Una lectora en la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez, en el barrio El Tunal. Foto: Elizabeth Jimenez.

Los 15 años 'BiblioRed' y el nuevo plan distrital, 'Leer es volar'

La Alcaldía Mayor de Bogotá es la patrocinadora oficial de la FILBo 2016. Un especial sobre los 15 años de BibloRed y el nuevo Plan Distrital de Lectura y Escritura 'Leer es volar'.

2016/04/17

Por Secretaría de Cultura de Bogotá

En 1998 nadie hubiera pensado que Bogotá tendría, apenas para comienzos de siglo, tres megabibliotecas ubicadas en lugares sensibles de la ciudad. El panorama antes de ese año no era el más alentador, aun cuando la Biblioteca Luis Ángel Arango se había ocupado durante años de atender al público lector bogotano, y la Biblioteca Nacional cumplía como centro de investigación después de ser puesta al servicio solo para profesionales. Lugares sensibles porque en ese entonces, cuando Enrique Peñalosa comenzaba su primer periodo como alcalde de la ciudad, los emplazamientos elegidos para construirlas no gozaban de ninguna credibilidad social. Un baldío aledaño al Parque Simón Bolívar; un basurero en el barrio El Tintal y un descampado aledaño a la urbanización Ciudad Tunal. En ese sentido, Peñalosa fue un visionario al apostar por una política pública para el fomento de la lectura y la escritura en la ciudad.

Y lo fue porque en tan solo tres años, Bogotá se dio cuenta de que con el compromiso desde lo público era posible contar con tres grandes centros dedicados a promover la lectura como un lugar de alto valor social que es capaz de transformar realidades complejas como las que, desde hace décadas, vive nuestra ciudad. Las tres megabibliotecas, inauguradas casi de manera sucesiva en el rango de un año –2001–, pronto se convirtieron en un modelo de buenas prácticas, y sectores tradicionalmente excluidos pudieron comenzar a disfrutar y utilizar estos centros del conocimiento que hoy, 15 años después, con todas las virtudes y defectos, han sido reconocidos nacional e internacionalmente.

La Red de Bibliotecas Públicas de la ciudad comenzó entonces oficialmente con la apertura de las bibliotecas Virgilio Barco, El Tunal y El Tintal. Estas bibliotecas despertaron de inmediato no solo la admiración por su arquitectura sino porque dignificaron sectores de una ciudad que parecía privilegiar solo al norte como epicentro de desarrollo. Durante los tres años anteriores, BibloRed, una entidad sin ánimo de lucro, preparó el camino para que se conectaran otros centros de información local y barrial.

En 2010, se abriría la cuarta megabiblioteca, la Julio Mario Santo Domingo, en terrenos donados por la familia. Además del centro bibliográfico, un teatro concebido con las mejores condiciones técnicas y acústicas sirvió para reactivar el norte de la ciudad, sobre la calle 170. Hoy, 15 bibliotecas más acompañan a las cuatro llamadas mayores y un circuito de programas y acciones en torno a la lectura, le han valido a la ciudad reconocimientos como ser Capital Mundial del Libro, en 2007.

La semilla sembrada hace 15 años ha sido regada con paciencia por miles de trabajadores de la cultura que han promovido a la lectura como una actividad que fortalece las capacidades críticas de los ciudadanos. Si a esto se le suman programas como Libro al Viento, el programa de distribución gratuita de libros que ya lleva más de cien títulos editados; el crecimiento de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBo, que es patrocinada por primera vez por la Alcaldía de Bogotá, como su mayor aportante; los clubes de lectura; los Talleres Literarios que se ofrecen en diversas localidades de la ciudad; la puesta en marcha de festivales como Lectura bajo los Árboles; el apoyo mediante convocatorias a editoriales y librerías independientes de la ciudad, por solo nombrar algunas de las iniciativas, han convertido a Bogotá en un lugar en donde los libros y los lectores se encuentran para imaginar territorios más amables en los cuales la palabra y la discusión en torno a las ideas sean privilegiadas.

El 1 de enero de 2016, Enrique Peñalosa se comprometió a darle continuidad a una política de lectura que prolongara su idea de que el conocimiento nos hace libres como ciudadanos. En ese sentido, una de sus primeras acciones fue elegir un equipo técnico que ajustara y diseñara un plan de lectura para la ciudad. El primer compromiso de su equipo fue creer en el poder transformador de la lectura, apoyando la vigésimo novena edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en donde la capital del país tendrá un pabellón dedicado a la ciudad, y a las iniciativas públicas en pro del libro y la lectura. Y el segundo, crear el Plan de Lectura y Escritura Leer es Volar, liderado por las secretarías de Educación y Cultura, que pondrá en marcha una ambiciosa estrategia de intervención en el espacio público, al revivir proyectos como Paraderos Paralibros Paraparques, las Biblioestaciones de TransMilenio y los lectores ciudadanos, darles continuidad a programas como Libro al Viento, dinamizar y modernizar las bibliotecas públicas y escolares y un sinnúmero de proyectos que serán presentados en esta feria y a los que tendrán acceso todos los ciudadanos que decidan creer en que la lectura y la escritura les abren grandes posibilidades en su vida y son un motor del desarrollo.

Como quiera que Leer es Volar es solo una manera de espolear la imaginación, de darle un nombre a la vastedad de un territorio que es infinito como el de los libros, la idea es que cada uno de los ciudadanos se convenza de los enormes beneficios de la lectura y eche a volar su imaginación. Leer es volar, no para evadirse sino para creer que la ilusión de una ciudad más equitativa y justa es posible. Porque quien lee entiende que el tiempo, la historia, los sueños y el porvenir pueden coexistir en un solo lugar: la maravilla de una biblioteca. Y quien escribe, le pone voz a su historia.

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