja medieval en el oeste de Francia. Dada esta circunstancia, el libro Curiosidad. Una historia natural podría verse como un boleto a presenciar un romance singular: el de Manguel con su biblioteca y su erudición.

El trabajo es, en primera línea, un tributo al saber. Y al principio causa placer abrirlo y recorrer algunas páginas para toparse con el nacimiento del signo de interrogación en un viejo manuscrito español; con la agudeza y la energía crítica de Michel de Montaigne; con el joven y genial David Hume durante los años en que encendió la mecha del escepticismo británico; con la ya legendaria pantera de Rilke; con el infierno de Dante Alighieri retratado en la fotografía de Sebastião Salgado, o con la sonda Curiosity de la Nasa viajando silenciosamente por el espacio.

El autor, desdeñando las convenciones de la labor académica, salta hábilmente entre las escuelas de pensamiento, los autores y las épocas, y es audaz hasta el punto de levantar un puente nunca antes visto entre Aristóteles y un informe del wwf. Tales ejercicios podrán no gustar, por heterodoxos y ligeros, pero reflejan libertad y revelan el entusiasmo casi pueril con que Manguel, a pesar de los años, aún hoy pasa revista a siglos de intelectualidad.

Pero ya no visto como una estantería para el ojeo, sino medido por su estructura, sus argumentos y sus aportes, el libro desconcierta. Manguel dice haber hallado la motivación para escribirlo en su tardía lectura de la Divina Comedia. Cuenta que al terminarla concluyó que esta encarna “una exploración de uno mismo y del mundo”. La curiosidad de Dante habría activado en el autor una “curiosidad sobre la curiosidad”, y así, con el poeta florentino como “guía”, Manguel habría decidido emprender su propia travesía.

Pero el viaje agota pronto. Y frustra porque, desde el momento cero, el título ha anunciado un proyecto llamativo que no se cumple: una teoría sobre la curiosidad, una explicación de por qué esta es “el motor de nuestras vidas” y el “medio para declarar nuestra pertenencia al género humano”. Ante la expectativa, el lector podría esperar un tratado enmarcado, por ejemplo, en la tradición de la historia de las ideas, de trabajos como la Historia del escepticismo de Richard Popkin, o podría querer encontrar una serie de ensayos, guiados por la fuerza de los argumentos y la persuasión, al mejor estilo del, a propósito muy citado por Manguel, Isaiah Berlin.

Nada de esto ocurre. Las páginas, pacientemente hilvanadas y rebosantes de citas, paráfrasis, anécdotas y breves reflexiones, ofrecen, más bien, un testimonio de la vida intelectual del autor. Podría decirse que no se trata de un libro sobre la curiosidad en general, sino de uno sobre la desbordante curiosidad del propio Manguel. No de un trabajo historiográfico, de una monografía filosófica, ni de un ensayo, sino de una miscelánea construida durante años por un hombre a quien, con el paso del tiempo, el conocimiento no ha dejado de asombrar.

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