Novelas imperdibles de la FILBo II

Arcadia presenta una selección de las mejores novelas y reediciones de este año: Montt, Danielewski, Recondo, Muñoz Molina y Gardeazábal.

2015/04/17

LOS GENIOS DE CARNE Y HUESO
César Leonardo Rojas

Antes de convertirse en magos de sus respectivas lenguas, Miguel de Cervantes y William Shakespeare fueron hombres mundanos. La miseria, la desgracia y la incomprensión los acompañaron de distintas formas a lo largo de sus vidas. Eran contemporáneos, murieron con unos días de diferencia y se sabe que el británico leyó la primera parte del Quijote, pero muchos sienten que algo debió unirlos un poco más.

Los vacíos que dejan las biografías fragmentadas de cada uno le sirvieron de pretexto a Nahum Montt para escribir Hermanos de tinta. En una Valladolid llena de mendigos, ladrones, vendedores de baratijas y cortesanos, Montt recrea el ambiente festivo por la firma de la ratificación del tratado de paz entre Inglaterra y España, en 1605.

Por las calles de esa ciudad se pasea el viejo al que la historia volverá mito, pero que hasta ahora es un escritor de entremeses, tahúr de ocasión y hazmerreír de pícaros. Cervantes vive en una calle de matarifes con dos hermanas y un clérigo que atiende enfermos con ayuda de la caridad.

Montt no improvisa con los detalles. El santandereano escribió en 2007 una biografía de Cervantes, de ahí que tanto los personajes, como las circunstancias de esta novela histórica, tengan una fuente lo suficientemente rigurosa como para mezclarse con la ficción sin causar desentonaciones. El experimento del autor despoja a los genios de su gloria para enfrentarlos con la crudeza de su existencia.

De alguna manera, la historia es una puesta en escena. Los dos personajes exhiben sus heridas en una taberna que sirve a la vez de casa de juegos, biblioteca y teatro. En ese mismo lugar, el Quijote se llena de polvo debajo de una escalera y los borrachos lanzan tomates podridos al grupo de británicos que interpreta a Hamlet en la tarima. A pesar de la nacionalidad y el idioma, los escritores en desgracia compartirán lo suficiente para descubrir un parentesco. El español y el inglés se conocerán en el camino hacia la muerte, pero encontrarán en las letras la puerta hacia la inmortalidad.

Hermanosde tinta
Leonor de Recondo Editor

Nahum Montt
Alfaguara


UN LIBRO BORDADO
Luis Fernando Afanador

Un escritor experimental en el siglo xxi es una rara avis. Tiene mucho de naif y de romántico. De cualquier manera, Mark Z. Danielewski sacudió el mundo literario con Casa de hojas, una novela vanguardista de terror. Su laberinto de palabras, hay que reconocerlo, consigue involucrar al lector y reivindica con furor al amenazado libro impreso. Hasta ahora, un diálogo entre el texto y la imagen ha sido su propuesta narrativa, a la que regresa con La espada de los cincuenta años, un libro que inicialmente se publicó en Holanda en gran formato y luego fue representado en performances durante el Halloween en Los Ángeles.

Desde luego, el libro tiene mucho qué ver con esa fiesta: Chintana, una costurera que acaba de separarse de su marido, es invitada a celebrar el Halllowen en la casa de Mose Dettledown, una curiosa anciana de 112 años. Pero a la fiesta también ha sido invitada Belinda Kite, lo cual resulta un problema pues ella le quitó a su marido. Al intentar huir de allí, termina en el ático de la casa oyendo a un extravagante cuentacuentos en compañía de cinco huérfanos. El cuentacuentos no es la persona más recomendable “para los niños”: ?“soy un hombre malvado con un corazón muy negro. Y fueron solamente esa maldad y esa negrura las que me llevaron a buscar esto que llevo / transportando, muchos años y que / he traído esta noche”. Lo que ha transportado es una caja de dos metros con cinco bisagras ?–una por cada niño– y la explicación de la forma como la obtuvo y su desenlace serán un largo cuento épicofantástico en verso libre de casi trescientas páginas contado por él y por otros cuatro narradores. Una historia bizarra y algo ligera con palabras inventadas y un eficaz lenguaje poético que constituye su gran logro artístico al igual que su edición –con punzadas de espada– y las ilustraciones –originalmente bordados– que la acompañan. No sentimos el miedo ni el deslumbramiento de Casa de hojas, pero vale la pena la experiencia de leerla y tocarla.

La espada de los cincuenta años

Mark Z. Danielewski
Pálido fuego / Alpha Decay


LA PERSONALIDAD COMO DESTINO

Claudia Rodríguez

Miguel Ángel es el nombre de un bar de la Toscana. Allí pasaban las tardes los padres de Leonor de Recondo cuando, por motivo de los trabajos de escultura de su papá, la familia permanecía largas temporadas en la región. Miguel Ángel es un nombre que siguió resonando en su mente cuando a los diez años ella descubrió el rostro del artista en el fresco del Juicio Final de la Capilla Sixtina, y se preguntó por qué, en medio de tanta belleza ¿él se había pintado tan feo?

