Petros Márkaris.

La tragedia griega contemporánea

Petros Márkaris, el más admirado escritor griego de hoy, conversó con Arcadia sobre la crisis europea.

2012/07/19

Por Camilo Jiménez Santofimio, Bogotá.

Ha empezado un día más de un verano más de esta crisis que azota a Europa desde hace cinco años. En Grecia, el desaliento es general. El pesimismo le ha ganado la carrera a la indignación y los medios no saben qué más escribir. La voz de Petros Márkaris, sin embargo, retumba en el teléfono: “¡El país en que vivo ha enloquecido!”. El más grande escritor de Grecia en la actualidad está agotado: lleva varios días recorriendo Europa para presentar la primera parte de su reciente trilogía (Con el agua al cuello, Tusquets ). Aun así ha accedido a hablar con Arcadia.

¿Leen los griegos de hoy a los griegos de la Antigüedad?

Más que leerlos, los griegos los ven y los escuchan en el teatro. Cada año, en todo el país las tragedias antiguas son puestas en escena. Los griegos modernos tienen una imagen completa de la tragedia. A Platón y Aristóteles los leen, pero poco. Y la lírica apenas la conocen.

¿Qué papel tienen actualmente los antiguos?

Si están mal, los griegos suelen evocar a sus ancestros, que son una suerte de colchón sobre el que pueden caer. Pero además de la Antigüedad también los Balcanes son un pilar de nuestra cultura. Cuando los griegos se sienten orgullosos de ser europeos, dan cátedra de la Antigüedad y la democracia. Cuando están acongojados, sin embargo, se acuerdan de que su país es balcánico, es decir, uno con raíces orientales.

Usted ha dicho que lo que distingue a los griegos de su edad de los más jóvenes es que estos no conocen la pobreza.

Cuando fue fundada, la Grecia moderna era un país pobre. Fue una pobreza especial porque poseía un alto nivel cultural. Había miseria, pero también poesía, literatura, música, artes plásticas… Así surgió lo que yo llamo la “cultura de la pobreza”, que mantenía satisfecha a la gente. Pero cuando Europa se unió, el dinero llegó al país y nos ganamos un problema: no sabíamos controlar la riqueza. El delirio del consumo nos avasalló.

¿En qué consistía esta “cultura de la pobreza” griega?

Ser culto en medio de la pobreza significa que se tiene un alto nivel moral. Y esa moral fue la que perdimos. Nuestros motores habían sido la cultura antigua y la influencia balcánica. Nuestro arte era un puente entre Europa y Oriente. De ahí nuestro vigor cultural. Éramos un país con una productividad limitada, pero estábamos orgullosos de nosotros mismos.

¿Cuándo perdió su pueblo esta herencia?

A comienzos de los ochenta, cuando de Europa llegaron los primeros fondos. En ese momento cometimos un error: nos deshicimos de la pobreza, y arrojándola al basurero desechamos también nuestros valores. Hoy estamos regresando a la pobreza, pero carecemos de valores. Esa es la tragedia griega contemporánea.

¿Pueden los antiguos ayudar a la juventud?

Un amigo, que es un estudioso de la Antigüedad, dice que hay que leer los discursos de Demóstenes, el orador, para darse cuenta de que la situación no era muy distinta. Él también vivía en una sociedad de consumo, había traiciones y engaños y la pobreza era cruel. La diferencia es que salieron adelante. Construyeron el Partenón, dieron a luz a Sócrates, a Platón y a Aristóteles y concibieron un sistema de valores.

¿Qué tienen en común los antiguos con los griegos de hoy?

Teníamos en común un sentido para entender la realidad. Pero lo perdimos. Nos deshicimos de algo propio de nuestro carácter: la capacidad de pensar diferente. Los antiguos miraban más allá de la superficie para identificar los impulsos fundamentales de la realidad. Hoy ellos sacarían la palabra crisis de nuestro vocabulario para obligarnos a entender qué nos pasa.

En Europa existe un debate sobre supuestas diferencias de mentalidad entre el norte y el sur. ¿Cuál es su opinión?

Quiero dejar algo claro. Europa no es una unión monetaria. Europa no es una unión económica. La esencia de Europa es otra: unificar naciones culturalmente diversas en el marco de valores comunes, los llamados “valores europeos” o “ilustrados” provenientes de la Antigüedad griega y latina y la Revolución Francesa.

¿Por qué cree usted que hoy no se recuerda esto?

El euro se volvió el único elemento de nuestra identidad. Lo cual es un error, pues el pegamento que une a Europa es justamente su diversidad.

¿Qué aspecto de la mentalidad griega condujo a la crisis?

La corrupción, que se ha vuelto un factor social y ya es parte de la cultura. En griego existe la palabra fakelaki, que significa “sobrecito” Se empezó a usar coloquialmente cuando algunos griegos empezaron a sobornar a los médicos para que los atendieran mejor que a los demás, pasándoles un “sobrecito” lleno de billetes. Se nos volvió una costumbre.

¿Tiene razón Ángela Mérkel cuando les reprocha a los griegos no haber sido capaces de cumplir los compromisos pactados cuando el país ingresó al euro?

Sí. Cometimos errores. Nunca comprendimos qué significaba ser ricos y nos volvimos corruptos. Hubo cada vez más dinero y cada vez más consumo y así se nos enfermó el espíritu. La culpa es nuestra.

En el poema “La vergüenza de Europa” Günter Grass escribe: “Sin ese país te marchitarás, / Europa, privada del espíritu / que un día te concibió”. ¿Qué significa esto para usted?

He leído ese poema muchas veces y debo admitir que Grass amplifica un lamento generalizado en Grecia. ¡Hay que tratar mejor al país que le dio a Europa su pensamiento! Al poema de Grass le siguieron diez poemas más compuestos por algunos de los poetas más reconocidos de Alemania. Eso me hizo feliz.

¿Qué aspecto de la mentalidad griega podría ayudarle al país?

La creencia en utopías. La utopía, positiva o negativa, ayuda a progresar. Pero como esta crisis no ofrece perspectivas, hemos perdido la capacidad de concebir utopías.

¿Se imagina a Grecia en cinco años?

Me entristece no poder hacerlo. No es nuestra primera crisis. Basta recordar la Guerra del Peloponeso, que nos devastó hace más de dos mil años. O la guerra civil en que estábamos inmersos hace medio siglo. Lo que es realmente nuevo es que la gente no tiene esperanza y está desesperada… no tanto por la crisis en sí, sino porque el futuro es oscuro. El dramaturgo alemán Heiner Müller decía que el optimismo siempre surge de la falta de información. A mí la información sobre la crisis me sobra.

¿Dónde están los artistas y los pensadores de Grecia?

Ese es nuestro punto débil. A diferencia de otras crisis, la actual no ha gestado una revolución artística. Ni acá ni en España, Italia o Portugal. Y esta es una triste realidad porque necesitamos la bonanza cultural para entender y sobrevivir a la crisis.

Su más reciente trabajo es una trilogía policiaca que gira en torno a la crisis. ¿Así lucha contra la situación?

Tematizando la crisis, influyo en la vida de los griegos. Quiero mostrarle a la gente que hay que oponerse a la realidad que nos imponen las finanzas y la política. Esa es la tarea del artista. El arte tiene que politizarse y desarrollar una conciencia de la realidad social. La gente, aunque no se dé cuenta, necesita un nuevo discurso político o, por lo menos, un discurso político alternativo. Este solo puede surgir del arte.

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