¡Descansen armas! Yezid Arteta Dávil. Ícono

La gran estupidez

El libro '¡Descansen Armas!' de Yezid Arteta Dávila reseñado por Ricardo Castro.

2014/04/22

Por Ricardo Castro*

Yezid Arteta conoce bien lo que significa la guerra. Durante trece años fue combatiente activo de las Farc. En la maraña de Colombia vio cómo se desangraban sus compañeros, padeció en carne propia los estragos del conflicto –de lo físico (hongos, piojos, laceraciones) a lo mental (enterrar a los otros)–; conoció el olor de los cuerpos que se pudren en vida –“dormíamos todos en una barraca juntando nuestros cuerpos para paliar el frío de la madrugada y era durante esas horas cuando se juntaban las exhalaciones de nuestros cuerpos: el sudor, la pecueca y las ventosidades”–; comprobó que no hay lugar para la razón en la trocha –“el intelecto es lo que menos cuenta a la hora de desplazarse por una zanja de arrastre”–; y perdió por completo cualquier visión idealizada de la guerra y del combatiente y se convenció “de la insustancialidad del empleo de las armas como medio para forzar objetivos de cualquier índole”.

En sus años de combatiente, y en los años que siguieron como prisionero –más de diez–, Arteta se volvió un buen lector y empezó a escribir. En ¡Descansen armas!, Arteta hace una cuidada selección literaria de escritores que nutrieron su escritura de sus experiencias de guerra: Tolstoi, Hemingway, Mailer… y el resultado es desconcertante. Los horrores de la guerra son elocuentes y se repiten a lo largo del tiempo y en espacios distintos –de la guerra civil española a la Sierra de la Macarena–, y ante el lector queda expuesto el sinsentido de la guerra. “Después de haber leído a Remarque, Zewig, Sender, entre otros –escribe Arteta–, ningún lector tendrá la misma visión acerca del significado de la guerra”. Ante las voces (de quienes no han estado jamás en la guerra) que piden solucionarla con más guerra, habría que contestar con la voz de los combatientes que, como Arteta, han comprobado el sufrimiento, la repulsión y la degradación moral y humana que implica “la gran estupidez que el hombre ha bautizado como guerra”.

 

* Editor de RevistaArcadia.com

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