'La mujer que disparó a Musolini' Frances Stonor Saunders. Capitan Swing

Entre la turba

Reseña de Christopher Tibble al libro 'La mujer que disparó a Musolini' de Frances Stonor Saunders.

2014/04/23

Por Christopher Tibble*

El 7 de Abril de 1926, dos minutos antes de que el reloj marcara las once de la mañana, la irlandesa Violet Gibson se escabulló entre el gentío frente al Capitolio de Roma. El dictador Benito Mussolini acaba de salir de un congreso de cirujanos y ahora caminaba, imponente, en medio de la multitud. Cuando lo tuvo enfrente, la diminuta británica no hesitó. Apretó el gatillo dos veces. La primera bala rozó la nariz de Il Duce. Brotó un fino chorro de sangre. La segunda quedó atascada, al igual que ella, entre una muchedumbre que no tardó en perder los estribos. Más adelante describió la golpiza que le propiciaron como “la mayor felicidad de toda [su] vida”.

El atentado, quizá hoy visto como heroico, en su momento aterrorizó a Europa. Mussolini era considerado un ídolo continental y tanto la prensa como la clase alta británica lo idolatraban, a pesar de las barbaridades que ocurrían en su régimen. Gibson fue tildada de loca y enviada a un manicomio en Inglaterra, donde pasó el resto de sus días. Su vida quedó rápidamente marginada de los libros de historia. Pero ahora la exhaustiva investigación de la periodista inglesa Frances Stonor Saunders rescató del olvido la improbable historia de Violet Gibson, la mujer que sin querer ayudó a forjar los cimientos del fascismo.

Hija del Lord canciller de Irlanda, un hombre devoto a los intereses de la Corona británica, Gibson creció en un ambiente idílico, muy diferente al del resto de su país. Desde pequeña fue una niña enfermiza y apartada, propensa a rabietas. Estas características se acentuaron con el tiempo, en especial desde que decidió seguir los pasos de su hermano mayor, quien se había convertido al catolicismo y luchaba por la independencia de Irlanda. Su frágil mente absorbió al pie de la letra las doctrinas de su nueva fe y en poco tiempo cayó poseída por una manía religiosa: tenía que eliminar a los traidores de los verdaderos principios de la Iglesia. ¿Actuó sola o hizo parte de una red de conspiradores?

La obra de Stonor Saunders se lee como thriller, en el que gran parte de la acción se desarrolla dentro de la conciencia de Gibson. También hay espacio para contar la vida de Mussolini, a quien la escritora a menudo compara con su atacante. Las similitudes son irrefutables: ambos usaron su fanatismo cuando les convino y, aun más importante, creían a ciegas que su voluntad estaba por encima de la de los demás. Y mientras el mundo abrazó la demencia de Il Duce, rechazó la de Gibson, la cual, irónicamente, hoy es aplaudida.

 

* Periodista de Semana.

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