Miguel Ángel es el motivo de esta novela breve que la escritora y violinista francoespañola publica en 2013, y en la que ella sigue como con una cámara en la nuca a un personaje escindido cuya fragilidad asoma desde la piedra que cuidadosamente recubre la sensualidad, la rabia y los dolores de su ser. Inspirada en el episodio real de 1505, cuando el artista se instaló por una temporada en Carrara para seleccionar los bloques de mármol con los que construirá la tumba encargada por el Papa Julio II, lo demás es fábula que imagina la transformación de un hombre desde la irascibilidad y la soberbia, hasta la ternura y la generosidad. Bastan un paisaje suntuoso de montaña, cantera y mar; un niño de seis años, huérfano de madre, que se le impone con abrazos y preguntas; el afecto de un idiota de la comarca que se asume poeta-caballo-enamorado de una yegua blanca, y la sencillez marrullera de los picapedreros para que este Miguel Ángel inédito se hunda poco a poco en el bullicio silencioso de su alma. Abandonado a los recuerdos y la intemperancia, descubre con tormento, alegría y nueva inspiración la memoria que cincela en el mármol la carne y la sangre de los seres perdidos –la madre desaparecida en la infancia, el monje de belleza inquietante que quedó en Roma y cuya muerte tampoco comprende–, el sentido de su vida.

Pietra viva



EL NOMBRE DE UNA CIUDAD
Alberto de Brigard

Dos fugitivos llegan a Lisboa esperando que la ficción los ayude a enderezar sus vidas en momentos absolutamente decisivos para cada uno. Uno, es el asesino de Martin Luther King, que en mayo de 1968 era el criminal más buscado del mundo y quiere usar una nueva identidad para encontrar refugio en países africanos sacudidos por conflictos, donde podría haber un lugar para mercenarios aventureros; el otro, es el Antonio Muñoz Molina de 31 años, quien hace un viaje brevísimo en los primeros días de 1987, tratando de encontrar las imágenes que le faltan para redondear su primera novela. Ambos salieron en busca, no tanto una ciudad concreta, como de una palabra, un nombre que ha estimulado de manera análoga su imaginación. Los barrios pobres y pintorescos que recorren apresuradamente a veces los reconfortan sugiriéndoles nuevas posibilidades y otras aumentan sus angustias. Para uno, las ilusiones que se había hecho en el momento de emprender su viaje se materializan aun más allá de sus expectativas, para el otro, la ciudad imaginada será solo la última antesala de la derrota definitiva.

La técnica novelística de seguir dos narraciones paralelas es una apuesta riesgosa y en este caso tiene éxito apenas parcial. Como se invita al lector a una permanente comparación entre las dos líneas, las respectivas debilidades se resaltan y se tienden a cuestionar, quizás con doble dureza, los paralelismos que propone el autor. Por emotivas, legítimas y reales que sean las angustias de un autor joven que trata de encontrar su lugar en el mundo, difícilmente serán tan intrigantes como las de un magnicida estadounidense acorralado en una ciudad en la que ni siquiera puede decir las palabras necesarias para atracar una tienda. En consecuencia, los capítulos sobre el escritor Muñoz, a pesar de una escritura limpia y fluida, parecen elaborados rellenos, mientras que en la historia de James Earl Ray se repiten innecesariamente algunos episodios e imágenes, como si se quisiera refrenar el paso para ajustarlo al ritmo introspectivo de la otra parte de la novela. En esta forma, aunque no se puede negar que la última obra de Antonio Muñoz Molina acaba por llegar a buen puerto, cojea para hacerlo.

Como la sombra que se va

Antonio Muñoz Molina
Seix Barral


EL DECÁLOGO DE GARDEAZÁBAL

Como parte de su colección Jóvenes adultos, dirigida a estudiantes universitarios, Panamericana le pidió al escritor valluno que escogiera sus mejores cuentos. El resultado, editado por primera vez en marzo de este año, es La soledad también se hereda, una antología de diez relatos breves. Entre los cuentos cabe resaltar Donaldo Arrieta, premio ciudad de Barcelona 1969; El día que volvió León María, premio Unión Artesana San Sebastián 1970; y La boba y el buda, premio ciudad de Salamanca 1970. Se trata, según el mismo autor, de los cuentos que más lejos llegaron y que más se tradujeron. Es, también, un tributo de 167 páginas que hace Gardeazábal a una de sus principales influencias: el famoso librero de Librería Minerva, su abuelo.

La soledad también se hereda

Gustavo Álvarez Gardeazábal
Panamericana

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