Sumisión, Michel Houellebecq, Anagrama.
  • Sumisión, Michel Houellebecq, Anagrama.
  • El misterio de la casa de los trueques, Alberto Mussa, Funambulista.
  • La muñeca de Kokoschka, Afonso Cruz, Rayo Verde Editorial.
  • Me gustaría, Amanda Mijalopulu, Rayo Verde Editorial.
  • Los millones, Mijaíl Artsybáshev, Ardicia.

Novelas imperdibles de la FILBo V

Arcadia presenta una selección de las mejores novelas y reediciones de este año: Houellebecq, Mussa, Cruz, Mijalopulu y Artsybáshev. Libros que no puede pasar por alto cuando visite la Feria del Libro de Bogotá.

2015/04/17

UNA DÉBIL DISTOPÍA
Laura López Martínez

El último libro de Michel Houellebecq más allá de las polémicas que ha suscitado, nos muestra a un autor cuyo estilo, su humor cínico e irreverente con el que representa el mundo moderno, están a la orden del día, como ocurría en su anterior novela, El mapa y el territorio. No obstante, en Sumisión, la soledad, el hastío y el vacío frente al mundo moderno están presentados con tan poca originalidad, que el autor parece estar parodiándose a sí mismo.

El argumento central de la novela es que en un futuro no muy distante (2022), un partido musulmán llegará al poder en Francia. Para algunos, esto la convierte automáticamente en una obra visionaria, puesto que se basa en miedos y problemas muy reales que existen en Francia hoy en día. En los últimos años, han aumentado las tensiones entre los movimientos nacionalistas y algunos sectores de la población musulmana. Por otro lado, los actos antisemitas son cada vez más frecuentes y han llevado a que aumente la cantidad de judíos franceses que deciden emigrar a Israel. Después de la masacre de Charlie Hebdo, por ejemplo, tuvo lugar la toma de rehenes en un supermercado kosher del este de París. En la novela tenemos ecos de todos estos acontecimientos y problemas. Así pues, debería causar inquietud en el lector.

Sin embargo, este libro no produce la sensación de miedo o incertidumbre que se tiene al leer distopías como 1984, de Orwell. Emmanuel Carrère hizo un paralelo entre la obra de Houellebecq y las de Aldous Huxley y Orwell. Incluso, llegó a afirmar que, como novelista, Houellebecq es mejor que ellos. Dejando de lado esta afirmación algo controvertida, centrémonos en el aspecto distópico de este libro. Por “sociedad distópica” se entiende lo contrario de utópico, es una sociedad considerada indeseable. La novela de Orwell fue escrita después de la Segunda Guerra Mundial y estuvo inspirada por los regímenes fascistas en Italia y Alemania. Le suma un invento reciente (la televisión), para crear una dictadura en Inglaterra. Una dictadura donde el gobierno controla la información, donde la libertad de la gente es suprimida incluso en los sueños y el “Gran hermano” siempre te está vigilando. Orwell crea entonces un mundo angustiante y claustrofóbico que produce miedo a sus lectores con un simple mensaje: podemos perder nuestra libertad en cualquier momento.

Sumisión es un caso distinto. Es cierto que el futuro que nos presenta la novela está lejos de ser ideal; algunas libertades se ven restringidas pero, en general, la gente puede seguir con su vida privada y con sus decisiones. De igual manera, el efecto (miedo), es menos logrado en la obra de Houellebecq. En 1984, el protagonista, Winston Smith, comienza a cuestionar el régimen totalitario, a enfrentarse a él. Además, el mayor acto de rebeldía es una historia de amor. En Sumisión tenemos, por el contrario, un protagonista que es indiferente a los eventos a su alrededor, aun si hay unos pocos momentos de miedo o inquietud, termina haciendo parte del nuevo régimen por conveniencia. Es un personaje más que inmoral, amoral, lo que se hace notorio en las relaciones que establece con el sexo opuesto.

