RevistaArcadia.com

No ficción

Los mejores libros del 2012

2012/12/18

Por Arcadia

Por qué fracasan los países, Daron Acemoglu y James A. Robinson (Deusto)

Citado por Armando Montenegro, el premio Nobel de Economía George Akerlof dice que este libro será recordado dentro de doscientos años como un clásico del tema a la altura de la obra de Adam Smith. La novedad, en todo caso, es que los autores elaboraron una fórmula para explicar por qué las naciones progresan o fracasan, y parece funcionar a la perfección. Para Acemoglu y Robinson solo en presencia de instituciones “inclusivas”, es decir fuertes y centralizadas, que ofrecen oportunidades iguales para todos, respetan la propiedad privada y promueven la participación ciudadana, las naciones pueden avanzar hacia la riqueza. Pero cuando son “extractivas”, que solo benefician a las élites y no respetan la voluntad popular ni la iniciativa individual, el desastre llega tarde o temprano. Esa lente les sirve para analizar exitosamente los más diversos países en todas las épocas, desde en Neolítico hasta la China actual que, como Colombia, no sale bien librada.

Aquí y ahora, Paul Auster y J.M. Coetzee (Anagrama/Mondadori)

Esta correspondencia surge como un proyecto que le propone Coetzee a Auster, después de conocerse personalmente, en el que “podamos sacarnos chispas el uno al otro”. Llegamos enterarnos de cómo se sienten de presionados los escritores ante los compromisos que tienen, cómo se ven afectados por las reacciones de algunos lectores, el gran desprecio que sienten por algunos críticos o su estado de ánimo cuando conceden entrevistas. En una carta Auster afirma: “A decir verdad no recuerdo absolutamente nada de lo que dije. Tampoco soy capaz de acordarme de nada que haya dicho a algún entrevistador a lo largo de los años”. Entrar en la intimidad de dos escritores admirados por tantos lectores es convertirse en inoportuno fisgón. Estas cartas conforman un diálogo epistolar que atraviesa muchos temas: la enfermedad, el matrimonio, el deporte, los críticos, su propia literatura, pero por sobre todo, son una muestra de la voluntad de construir una sólida amistad basada en la mutua admiración.

Elogio del amor, Alain Badiou con Nicolás Truong (La Esfera de los Libros)

El amor está por reinventar, ya se sabe”, es la cita de Rimbaud que abre la entrevista plasmada en este breve libro. Todo comenzó con una conversación pública en la que el periodista (y también filósofo) Nicolás Truong invitó al filósofo y escritor Alan Badiou para hablar de uno de los temas más silenciados por los tiempos que corren: el amor. Fue tal el éxito y la repercusión que tuvo que la editoral Flammarion los invitó a convertirla en libro. Badiou sostiene que el amor está amenazado: hoy se busca la seguridad exenta de riesgo, y se confunde el amor con el simple goce hedonista. Para Badiou, así como no puede haber guerras sin muertos, no puede haber amor sin riesgo. El filósofo hace un bello repaso por las contradictorias ideas que sobre el amor han sostenido pensadores desde Platón hasta Beauvoir, pasando por Schopenhauer y Kierkegaard. Hablan del amor en el cine, en la política, y de las ideas que nos transmiten los medios de comunicación. Con más de cincuenta mil ejemplares vendidos en Francia, su estilo fresco y desenfadado demostró que siempre habrá público ávido de leer reflexiones sobre los asuntos del corazón.

Bitácora de la infamia, Carlos Bueno Osorio (UNAULA)

Después de leer las quince crónicas que confoman este volumen, el lector queda convencido de que el periodista antioqueño Carlos Bueno Osorio pertence a una estirpe particular y rara: la de los sublevados que ocultan bien tras sus fúricas diatribas su sensible generosidad. Porque estas crónicas son en su mayoría perfiles de grandes hombres colombianos que se rebelaron contra el provincianismo y la godarria que tanto mal le han hecho al país. Hernando Téllez, Juan de Dios Uribe, Camilo Antonio Echeverri, Tulio Bayer, Porfirio Barba Jacob, Jorge Isaacs, son algunos de los nombres que desfilan por las páginas de un libro amparado en una idea: la del elogio de quienes han luchado desde la inteligencia y la palabra contra la mentalidad feudal. Una lucha que no está perdida, siempre y cuando sigan existiendo investigadores tan juiciosos como Bueno Osorio. Una lectura que le hace honor a lo que Téllez mismo decía de la crítica en Colombia: que “debe ser ‘objetiva, veraz, impersonal y, en cierta manera, implacable’”.

