Parinoush Saniee nació en Teherán, Irán, en 1949.

Parinoush Saniee y las formas de silencio

En Irán, dice esta autora, a veces es mejor callar. La mudez voluntaria se ha convertido, desde la Revolución del 79, en una manera de salvaguardar la vida privada ante el escrutinio público. Y es justamente esa tácita complicidad de la sociedad con la tradición que Saniee retrata —y denuncia— en su nueva novela 'Una voz escondida'. Hablamos con ella.

2016/09/29

Por Catalina Gómez Ángel* Teherán

Shahab no habla. O, más preciso aún, no quiere hacerlo. Prefiere quedarse callado. En su sociedad, la iraní, el silencio es la mayor garantía de seguridad. “Siempre es mejor no hablar”, sentencia la escritora Parinoush Saniee. Al menos no más de lo que se debe. Pero Shahab todavía es demasiado pequeño para entender las enormes complejidades del país en el que nació, incluido su sistema político y sus peleas internas. Lo hace por otros motivos más universales de los que ha sido testigo Saniee a lo largo de su larga carrera como psicóloga y socióloga. “Hay muchas razones por las que un niño se niega a hablar”, asegura la autora, quien hace ya varias décadas descubrió que sus investigaciones no las leía nadie.

Se quedaban guardadas en los anales de las instituciones —muchas de ellas públicas—, y solo salían a la luz cuando convenía. Por eso decidió recolectar aquellas historias y volverlas relatos que sí tuvieran lectores. De allí salió Una voz escondida (Salamandra, 2016), su más reciente novela traducida al español. “Tuve cuatro casos de niños que se negaban a hablar, y no porque tuvieran problemas. Los adultos, sin embargo, sí lo veían como tal”, cuenta Saniee en su apartamento de la zona central de Teherán, donde pasa parte del año.

Es más tiempo del que quisiera, especialmente desde la muerte de su esposo hace ocho años. Pero su madre está enferma y esto le impide viajar con mayor frecuencia a Alemania, donde viven sus dos hijos, o ir de un lugar a otro presentando sus libros. Tampoco ayuda que su último libro Los que se van o los que se quedan aún no ha recibido la autorización para ser publicado en Irán. Un hecho que, sin embargo, no le ha impedido convertirse en la escritora iraní viva traducida a más lenguas en el mundo.

De todas formas, debe andar con precaución. Se ha visto obligada a rechazar la invitación de lanzar su nueva obra en otros países porque eso pondría en peligro su estancia en Irán y la posibilidad de ver a su madre. Tener éxito internacional, escribir sobre los problemas de la sociedad, especialmente desde el punto de vista femenino, y vivir en Irán es una combinación que hay que manejar con mucha cabeza, discreción y, por qué no, silencio.

“Él tiene razones para hacer lo que hace, pero nadie lo entiende. Solo ven a un niño que no para de correr a su alrededor, como si estuviera loco. Piensan que es tonto y por eso dicen todo enfrente de él”, explica Saniee, quien con dificultad acepta llevar la conversación hacia las posibles diferentes capas de interpretación de Una voz escondida, que acaba de ser adaptada al cine por el iraní Iadola Samadi. Se ríe, trata de evadir y traer la conversación a su terreno: “Debido a que vivimos en Irán, decimos las cosas de una manera amplia, así el que tiene que entender entiende y el que no, pues no. Todo el mundo interpreta como quiere”, dice.

Si algún departamento del gobierno llama a hacer preguntas, se podría decir: eso es lo que usted interpreta, no lo digo yo. “Aquí existen los castigos”, dice para explicar por qué es mejor medir las palabras.

Narrada a dos voces entre Shahab y su madre, Mariam, en Una voz escondida Saniee se adentra en la mente de este pequeño que desde su mundo interior trata de descifrar los códigos del bipolar mundo familiar en el que vive, al tiempo que su madre intenta descubrir por qué el niño no habla, por qué se comporta de esta manera. ¿Es tonto o sordo, como dicen los otros? Está segura de que no lo es, pero cómo hacerles ver esto a los demás. Como madre, Mariam asume casi como culpa el silencio de Shahab, un sentimiento que de alguna manera exacerba su marido, y el resto de su familia política, que no logra entender lo que pasa.

“La situación de la casa y de la sociedad es la misma: ambas están dirigidas por el padre. Esta es una sociedad gobernada por hombres”, dice. Todos deben responder a lo que los padres quieran de ellos. Y es allí donde se da la ruptura: los que actúan para complacer al padre, como Arash (el hijo mayor de la familia), y los que se rebelan, como Shahab, quien no encuentra cómo comunicarse con esa figura de poder; de ahí vienen, en parte, el suicidio y la drogadicción, problemas no ajenos a la sociedad iraní.

“¿Cómo sabía usted mi historia? Yo nunca hablé con el padre de Sahari”, le dijo a Saniee una señora que se le acercó el día del estreno de la película, titulada El padre del otro. La señora, como el pequeño Shahab, siempre se refirió a su padre como el padre de su hermano mayor. “El padre de Arash”, repite una y otra vez el pequeño Shahab.

*

Como ya lo hizo con su primer éxito editorial, El libro de mi destino (2003) —más de 50.000 copias vendidas en España—, en el que reconstruye los años de la revolución iraní por medio de la vida de una mujer humilde y tradicional, en Una voz escondida Saniee vuelve a retratar a la sociedad iraní contemporánea, en la que a pesar de los impulsos de la modernización, las tradiciones —especialmente el peso de la familia y su necesidad de aprobación— siguen jugando un papel fundamental.