Casi todas las mujeres que aparecen en la novela están limitadas a ser amas de casa o, en ciertos casos, meros objetos de deseo. No se explica qué opinan ellas de los cambios, a pesar de que son las principales afectadas por el nuevo orden. Se las aparta del trabajo y la educación y quedan relegadas a ser objetos que refuerzan el estatus masculino. En entrevistas, Houellebecq ha afirmado que buscó retratar distintos puntos de vista pero esto no se ve en relación con las mujeres. Las pocas voces femeninas que hay, no pasan de ser caricaturas, estereotipos. Puede que al hacer de su personaje un ser amoral y no adoptar una posición crítica clara frente a lo que narra el autor buscara resaltar la ambigüedad moral de la novela o retratar la apatía del mundo moderno (como lo han mencionado varios artículos). Es posible, pero desde mi punto de vista esto es lo que le resta fuerza a la novela: no hay voces disidentes o personajes que me hicieran sentir empatía. Terminé de leerla esperando que pasara algo, algún acto de rebeldía por pequeño que fuera o una verdadera crítica al sistema, pero no sucedió.

Sumisión
Michel Houellebecq
Anagrama


MAGNICIDIO EN BRASIL

Cristina Esguerra

Hay crímenes –dice Alberto Mussa al comienzo de su libro– que solo pudieron haber ocurrido en la ciudad en la que fueron cometidos. Tanto los detalles del acto violento, como las particularidades del asesino, llevan impresos el sello del lugar. Este es el caso del asesinato del Secretario de la Presidencia de Brasil, quien murió a comienzos del siglo xx, en Río de Janeiro.

El cuerpo del importante político fue encontrado desnudo y amarrado de pies y de manos a la cama de una de las habitaciones de la Casa de Trueques, un elegante palacete que hacía las veces de clínica para mujeres y de prostíbulo para la élite. De inmediato, se supuso que la asesina había sido Fortunata, la prostituta que había estado complaciéndolo aquella velada, y quien había salido corriendo antes de que se descubriera el crimen. Lo único que no cuadraba, era que la fuerza necesaria para ahorcar al robusto secretario era mucho más propia de un hombre que de una mujer. Al no encontrar más pistas en la habitación de la Casa de los Trueques, la policía emprendió una desesperada búsqueda por la prostituta.

A primera vista pareciera que el crimen del Secretario de la Presidencia podía haber ocurrido en cualquier ciudad del mundo, por líos políticos o de faldas un hombre fue asesinado en el prostíbulo del que era asiduo cliente. Pero todo cambia cuando el perito Sebastiao Baeta –protagonista de la investigación de la policía– se da cuenta de que la magia africana jugó un papel importante en el asesinato. A partir de ahí los mitos indígenas y africanos se entremezclan con la realidad y aparecen hechiceros que llevan vivos mucho más de cien años, tribus de caníbales dominadas por mujeres y hombres cuyo poder seductor ninguna mujer resiste. Uno de los protagonistas de este mundo mágico es Rufino –el brujo más afamado de Río de Janeiro– quien le concedió un deseo a un hombre a cambio de un par de aretes de oro. Ese deseo resultó ser mortal para el Secretario de la Presidencia.

El misterio de la casa de los trueques
Alberto Mussa
Funambulista


UNA SOPA MUY POCO CARTESIANA

Felipe Cammaert

Afonso Cruz es un hombre incapaz de contar una historia. Sabe, por el contrario, contar mil fábulas a la vez, las cuales encadena y acaba por ordenar en un objeto llamado libro. La muñeca de Kokoschka, publicado originalmente en 2010 en Portugal, es un buen ejemplo de ello. En este laberinto de hechos reales y vidas imaginadas se entrelazan varios relatos: la historia verídica de la muñeca que Kokoschka, el pintor expresionista, mandó construir para curarse del desamor; la del dueño de una tienda de pájaros en Dresden que conversa con la voz del judío Isaac Dresner, refugiado bajo el suelo de su establecimiento; la confesión de Mathias Popa, autor de un libro intitulado La muñeca de Kokoschka y de la historia sobre la familia Varga que ocupa una buena parte del libro.

Como en las muñecas rusas, este libro es un montaje de relatos consignados en capítulos cortos, con una alta dosis de alegoría y un patente gusto por la parábola. No resulta, pues, extraño que la escritura de Afonso Cruz (junto a la de su contemporáneo Gonçalo M.

Tavares, con quien comparte varios temas), presente un substrato borgeano bastante marcado, cuyas referencias geográficas son los cuatro rincones del mundo, con una clara preferencia por la llamada mitteleuropa.