Imperios, Jane Burbank y Frederick Cooper (Crítica)

Sin el agobiante ruido que producen las notas a pie de página de algunos libros académicos, Imperios tiene una vocación pedagógica y teórica que no cae nunca en el didactismo simplón. El libro es ambicioso y panorámico. Ganador del World History Association Book Prize en el 2011, explica y analiza (desde el siglo III a.C. hasta los imperios coloniales de Francia y Gran Bretaña del XIX y los de la Rusia zarista y la soviética del XX pasando por el Imperio Otomano, para concentrarse en los procesos coloniales de Eurasia y su zona colonial de ultramar en América y África) la historia de la geopolítica económica mundial. Si bien es frustrante para los lectores locales que omita casi del todo referencias a los imperios precolombinos, la verdad es que su lectura es absorbente. Una historia del poder, de las ideas políticas, de las estrategias de expansión, una mirada comparativa que no cansa con microscópicos detalles eruditos. Para escribirlo a cuatro manos, Jane Burbank y Frederick Cooper, profesores de Historia en la Universidad de Nueva York, consultaron un sinnúmero de documentos al que le sumaron el examen minucioso de las colecciones de historia en Cambridge y Oxford.

La desgracia de ser griego, Nikos Dimou (Anagrama)

Dimou publicó en 1975 esta colección de 193 aforismos con este sugestivo título que lo catapultó a la fama en su país. Ahora que la crisis griega tiene los ojos del mundo puestos allí, aparece en español. Y es que sus reflexiones cáusticas y escépticas son perfectamente aplicables a varios países: España, Portugal, Irlanda e, incluso, a miles de kilómetros, a países como Colombia. La ironía y agudeza de estos aforismos son tan pertinentes para nuesta sociedad como lo han sido para sus destinatarios. Si no, leamos su definición de intelectual: “Intelectual es la persona que intenta (por lo general en vano) llevar sus ideas a la práctica. Intelectual en Grecia es la persona que intenta encontrar ideas para justificar sus prácticas”. Dice su autor que al señalar sarcásticamente las mezquindades de Grecia, lo hace movido por un profundo amor hacia su país, y precisa que quienes disfrutarán de su lectura son los no griegos, porque se ocupa del problema fundamental de su existencia, sus ganas de más y su incapacidad para arreglarse con menos. Más o menos como todos.

La edad de los prodigios, Richard Holmes (Turner)

Richard Holmes, el prestigioso ensayista del Romanticismo y autor de las biografías de Coleridge y Shelley, ha acometido la tarea de escribir una extraordinaria narración de carácter biográfico sobre una época en donde la pasión científica se entrevera con la sed de grandes aventuras: viajar en globo, explorar los elementos, adentrarse en las almas. A través del relato de la vida y aventuras de figuras centrales de este periodo (1768-1831), Holmes hace una deliciosa crónica en donde la ciencia sale de la Academia para quedar en manos del gran público, pues la ciencia romántica se impuso un nuevo compromiso: el de explicar, educar y comunicar al pueblo. La descripción de los empeños científicos, los riesgos y peligros que corrieron, los asombrosos descubrimientos, muestran una singular época en la que el arte y la ciencia iban de la mano. Una lectura apasionante la de estas memorables aventuras que se leen como una novela.

Inteligencia militar John Keegan (Turner)

El historiador militar británico John Keegan, que murió el pasado 2 de agosto, dedicó su vida a entender cómo y por qué los seres humanos se enfrentan entre sí para conquistar territorios o ejercer poder sobre otros pueblos. Si más historiadores tuvieran el talento narrativo de Keegan, muchos sabríamos más historia. Por los ocho capítulos que componen el libro desfilan Julio César, el almirante Nelson, Napoleón, Stonewall Jackson o Churchill (más un capítulo dedicado a la guerra de las Malvinas) y se analiza el papel que jugó la información en las decisiones tácticas de las guerras en las que se vieron inmersos. Erudito y documentado, Keegan nunca olvida que está escribiendo sobre seres humanos. Un libro formidable para apasionados de la historia.

