La ruina que nombro, Andrea Cote, Visor libros.
  • La ruina que nombro, Andrea Cote, Visor libros.
  • La mujer que sueña en las murallas, Fernando Denis, Collage Editores.
  • Me llamo Hokusai, Christian Peña, FCE.
  • De piel en piel, Montserrat Ordóñez, Universidad de los Andes.
  • Las prisas del instante, Federico Díaz-Granados, Visor.

Poesía en la FILBo 2015

Arcadia recomienda cinco libros de poesía que lo harán perderse entre los versos de estos escritores.

2015/04/17

LO QUE NOS PASA
Carolina Dávila

Las prisas del instante revela desde su nombre el material del que está hecha la poesía de Federico Díaz-Granados. Ya en sus libros anteriores, y en especial en Hospedaje de paso, podemos identificar los ejes alrededor de los cuales gira su reflexión y se decantan sus poemas de corte íntimo y personal: el tiempo y el azar como artífices del destino, la pervivencia del pasado, la vida como promesa incumplida.

Da la impresión, a medida que avanza la lectura, de escuchar al fondo, el tic tac constante del reloj que determina el inicio y el final de una vida condenada a la precariedad y, en medio, las tramas cotidianas, los juegos, canciones, objetos y referentes que componen los recuerdos compartidos de una generación, esos “Asuntos de entrecasa, en los que se esfumó la infancia mientras se constataba que algo no andaba bien en el mundo/ porque esa tristeza iba más allá de un bafle/ de un dial de una emisora desconocida”.

Con la conciencia de la finitud de la existencia, con la casa poblada por fantasmas que rondan los espacios más privados, presente y pasado se confunden en medio de la nostalgia. Pero de una nostalgia de futuro, como diría Teillier “de lo que no nos ha pasado, pero debiera pasarnos”, a pesar de la orfandad y el extravío, ante los que no valen ni la secreta compañía del vecino ni los talismanes o presagios, pues en palabras del poeta no hay contras que eviten/ la partida de todos los dominios.

Nos encontramos con un paisaje poblado de tristezas y de pérdidas, que se va configurando en cada una de las secciones del libro. Sin embargo, en el poema titulado Borrador de una poética, refiriéndose a los demás poemas que componen Las prisas del instante, leemos “Son quizás, palabras que soporten la intemperie/ el temblor o el latido de tantas voces extraviadas […] Serán acaso soledades despojadas y recuperadas/ […] o todo instante hermoso robado al olvido.” Pareciera entonces que el poeta ha encontrado en su oficio la contra que parecía esquiva, su propia forma de cruzar los dedos y tocar madera.

Las prisas del instante
Federico Díaz-Granados
Visor


UNA MÚSICA QUE VUELVE
Santiago Espinosa

Los buenos poetas, a la manera de los pájaros, llevan su casa a donde quiera que canten, a veces importa menos el contexto que la calidez expresiva de su respuesta. Decimos “este es Walcott” o “este Quessep”, como el que reconoce una canción conocida en cualquier parte. El tono es fundamental, “poesía es todo lo que se pierde con la traducción”, decía Robert Frost, la terquedad en la que cada palabra ocupa su espacio busca una identidad que no vemos siempre en la novela o el ensayo.

Con La ruina que nombro, podemos decir que en Andrea Cote todo ha cambiado para que la poesía permanezca igual: el río de la infancia se ha convertido en “el desierto” del presente, el pueblo en ciudades “enormes” en las que “siempre hay algo a punto de venirse abajo”. Ha muerto el padre, ahora le escribe desde el lado opuesto del aire: “Quien pudiera irse así/con una ráfaga/sin pálpito/en la cola del estruendo…”. Y sin embargo, como en otros poetas colombianos, Silva y Arturo, el canto comienza donde damos por perdidas las ilusiones. Sobrevive un tono amoroso para nombrar la desolación. Este es un libro de canciones que regresan, y esto consuela y alumbra, como si al fondo del desierto y los escombros, un río siguiera sonando si acercamos los oídos.

