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Las otras patas del cojo

La tiranía del best seller, precios inflados y cierta indiferencia aquejan el mercado de la importación de libros en Colombia. De no mejorar, el futuro del libro impreso en el país irá cuesta abajo, opina este editor.

2015/03/02

Por Conrado Zuluaga* Bogotá

Para muchos lectores colombianos es motivo de ansiedad la aparición de novedades editoriales en el exterior. Esta ansiedad desemboca rápidamente en zozobra cuando se percata de que es necesario esperar varios meses, incluso años, para que esas novedades, en el mejor de los casos, estén disponibles en Colombia.

Algunos alegarán que es imposible disponer en el país de todas las novedades, por ejemplo, del mercado español que en 2013 (los datos de 2014 aún no están disponibles) produjo, según el Instituto Nacional de Estadística de España, 56.435 títulos, de los cuales 33,2 % corresponden a literatura. Es decir 18.743 títulos. No, claro que no. Nadie es tan iluso para pretender que en Bogotá se pueda conseguir toda la producción española de un año. Habría que desocupar casi la mitad de la librería del Fondo de Cultura o de la Lerner, para poder al menos exhibirlos. No, no se trata de eso. Tampoco –este es el otro argumento esgrimido–, de realizar importaciones semanales para satisfacer los “caprichos o antojos” de algunos lectores.

Se trata de que la mayoría de los títulos que arriban al país lo hacen con seis meses o más de atraso; se trata de que representantes de editoriales españolas que consiguieron el derecho de exclusividad importan, y no precisamente los de más éxito, una docena de títulos de un sello que pasó del centenar hace años; se trata de que la mayoría de esos representantes han optado por traer libros para la Feria en abril, unas cuantas novedades para la temporada de Navidad y –de afán, en volandas– tres o cuatro títulos para el Hay Festival en Cartagena, de autores que desconocen. Se trata de libros de cierto interés o de mucha importancia, que nunca llegan al país. Lo único que llega al país con escasas semanas de diferencia y en ocasiones de manera simultánea, son los best sellers, la moda impuesta por el mercadeo. En otras palabras, lo que pone a funcionar la registradora o los datáfonos.

 

Lo demás, ya se verá. El día menos pensado, si es que llega ese día. Ahí está, por ejemplo, para no ir muy lejos, Un camino entre dos mares. La creación del canal de Panamá, del historiador David McCullogh, publicado en España en 2012, y distinguido con el National Book Award. Tal vez el mejor libro que se ha escrito sobre Panamá y esa prodigiosa obra de política e ingeniería, pero nadie tuvo el olfato para importarlo, ni siquiera con la coyuntura de los 100 años de la apertura del canal. Ahí está también, el caso del escritor norteamericano John Williams (1922–1994), una especie de eslabón perdido, dice la prensa norteamericana, y es cierto, entre Melville y la generación de Roth y demás. Hay tres títulos publicados en España, entre 2008 y 2013 –El hijo de César, Stoner y Butcher’s Crossing–, los dos primeros con varias reimpresiones, pero ninguno circula en Colombia. Ahí está también, otro eslabón perdido de la misma generación de Williams, el escritor Richard Yates (1926–1992) con seis títulos publicados en español en los últimos seis años, de los cuales circuló tímidamente uno en el país cuando se estrenó la versión cinematográfica.

 

Otra pata que le nace al cojo son los precios de los libros importados. ¿Por qué el precio en Colombia de un libro español es el 30 % más caro que en España? Los libros en el país, no tienen IVA y los distribuidores o representantes los adquieren con un descuento del 50 %, sobre el precio español sin IVA. En otras palabras, un libro con un precio de venta al público en España de 39 euros (37.5 sin IVA) y un descuento del 50 %, es decir, un costo de 18,75 euros, en Colombia tiene un precio de 47 euros. Más de uno objetará –de perogrullo– que no, que el precio de venta en Colombia es el mismo que el de España. Eso significaría, entonces, que un euro en Colombia vale $3.666, lo cual tampoco tiene una explicación válida.

Otros dirán que bajar los precios no significa necesariamente un crecimiento del mercado. Eso es cierto, no se trata de una reacción en cadena. Pero lo que sí es cierto, es que cada vez son más las librerías que importan y sus precios de venta son considerablemente más bajos, y cada vez son más las personas que escriben a una librería y compran sus libros directamente, y también son cada vez más quienes optan por el libro digital, a pesar de las dificultades, de las limitaciones de áreas del mercado, de que ahí tampoco están todos los títulos que se quisiera. Al fin y al cabo cuestan un poco más de la mitad de la edición de papel.

En la cadena del libro más de uno le está haciendo un flaco favor al libro impreso y, por supuesto, a la cultura.

 

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Conrado Zuluaga

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