Memoria por correspondencia, Emma Reyes (Laguna Libros)

Ni uno solo de aquellos que ya han leído Memoria por correspondencia de Emma Reyes han salido indemnes. No cabe duda de que este es el libro del año en Colombia. Las cartas que en la década de los sesenta escribiera la pintora colombiana desde París a su amigo Germán Arciniegas tienen la rara cualidad de conmover a todo aquel que se aproxime a ellas. Con una escritura urgente, que apenas si repara en adjetivos, Reyes imprime una fuerza prodigiosa a la narración de su tristísima infancia. Las páginas respiran tanta verdad que casi podemos tocar a la niñita desamparada que fue. La autora logra sortear la autoconmiseración y compartir con el lector escenas realmente inolvidables. De recursivos juegos infantiles en barriadas miserables a encierros oscuros en un rancho sin ventanas ni luz, el lector no puede más que seguir de la mano de Reyes su viaje al pasado. Y las estaciones pasan por una mudanza a Guateque en busca de una vida mejor que acaba en fracaso; por el infame abandono al que su hermana mayor y ella son sometidas por una mujer innominada que nunca logramos saber –como tampoco lo supo la autora– si era su propia madre, y por el ingreso a un convento-orfelinato en el que el trabajo infantil era mucho más abundante que la educación o la comida. Qué historia. Y sin embargo, una gracia y la ligereza que caracterizan la escritura impide el sentimentalismo. Si Las cenizas de Ángela sedujo a sus lectores con su excepcional calidad literaria, Memoria por correspondencia seducirá doblemente porque sucedió (porque sucede) aquí, en este país, en Bogotá. Si bien en El día del odio Osorio Lizarazo logró pintar el infortunio de los desamparados y la mezquindad de las clases altas locales, es poca la literatura que nos llega sobre la historia social de la ciudad. La joven editorial Laguna Libros merece una sincera felicitación por este admirable hallazgo epistolar que nos recuerda que comienza a consolidarse una nueva generación de editores que ha optado por no estar con las grandes casas. Y serán ellos los responsables de ofrecernos, como ya sucede en España, los mejores descubrimientos a los lectores.

Cultura Mainstream, Frédéric Martel (Taurus)

El entretenimiento hace parte de la cultura. La cultura es a la vez global y local, rentable y no rentable, arte y divertimento. No se puede concebir como un dogma, como una jerarquía inamovible. “La cultura es todas las formas de cultura a la vez: Montaigne y Avatar, Tony Kushner y Lady Gaga, César Vallejo y Juanes. ¿Por qué escoger entre los dos?”, le dijo Martel a la revista Semana durante su más reciente visita a Bogotá. Su libro es una rigurosa investigación periodística en la que se puso en la tarea de descubrir cómo nacen los fenómenos de masas. La primera parte de su investigación se centró en Estados Unidos. Martel pasó casi cuatro años en el país donde se originó la cultura popular. Según él, los estadounidenses fueron los primeros en darle un estatus a las manifestaciones pop y en darle la misma categoría del arte “culto”. En una segunda parte visitó el resto del planeta para identificar otros fenómenos similares como el K-pop en Corea, Bollywood en India y las telenovelas de Televisa en México. Después de su largo recorrido, Martel descubrió que las fronteras entre cultura y entretenimiento están desapareciendo. La cultura es la gran literatura, el teatro y las artes plásticas, pero también es las telenovelas, los juegos de video y las animaciones.

Bogotálogo, Andrés Ospina (IDPC)

En una ciudad tan diversa y en ocasiones desmembrada como Bogotá, cae bien que el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural abriera una convocatoria para que sus habitantes construyeran un diccionario del español hablado en la ciudad. El proyecto ganador fue Bogotálogo: usos, desusos y abusos del español hablado en Bogotá presentado por Andrés Ospina. En Bogotá, contrario a lo que se piensa, no solo se habla cachaco, sino que, muy al contrario, hay toda una serie de expresiones influenciadas por las migraciones de las distintas regiones, anglicismos y galicismos, jergas urbanas, nuevas tecnologías e incluso el idioma muisca. Muchas de ellas aparecen en estos dos tomos –con un estupendo diseño que incluye imágenes de lugares, personas y acontecimientos bogotanos– referenciadas en el modelo tradicional de diccionario, pero explicadas con humor y cotidianidad. Basta con ver cualquiera de sus páginas y toparse con expresiones como “¿Cómo la ve usted que tiene gafas?” para saber que se trata de uno de esos libros que no se puede parar de leer.

