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Novelas

Como ya es habitual, presentamos a los lectores nuestra selección de los mejores libros del año. ?La novedad del 2012 es la fuerza que toman las pequeñas editoriales del país. Destacamos el fenómeno editorial de Memoria por correspondencia de Emma Reyes y la joya bibliográfica Violentología de Stephen Ferry. También es evidente el boom de novela gráfica, cómic y dibujo. Recordamos a los lectores que los libros elegidos se presentan en orden alfabético por el apellido del autor. ¡Buenas lecturas!??

2012/12/18

Por Arcadia

La sirvienta y el luchador, Horacio Castellanos Moya (Tusquets)

Esta es una historia que gira sobre un único eje incontrolable: la violencia. El Vikingo, el luchador, un viejo campeón de lucha libre, ya derrotado, olvidado, malvive sus últimos años trabajando en la Policía. Lleva una vida monótona, lleno de frustraciones y rencores. Custodia presos y retenidos, por lo general comunistas, que luego son torturados en las profundas mazmorras del régimen en el Palacio Negro. Estos detenidos tienen familias, gente que los busca. María Elena, la sirvienta, busca a sus patrones y en ese proceso es testigo de las más terribles vejaciones. Empieza entonces una sed de verdad y la necesidad de encontrar y defender a los desaparecidos. Toda su historia y la del Vikingo devienen una poderosa metáfora sobre la impotencia de los marginados y la brutalidad de la violencia política. Con su vibrante y estricta prosa, y unos diálogos secos y contundentes, dignos herederos de Rulfo, el salvadoreño Castellanos Moya cuenta una vez más la misma historia que lo obsesiona: una donde el relato oficial se desdibuja para revisitar, a través de los sentimientos más secretos, las zonas oscuras del pasado reciente de Centroamérica.

 

Ciudad abierta, Teju Cole (Acantilado)

No es fácil, después de Paul Auster y Philip Roth, ubicar una novela en Nueva York sin correr grandes riesgos. Pues bien, este joven escritor de origen nigeriano ha superado formidablemente estos riesgos y ha logrado escribir una novela distinta y de una fuerza indudable. Sobre el autor se dice en la solapa que es escritor, fotógrafo e historiador del arte, oficios que se ven enteramente reflejados en esta su primera y magnífica novela. El ojo del fotógrafo se manifiesta en singulares detalles de la ciudad, ángulos originales que así como su conocimiento del arte y de la música, le dan una dimensión intelectual de mucho peso. El protagonista, un psiquiatra africano que hace su residencia en un hospital neoyorkino, lleva de la mano al lector tanto por las calles de esta siempre sorprendente ciudad, como por pasajes de su mente de psiquiatra que se adentra en reflexiones sobre los dolores, las dudas, los fracasos de quienes acuden a su consulta y que conforman esa masa heterogénea que habita la ciudad más cosmopolita de Occidente. Sin lugar a dudas, la originalidad de esta voz narrativa ha logrado, en una primera novela, ubicar a este autor en un lugar de primera línea en la narrativa contemporánea.

 

Galilea, Ronaldo Correia de Brito (Adriana Hidalgo Editora)

Muy apropiada es la famosa frase de la Ana Karenina de Tolstoi para hablar de esta novela: “Todas las familias felices se parecen entre sí; las infelices son desgraciadas a su propia manera”. Correia de Brito (Ceará, Brasil 1951), ofrece el relato de una familia signada por ancestrales misterios y escabrosas relaciones que, después de muchos años, se reúnen en torno al abuelo moribundo, personaje que nunca ha abandonado sus tierras, custodiando el pasado y los mitos familiares. Un relato perturbador sobre el retorno a los orígenes a través del paisaje desértico, implacable del sertao, combinado con singulares recuerdos que oscilan entre la ternura y el pánico, ante el reencuentro con historias y emociones no del todo comprendidas por los protagonistas. El misterio, lo secreto ronda por toda la novela y no deja disminuir la tensión narrativa. Adonias, el protagonista (quizás álter ego del escritor, ambos médicos de profesión), acarrea el fardo del remordimiento y opta por el silencio. Esta brillante novela le mereció a Correia de Brito el mayor premio literario que ofrece el Estado brasileño: el premio San Pablo de Literatura.

