'Dmitri Shostakóvich' Carlos Prieto. FCE

La música en contexto

Juan Carlos Garay reseña 'Dimitri Shostakóvich' de Carlos Prieto.

2014/04/22

Por Juan Carlos Garay*

Esta es una biografía hecha desde la admiración. ¿Y cómo se puede escribir una biografía así, sin caer en el elogio constante? Lo que ha hecho el violonchelista y escritor Carlos Prieto es toda una lección en ese sentido. Conoce a Shostakóvich como solo un intérprete puede conocer a un compositor: ha tocado sus partituras de la Sonata para violonchelo, el Concierto en Mi bemol y varios cuartetos de cuerdas. En otras palabras, lo conoce a profundidad. Y lo vio personalmente tres veces en la vida, como aclara en las primeras páginas del libro.

Prieto es uno de esos casos extraños de intérprete musical que además ha desarrollado una carrera en la escritura. No tiene la irreverencia de Glenn Gould ni la hondura analítica de Daniel Barenboim; lo suyo es claridad y rigor. Y con esas herramientas ha construido un libro de historias que se entrelazan, que se afectan mutuamente. La vida del compositor ruso es, digamos, la mitad del contenido de este libro. La otra mitad es la historia de una nación, desde el ascenso de Lenin, el régimen de terror de Stalin (que ocupa una buena porción de esta historia) y el “deshielo” de Krushov y Brezhnev. Quien se acerca con el ánimo de conocer más a fondo a Shostakóvich, termina recibiendo un regalo adicional, una lección de historia soviética.

La lucha interna entre la expresividad y los encargos ineludibles del régimen va a ser el tema central de estas páginas: una primera sinfonía juvenil que retoma la antorcha de Tchaikovsky y, en contraposición, una cantata con el título poco original de El sol brilla sobre nuestra patria. ¿Cuál es el auténtico Shostakóvich? El que nos pinta Carlos Prieto vive nervioso, fuma y no tiene más remedio que aceptar la intromisión de comités oficiales del arte. Hay una descripción de Vladimir Nabokov, citada durante el relato de su gira por Estados Unidos en 1949: “Me pareció un hombre cercado, cuyo único deseo era que lo dejaran en la paz de su propio arte”.

Y sin embargo, frente a la idea imperante durante el estalinismo de que las artes debían reflejar un “realismo socialista”, este libro nos muestra una nueva luz sobre obras como la Sinfonía No. 4 y el Cuarteto de cuerdas No. 3. Allí, nos hace saber Prieto, está el auténtico Shostakóvich. Aun cuando el régimen lo haya tildado de oscuro y pesimista, se trata en realidad de obras muy humanas cuyo mensaje de fondo no está expresado como certeza sino como duda, con signo de interrogación: ¿por qué las guerras?, ¿para qué los muertos?

 

* Periodista y crítico de música

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