Escucha esto, Alex Ross (Seix Barral)

Es gracias al Festival del Malpensante –un evento que se echa de menos en Bogotá– que muchos conocieron a Alex Ross, el venerado crítico musical del New Yorker. Y si bien la revista El malpensante ha publicado algunos de sus textos, el hecho de que hayan llegado a librerías ejemplares del libro que reúne su más reciente compilación de artículos es una buena noticia. La escritura de Ross tiene la misma cualidad de la de los grandes novelistas: el lector lo lee y piensa: “¡Sí, yo he pensado lo mismo!”, cuando lo que sucede en realidad es que su inteligencia es capaz de aterrizar intuiciones vagas que no somos capaces de articular con claridad. Ross logra borrar las barreras entre la música llamada clásica o culta –adjetivo que desprecia con razón– y la música popular. Su erudición se desliza sin sobresaltos de Brahms a Radiohead, de Mozart a Nirvana. Una auténtica delicia para los amantes de toda la música.

Joseph Anton, Salman Rushdie (Mondadori)

Javier Cercas  dice que si tuviera que quedarse con un solo libro este año, lo haría con estas memorias, en donde Rushdie es tanto el autor como el personaje que ha denominado como Joseph Anton. En 1989 Rush-die fue condenado a muerte (fetua) por el Ayatolá Jomeini por haber escrito una novela “en contra del islam, el profeta y el Corán”. A partir de este momento Rushdie tuvo que vivir en la clandestinidad bajo protección policial, ir de casa en casa y vivir bajo un alias que él escogió como homenaje a dos de sus escritores preferidos: Joseph (Conrad) y Anton (Chejov). Pese a mostrar una vanidad exacerbada y a contar infidencias un poco desobligantes sobre sus mujeres y su vida amorosa, esta historia es importante como una muestra de una batalla crucial de nuestro tiempo por la libertad de expresión, de creación y una carrera de resistencia durante nueve años por no rendirse y continuar su labor intelectual. Algunos episodios parecen sacados de una novela policiaca, pero otros conmueven por la franqueza con que el autor cuenta su desesperación e impotencia para defender lo único que le dio fuerzas para sobrellevar este drama: la palabra.

Un viaje optimista por el futuro, Mark Stevenson (Galaxia Gutenberg)

Este libro es un soplo de aire fresco en un mundo que parece abrumado por crisis de toda índole. Mark Stevenson recorrió el mundo para visitar a los científicos que están desarrollando hallazgos que podrían hacer que los seres humanos del futuro apenas se reconozcan con los actuales. Y los problemas que hoy nos parecen insolubles, están próximos a ser superados. ¿Calentamiento global? Ya existe la tecnología para conjurarlo. ¿Generación de energía? Ya existe la forma de que todas las comunidades produzcan su propia electricidad. ¿Muerte? Hay científicos que aseguran que el primer hombre que vivirá mil años hoy tiene sesenta. Pero aunque parezcan disparatados, estos y decenas de casos más están al alcance de la tecnología actual y en muchos casos solo requieren voluntad política para hacerse realidad. Stevenson documentó su investigación a fondo y habló con los protagonistas para regalarnos este libro revelador, pero también muy inquietante.

La liebre con ojos de ámbar, Edmund de Waal (Acantilado)

Tras la avalancha de críticas favorables, los lectores de La liebre con ojos de ámbar encontrarán algo menos usual que una sorpresa: la sensación de que las más altas expectativas que se puedan tener sobre un texto quedan satisfechas. En 1994 De Waal recibió como herencia una colección de 264 netsuke, esculturas en miniatura elaboradas en marfil o maderas preciosas que usaban los japoneses de los siglos XVIII y XIX. El heredero de estos objetos se siente abrumado al verse como custodio de una colección que ha estado en poder de su familia por más de un siglo, y decide visitar los lugares en los que se conservaron las miniaturas y seguir los pasos de los antepasados que las adquirieron. Esta crónica familiar recoge historias de un siglo de cambios y tragedias y nos desafía con ideas sobre el arte, el coleccionismo, la inclusión y la familia. Un libro fascinante.                                                  

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.