 

La muerte del padre, Karl Ove Knausgard (Anagrama)

La muerte del padre es el primer volumen publicado en español de una serie que solo puede denomi- narse como una autobiografía confesional. Knausgard ha realizado una especie de proeza literaria al escribir seis novelas, cerca de tres mil quinientas páginas, que en conjunto ha denominado Mi lucha, de la que esta es el primer volumen y cuyo eje central gira alrededor de la muerte de su padre. Lo sorprendente de este libro es la voz tan natural, la absoluta y casi hiriente sinceridad con la que la voz narrativa relata los acontecimientos y emociones que determinaron una adolescencia llena de dolores, incomunicación, soledad y desasosiego. El relato logra sacudir profundamente al lector: se necesita tanto valor como pericia para lograr una comunicación tan directa y efectiva. La narración de los episodios más triviales de la vida cotidiana está hecha en un tono tan personal y profundo, que actúa como un incómodo espejo en el que el lector se mira, obligado a reflexionar sobre su visión de mundo y su propia biografía. Esta inquietante saga ha sido todo un fenómeno tanto en ventas como de crítica y ha obtenido en su país natal, Noruega, los más prestigiosos premios literarios.

 

Las baladas del ajo, Mo Yan (Kailas)

Resulta casi imposible creer que el escritor chino Mo Yan es afecto al régimen y que la Academia sueca le concedió el premio Nobel como un gesto político hacia el gobierno de su país. Después de leer una novela como esta, en donde el sentimiento que irradia es compasión por unas personas humilladas e inmersas en el dolor y la miseria, comprendemos a cabalidad que el pemio ha sido acertadísimo. Hay una crítica contundente a la fallida Revolución Cultural que exacerbó la injusticia, la ignorancia y la corrupción de los funcionarios del régimen que en su nombre cometen toda clase de ignominias y atropellos. Hay aquí conmovedores relatos sobre la brutalidad con que son tratadas las mujeres según unos parámetros ancestrales, cuya inhumanidad e irracionalidad resultan casi inverosímiles. La narración de la vida de horror que padecen los campesinos de la región, está realizada con una combinación de poesía, humor y fuerza narrativa que el lector no puede menos que tomar atenta nota de cómo es esa China recóndita, pero real, y que no es historia del pasado: está sucediendo en este mismo instante, en pleno siglo XXI.

 

El cuerpo en que nací, Guadalupe Nettel (Anagrama)

Con su mundo inquietante y oscuramente onírico, la escritora mexicana Guadalupe Nettel se ha ubicado con justicia entre las mejores narradoras del continente. Con El cuerpo en que nací, sorprende a sus lectores con un relato autobiográfico confesional, un largo monólogo en el que narra su propia infancia. A veces la narración parece un ajuste de cuentas con unos padres incoherentes, que encarnaban confusamente el hippismo de los años setenta, y una abuela decimonónica y seca. Lo que logra Nettel es recordarnos que la infancia no es el lecho de rosas que nos han vendido, y que la soledad de la niñez –la aceptación de un cuerpo único y no perfecto–, determina lo que seremos. Sin trucos argumentales, su lectura es francamente absorbente y el retrato que resulta es de una delicada honestidad y de una melancólica y muy profunda belleza.

 

Una forma de vida, Amélie Nothomb (Anagrama)
Entre las tantas leyendas que rodean a la excéntrica y maravillosa escritora belga Amélie Nothomb, una dice que escribe tres novelas al año, de las cuales solo publica una. Con treinta y cinco libros publicados –entre novelas, teatro y cuentos–, y con cuarenta y seis años cumplidos, es dificil de creer. Como también es difícil intentar explicar por qué su prosa es tan magnética. Con una levedad y una ironía casi oriental (pasó sus primeros años en Japón, como hija de padre diplomático), su escritura seduce desde la primera línea. En esta novela epistolar, la autora, con nombre propio, se cartea con un soldado norteamericano acuartelado en Irak. Las cartas van y vienen, y las reflexiones de Nothomb se intercalan entre ellas. La crítica francesa ha dicho que es su mejor novela. Aquí están sus temas de siempre: el cuerpo, la escritura, la inteligente extrañeza ante el absurdo de la vida. Una lectura feliz.