Esta palabra atravesada de ausencias, que encuentra su belleza en lo que abandonó o nunca terminó de realizarse, es sintomática de una generación nómada, que por cualquier circunstancia ha tenido que roturarse –“también escribir es derrumbarse”– dice Andrea Cote, llámese becas o desplazamientos, proyectos que se debaten entre el aquí y el allá. La niña que entendió desde temprano que el tiempo es corrosivo y todo lo anula, es la mujer que en estos poemas nombra desde adentro del cuerpo la condición movediza de su época.

También son estos poemas la confirmación de un destino, anunciado desde el primer libro, Puerto Calcinado, lo más parecido a un “clásico” para últimas generaciones de poetas colombianos. La vuelta de una escritura donde se puede sentir y pensar sin entrar en contradicciones. Hay qué celebrar que este regreso coincida con la aparición de otro joven colombiano en esta prestigiosa editorial, ahora a precios más razonables gracias a su filial local.

La ruina que nombro
Andrea Cote
Visor

LA POESÍA COMO TERRITORIO DEL SUEÑO
Federico Díaz-Granados

Desde su primer libro La criatura invisible en los crepúsculos de William Turner (1997) y en los que aparecieron posteriormente Ven a estas arenas amarillas (2004), El vino rojo de las sílabas (2007) y Geometría del agua (2009), Fernando Denis ha sabido plasmar un mundo personal, al cual ha sido leal desde sus versos iniciales, con un lenguaje propio donde la música y la imagen son las grandes certezas de una poética que ha trazado su camino y su destino dentro del –no poco pedregoso– panorama de la poesía nacional.

Ahora, con la publicación de La mujer que sueña en las murallas, Denis no solo ratifica su voz personal, sino que regresa sobre aquellos temas y asuntos que siempre le han preocupado. A lo largo de cuatro capítulos, el poeta recrea unos ámbitos y nos vuelve a sorprender con sus personajes femeninos que narran los sucesos de un mundo perdido y recobrado gracias a los instrumentos del asombro y la belleza. Por eso, conviven los colores de pintores como Van Gogh y frescos del romanticismo inglés con Remedios la Bella, la Sierra Nevada de Santa Marta y los árboles del bajo Magdalena. El poeta logra permanecer en la cartografía de su infancia y se maravilla ante las cercanías que existen entre el paisaje de su Caribe colombiano, sus atardeceres de Ciénaga con esos arquetipos clásicos y esas postales de autores y artistas que han configurado su genealogía de afectos y tributos.

Como bien lo afirma el escritor William Ospina en el prólogo de este libro: “Denis sabe de la secuencia, la entonación, el impromptu y la ráfaga. Sabe temperar y modular, es el viento y la música. Sabe encontrar a tientas en el fondo del pozo el sentido preciso, el canto duro, la moneda de hierro”.


El poeta sabe establecer un diálogo con su canon personal y confirma aquella premisa de que “cada generación debe traducir a los clásicos”. Denis no solo los traduce y revisita, sino que los invita a reinventar para que todos vean que sí es posible encontrar un lugar para el sosiego y el silencio en medio de un tiempo bullicioso y disperso.

La mujer que sueña en las murallas
Fernando Denis
Collage


EL MAR

El joven escritor mexicano Christian Peña resultó ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, en 2014. En este poemario hay una búsqueda honesta por temas como la muerte, la enfermedad, el mar, el padre, las ciudades, los viajes, la belleza y los animales. La obra está inspirada en la serie de cuadros Treinta y seis vistas del monte Fuji del pintor japonés Katsushika Hokusai que con su carga simbólica le permiten a Peña componer un libro que mezcla la prosa poética con el verso tradicional y el ensayo, logrando una voz muy interesante.

Me llamo Hokusai
Christian Peña
FCE




UN HOMENAJE

La Universidad de los Andes, a través de su departamento de literatura, se ha dado a la tarea de recuperar los trabajos de la profesora Monserrat Ordóñez, quien murió en 2001, de manera inesperada. Ordóñez, de padre catalán, vivió intensamente como traductora, ensayista y profesora de literatura, a la vez que combinaba su actividad con la escritura de poesía. Sus clases siempre fueron un ejemplo de rigor e investigación, y quizás por eso en sus poemas se siente el eco de las sombras y versiones de poetas que leyó con devoción y que aquí se recogen.

De piel en piel
Monserrat Ordóñez
Universidad de los Andes

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