Esas normas de comportamiento, que en Persia funcionan desde hace siglos como una coreografía, se extienden sobre todas las capas sociales, como va quedando en evidencia durante mi conversación con Saniee, cuya historia personal está lejos de parecerse a la de sus protagonistas. Nació en una familia de intelectuales acomodada, en la que la educación siempre fue una prioridad. A pesar de eso, cada 20 minutos interrumpe la charla para ir por frutas, helados, té, galletas en un simple ejemplo del arraigo de esas tradiciones, que si bien dan una gran identidad a la sociedad persa, llevadas al extremo —como en la familia de Shahab— pueden llegar a ser destructivas.

“Las tradiciones pesan muchísimo, pero paso a paso la gente va encontrando la manera de desatarse de ellas”, afirma con convicción Saniee. Pone como ejemplo el llamado matrimonio blanco, como se conoce la unión libre en Irán, y que en teoría está prohibido tanto por el gobierno como por la misma sociedad. Aún así, un gran número de jóvenes ha optado por vivir sin casarse y a sus padres no les queda otra opción que aceptarlo. Otra cosa es que quieran reconocerlo en su entorno social.

“Internet ha acelerado la velocidad de la revolución cultural, pero para los viejos es muy difícil aceptarlo”, añade. Por eso tratan de dictar normas que tienen como finalidad la protección de las tradiciones como, por ejemplo, incentivar el matrimonio entre los jóvenes y la procreación. O prevenir que se hable de ciertos temas. El Libro de su destino, su primera novela, solo pudo ser publicada en Irán gracias a una regla excepcional que se puso en marcha durante el gobierno reformista de Mohammad Jatamí (1997-2005), que permitía a las editoriales publicar un libro al año sin que pasara por los anteojos de la censura. Fue así como después de varios años de recibir un no como respuesta, el libro pudo ver la luz.

Otra cosa diferente sucedió con Una voz escondida, que solo ha sido prohibido en una ocasión, y solo por un año. “Lo vetaron porque mucha gente quería leerlo”, cuenta con malicia Saniee. Pero también reconoce que aunque muchos lectores iraníes se sienten atraídos por la historia de Shahab, se identifican más con su primer libro. “Eso se debe a que esa novela habla las mujeres que cargaron con la Revolución en sus hombros. Se olvidaron de ellas mismas hasta el punto que también se olvidaron de que tenían derechos y necesidades”. Décadas de trabajo como investigadora en temas de género la han llevado concluir que las mujeres iraníes son unas grandes luchadoras, con características diferentes al resto de mujeres en esta región del mundo. Pero, a pesar de sus batallas, aún les falta bastante para ganarse el apoyo de la sociedad. Los hombres todavía no las toman en serio y todo va en contra de ellas: la religión, las costumbres, pero especialmente la ley.

Si una mujer quiere alcanzar sus deseos tiene que ser inteligente, tener los objetivos claros. Y por eso, afirma Saniee, debe intentar todas las vías para llegar a su objetivo. Incluso la mentira. “Yo quería hablar de eso, de cómo las mentiras son parte de esta sociedad. Especialmente cuando son buenas”, sentencia. Las mentiras son parte de la supervivencia. Y esto lo aprenden los niños desde pequeños. Nunca, nunca, deben contar lo que pasa dentro del terreno de la intimidad y mucho menos si sus padres no rezan. O beben.

Más que en otras sociedades, y por razones históricas reforzadas por la Revolución islámica de 1979, los iraníes viven una vida pública, y otra en privado. Y nadie más inofensivo para ser testigo de esa doble cara de la sociedad que un niño que no puede hablar. Como Shahab: “Él entiende rápidamente que todos son mentirosos. Unos son mentirosos malos y otros buenos, como su madre”, dice la autora. Mariam, a su vez, una mujer educada pero atrapada en una familia extremadamente conservadora, dice mentiras para protegerlo. Hasta que la emoción la lleva a revelar su mayor secreto: “Ha dicho mamá”, anuncia frente a la familia.

El mismo Shahab no sabe si es tonto como dicen los otros. “Cuando se siente en la necesidad de hablar se queda bloqueado, el temor se apodera de él”, explica Saniee. Esto hace que el niño se sienta mal, “como la luna”, pero que también desconfíe de los otros, que siempre hacen cosas “indebidas” en su presencia. “Todo el mundo lo usa para su propio interés. Y es así como el niño se enfrenta a las situaciones y acciones incorrectas, que no son habituales para un niño de su edad”, explica la autora. Shahab entiende rápidamente que un hombre y una mujer, especialmente si son jóvenes, no deberían estar en un sitio público sin estar casados. Los pueden llevar a la cárcel. También entiende que la gente habla mal a espaldas de los demás, y que es muy fácil prejuzgar.

Por eso, el silencio es la mejor opción para Shahab. Como de cierta manera también lo es para Saniee, quien al final de la conversación se levanta y hace un recorrido por el amplio salón de su casa. En un mueble hay copias de sus libros, en cada una de las 26 lenguas a las que están traducidos. En las paredes, decenas de óleos que recrean escenas de naturaleza, que ella empezó a pintar después de la muerte de su marido. Desde entonces, los pinceles son la única manera de expresarse y se siente incapaz de escribir. Ella también se ha quedado en silencio. Como Shahab.

*Periodista.

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Revista Arcadia anuncia a sus lectores que nuestra versión impresa comenzará a pedirles que se registren en nuestra página web.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com