 

La esposa del tigre, Tea Obreht (Mondadori)
Que Michiko Kakutani, la crítica literaria más temida de los últimos tiempos, diga que una novela tiene una textura rica y admirable es un triunfo para cualquier escritor. Que lo diga de la ópera prima de una escritora de veinticinco años, es una proeza. Eso ocurrió cuando la jovencísima escritora serbia Tea Obreht debutó en el 2011 con su novela La esposa del tigre –ganadora del Premio Orange– que llegó a Colombia este año. Obreht es una increíble narradora de historias y recolectora de leyendas –no en vano en repetidas ocasiones ha mencionado a García Márquez como influencia– que se vale de la tradición oral balcánica para hacer una novela en la que se mezclan tres historias: la del presente, cuando la joven médica Natalia Stefanovic se entera de la muerte de su abuelo. La de la niñez de Natalia, cuyo más vívido recuerdo son las visitas con su abuelo al zoológico de la ciudad en pleno estallido del conflicto yugoslavo. Y la del abuelo Stefan, a su vez marcada por dos relatos: el del hombre inmortal y el de la esposa del tigre. La novela, que también recuerda a Las mil y una noches es, en últimas, un bellísimo homenaje a la muerte de un ser querido.

 

El viaje de Mina, Michael Ondaatje (Alfaguara)
Una de las metáforas más universales de la literatura ha sido la del viaje. Mina, un niño de apenas once años, es embarcado solo en Cey-lán (hoy Sri Lanka) rumbo a Londres. Corre el año de 1954. La impecable reconstrucción de los últimos meses de esa infancia es uno de los muchos atractivos de esta novela maravillosa. Cuando presenta los sucesos del viaje, Ondaatje logra trasmitir las reacciones de un muchacho que mira con curiosidad las complicadas relaciones sexuales y personales de su entorno, y para quien las implicaciones éticas de determinadas actuaciones, así como las motivaciones y consecuencias de otras, solo merecerán atención mucho tiempo después. El premiadísimo escritor canadiense evita con gracia todos los lugares comunes de la novela de aprendizaje: el niño que desembarca en Londres es la misma persona que embarcó en Colombo, pero va cargado de imágenes, informaciones y preguntas cuyo sentido tardará años en procesar. Del mismo modo, los lectores absorbemos, en este libro cautivador, una historia llena de episodios sorprendentes y de personajes entrañables que querremos visitar una y otra vez.

 

Némesis, Philip Roth (Mondadori)
Ahora que Roth ha anunciado que dejará de escribir ficción, su última novela, Némesis, adquiere un especial valor. Pese a no poseer la generosidad narrativa a la que nos tenía acostumbrados, los temas desplegados en esta no dejan de ser muy sugestivos para el lector: la fatalidad del destino y la responsabilidad individual en las decisiones. En el verano de 1944, la ciudad de Nueva York se ve azotada por una epidemia de polio que ataca a jóvenes vigorosos que están entrando a la pubertad y que, en muchos casos, quedarán inválidos para el resto de sus vidas. La disyuntiva moral que ubica Roth en el personaje principal pone de presente, entre otras, una reflexión sobre la religión judía y las características de un dios cruel e injusto con sus criaturas a quienes hace padecer dolores innecesariamente. Esta es una novela de ideas y, como tal, son pocos los acontecimientos y sí muchas las reflexiones. Por supuesto que siempre es apasionante leer las reflexiones de un novelista tan certero y agudo, cuya obra ha contribuido a esclarecer la complejidad de la naturaleza humana y en especial el comportamiento masculino, así como a desestimar las apreciaciones simplistas sobre un país tan complejo como los Estados Unidos.

 

Érase una vez en Colombia, Ricardo Silva Romero (Alfaguara)
En una decisión audaz, Ricardo Silva Romero publica dos novelas muy distintas bajo un único título, como una manera de poner en evidencia la enorme fractura que existe entre la Colombia rural, atravesada por una guerra cruenta, y la protegida frivolidad de la vida burguesa de la clase media urbana. Dos mundos que no se tocan nunca, y que conviven solo en las noticias. Con El espantapájaros Silva logra su mejor novela hasta el momento. Una escritura que mantiene la tensión narrativa a punta de unos diálogos tan realistas y poderosos que el lector creería ser testigo directo del infierno que describe: el de una masacre en un pueblo colombiano. Con personajes tan bien logrados que resuenan en la memoria del lector, la lectura se convierte en experiencia vital. Su anverso, Comedia romántica, es una extensa conversación entre dos amantes en la que el paso del tiempo se deduce del diálogo mismo. La muerte y el amor, los dos grandes temas de la literatura, se dan la espalda en este libro ambicioso y contundente que reafirma el privilegiado lugar de Silva en la literatura colombiana.