Nada, o casi nada en La muñeca de Kokoschka denotaría el origen ibérico de este escritor, a no ser la profusión de imágenes y el tono lúdico que identifican a la ya larga tradición portuguesa en materia de literatura infantil. Afonso Cruz es también, además de ilustrador y músico, un reconocido autor de libros para jóvenes. Estamos, pues, ante una propuesta que coloca la visión cosmopolita de Borges al servicio de la inocencia imaginativa. “Dresden era piezas, no solo de cemento y huesos, sino de almas, una confusión de materia y espíritu, una sopa muy poco cartesiana”, nos dice el narrador. Óptima descripción de lo que La muñeca de Kokoschka depara al lector.

La muñeca de Kokoschka
Afonso Cruz
Rayo Verde Editorial


TRECE CUENTOS GRIEGOS

Andrés Grillo

Amanda Mijalopulu es una escritora ateniense y una de las figuras destacadas de la literatura griega contemporánea. Me gustaría es la primera de sus obras que se publica en español. Un exquisito abrebocas del trabajo de esta autora. El libro lo componen trece relatos cortos, que funcionan de manera independiente pero al final pueden ser vistos como retazos de una historia mayor inconclusa. No se unen como en un patchwork, pero están entretejidos con puntadas sutiles. Elementos como una boina roja, frases o personajes como Stela, Jristina y Sajarías funcionan como vasos comunicantes entre los cuentos. Al final, se tiene una visión panóptica del universo que ha creado Mijalopulu.

La Grecia que se presenta en Me gustaría no es la de las guías turísticas ni la de la película Mamma Mia! En las páginas de este libro no aparecen ruinas arqueológicas o paisajes mediterráneos de postal. Los escenarios son espacios íntimos, vinculados a la cotidianidad, a la vida real de los personajes, que incluye visitas a sus mundos oníricos y una que otra pincelada fantástica. En estas se nota la influencia de Jorge Luis Borges, que la autora reconoce orgullosa porque, según dijo en una entrevista, “no creo que haya ideas originales, solo formas originales de presentarlas”. Para la muestra los relatos ¿Qué vas a hacer luego? y Papá y la infancia que está en sincronía con Las ruinas circulares y El otro, respectivamente, del escritor argentino.

Me gustaría
Amanda Mijalopulu
Rayo Verde Editorial


EXISTIR A PESAR DE SÍ MISMO

Jaime Arracó Montolin

Leyendo las primeras dos páginas de Los millones, escrita por Mijaíl Artsybáshev hace más de cien años, se puede intuir que se trata de un pequeño clásico desconocido. Es una lectura obligatoria para quien desee descubrir algo más de la literatura naturalista rusa de principios del siglo XX, previa a la Revolución bolchevique. Y en este caso particular, conocer el proceder de la antigua servidumbre convertida en mano de obra industrial luchando contra los ricos, de los artistas envidiando a los millonarios y de los dueños de las fábricas luchando contra sí mismos.

Artsybáshev construye los personajes, los paisajes, las atmósferas, los diálogos a través de una literatura imprudente capaz de superar todos los obstáculos generados por la historia que protagoniza el millonario

Mizhúyev: odioso e iracundo personaje en el inicio del libro y miserable soñador al final. El control que tiene Artsybáshev del lenguaje no permite que sea una escritura preciosista, sino más bien una narrativa iluminada, embriagada, inclemente, casi axiomática. Es un escritor que dirige cada visaje y gesto de los personajes con el conocimiento de los orígenes más humanos de los comportamientos.

Es tan resaltable la escritura como la historia del atribulado Mizhúyev, que durante unas vacaciones en Yalta va aceptando –obrando con crueldad o intentando ser justo y bienhechor– que no puede convivir consigo mismo y su riqueza sin sentir el peso de la humanidad sobre él, viendo la felicidad escapársele sin remedio.

El dinero y el poder son los causantes de las sospechas que le generan los demás veraneantes, sean estos ricos o pobres, bolsistas o escritores. Su posición social también le genera celos hacia la atractiva mujer de excesos María Serguéyevna, esposa de un antiguo amigo, que ahora vive a costa del empresario.

El magnate ruso hace lo posible por mantenerse cuerdo, aunque no puede combatir la imagen que representa en el mundo que le rodea porque la sociedad parece dictar qué y quién es cada uno.

Los millones
Mijaíl Artsybáshev
Ardicia

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