'El museo itinerante de la señorita Schaff' Hugo Chaparro V. El Peregrino

Los mágicos rigores

Jorge Iván Salazar reseña 'El museo itinerante de la señorita Schaff' de Hugo Chaparro

2014/04/22

Por Jorge Iván Salazar*

La novela El museo itinerante de la señorita Schaff de Hugo Chaparro Valderrama, publicada por editorial El Peregrino, oscila entre tres “mágicos rigores”: el ajedrez, el kalah y los museos. Se trata de una obra de estructura casi policiaca, en la que doce personas de las más diversas condiciones se unen para jugar un antiguo juego africano, el kalah, cuyo objetivo es “sembrar” fichas (muchas veces se trata de semillas) en un tablero especial. Sin embargo, los doce jugadores eligen sembrar unas valiosas figuras en museos y lugares públicos de todo el mundo. La trama se complica por la presión de un grupo de antiguos nazis que van tras las piezas artísticas. La novela se mueve por varias épocas y varios lugares. Recuerda uno de los poemas de ajedrez de Borges; aquel que dice que el anfiteatro del ajedrez es hoy todo el universo, porque el lector entiende que el juego de kalah ha empezado siglos antes y, con seguridad, se prolongará después de la muerte de los jugadores, probablemente en algún viejo club de ajedrez de Bogotá.

La novela, además, tiene otro mágico rigor, aparte de su contenido. Se trata del rigor formal. En cierto sentido, son varias historias breves, cada una con su tiempo, su espacio y sus personajes; esas historias se van entrelazando, a la manera de un ajedrez, y obligan al lector a prestar atención a sus desarrollos. La erudición del autor hace que el texto se desplace por museos, personajes reales y ficticios, geografías. Pero también usa el recurso gráfico, un poco a la manera de las novelas de W. Sebald. Las fotos y los dibujos son parte de la trama (del juego) y piden del lector una especial atención. No es una novela lineal ni de argumento simple y tiene la virtud de mantener la tensión y de obligar al lector a jugar con el contenido y con la forma.

Este tipo de novelas siempre corren el riesgo de convertirse en museos eruditos y fatigosos. El talento del escritor radica en darle al lector cantidades de información sin que resulte pedante y aburrido. Chaparro lo logra con auténtica destreza. Es estimulante ver que pueden escribirse en Colombia novelas de calidad, eruditas pero interesantes, por fuera de los ya un poco manidos temas del narcotráfico y la corrupción.

 

* Abogado y filósofo

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