 

El mayor Pettigrew se enamora, Helen Simonson (Salamandra)
El lector no encontrará en esta, la primera novela de la británica Helen Simonson, ni oscuridad, ni experimentos, ni sombríos presagios, ni metafísicas reflexiones acerca de la vida. Con una prosa deliciosa de corte clásico y una correcta traducción, lo que aquí se gozará el lector es una novela con una dosis muy generosa de encanto e inteligencia que lo atrapará en seguida. El acierto está en el estupendo retrato de los dos protagonistas: un mayor retirado del ejército británico y una tendera paquistaní, por quienes se acaba sintiendo una ternura infinita, inusual en las novelas de estos tiempos escépticos. La soledad de la vejez y la pasión por la literatura, la tradición y una antigua idea del decoro, se mezclan con una delicadeza y un humor que más que risa provoca sonrisas y asombro ante un tiempo que cambia, en el que se pierde y se gana de las maneras más insospechadas. Los viejos temas del honor, la dignidad y la tolerancia hacen el papel de discreto telón de fondo de una encantadora y excéntrica historia de amor.

 

El incendio de abril, Miguel Torres (Alfaguara)
Definitivamente la fecha del 9 de abril de 1948 ha quedado consignada como el día más aciago de la difícil historia del país. En ese día confluyeron odios ancestrales y se activaron las vertientes violentas que marcaron la segunda mitad del siglo XX. La obsesión de Miguel Torres, cuyo lugar como destacado dramaturgo es incuestionable, por comprender qué pasó durante esa jornada lo ha convertido en el gran novelista del 9 de abril. El incendio de Abril es la segunda novela que escribe (totalmente independiente de la anterior, El crimen del siglo) y es la apasionante narración de los horrores de ese día desde diferentes testigos. Además, es un hermoso testimonio de oficios ya desaparecidos: choferes de tranvía, marqueteros, fotógrafos callejeros. Son voces tan reales y nítidas que el lector logra sumergirse en las calles bogotanas y sentir el pánico y el desconcierto de sus habitantes. El cuadro es tan completo que el autor no se olvida de mostrar cómo vivieron las clases altas este día nefasto y cierra la novela con un episodio tragicómico que genera en el lector una tensión de apasionante novela policiaca.

 

El libro de los susurros, Varujan Vosganian (Pre-textos)
Después de la aparición de este libro el mundo no podrá ignorar la gran infamia de que ha sido víctima el pueblo armenio. Vosganian, con gran reconocimiento como poeta y que también ha sido político, exministro de Finanzas y Economía de Rumania, emprendió la tarea de recoger las voces de los sobrevivientes del silenciado exterminio armenio por parte de Turquía durante el siglo XX. Centrado en la hermosa figura de su abuelo, el narrador le da vida a los personajes que sufrieron en carne y hueso esta irracional persecución, les otorga una voz y los inserta en la historia. En palabras de su autor: “Este es un libro identitario para el pueblo armenio. Entre sus cubiertas se pueden encontrar los rasgos definitorios para este pueblo: las tradiciones, las creencias religiosas, las canciones y los cuentos, los héroes más antiguos o más nuevos, sus melancolías y aspiraciones”. Aquí la palabra la tienen las víctimas que, gracias a la prosa poética de Vosganian, quedan como personajes inolvidables por su sabiduría, resistencia y ausencia de odio que los convierte en paradigmas de generosidad.

 

El rey pálido, David Foster Wallace (Mondadori)
Foster Wallace es un mito. Su ambiciosa y joyceana segunda novela, Broma infinita (1996), lo ubicó como uno de los narradores más cáusticos y geniales de finales del siglo XX, al lado de autores como Jonathan Franzen o A.M. Homes. El rey pálido es una obra póstuma del autor que en el 2008 se ahorcó en su casa de Claremont, California, a los cuarenta y seis años. Años antes, el mismo Wallace había pedido que lo internaran en un psiquiátrico pues se sabía incapaz de poder contener su impulso autodestructivo; en lugar de eso le ofrecieron dictar clases en el programa de Escritura Creativa de la Universidad de Pomona y allí se quedó. Wallace premeditó todo para que, tras su muerte, El rey pálido pudiera ser llevada a la imprenta. En esta novela el autor explora el gélido mundo de la burocracia, el sistema laboral y la rutina norteamericana. Wallace describe lo patético e inevitable de esa suerte de spleen que acecha a cada instante al sujeto moderno, solitario en el ordenado caos de las grandes ciudades. Llena de trepidantes personajes, monólogos sombríos o estadísticas fiscales, El rey pálido es una novela sobre cuán estúpidos pueden llegar a ser los seres humanos y una mirada crítica a la actual sociedad del entretenimiento.                             

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