'De noche andamos en círculos' Daniel Alarcón. Seix Barral

Todos fingen

Gloria Esquivel reseña 'De noche andamos en circulos' de Daniel Alarcón

2014/04/22

Por Gloria Esquivel*

El espectador no se siente cómodo en ninguna parte, pues el espectáculo está en todas partes”. Con este epígrafe de La sociedad del espectáculo de Guy Debord, el escritor Daniel Alarcón introduce su más reciente novela De noche andamos en círculos, la historia de tres miembros de un grupo de teatro político cuyos destinos se transforman al salir de gira.  Alarcón, quien ha cosechado un amplio reconocimiento en los Estados Unidos al ser incluido en la lista Granta de los 21 novelistas jóvenes más importantes de ese país y quien en 2007 fue merecedor de una beca Guggenheim, también se ha hecho un nombre dentro de las letras latinoamericanas al ser parte del grupo Bogotá 39 y una de las cabezas detrás de Radio Ambulante, un proyecto de crónicas radiales en español que puede escucharse gratuitamente en internet.  Y es que su obra ha sabido conciliar las dos orillas de su propio origen migrante. Nacido en Perú y criado en Alabama, este libro escrito en inglés trata con una enorme familiaridad las complejas realidades políticas de los años de Sendero Luminoso.

De noche andamos en círculos cuenta la historia de Nelson, un joven actor que consigue un rol en la obra El presidente idiota. Alarcón compone una compleja narración que constantemente está preguntándose hasta qué punto el día a día es también una gran puesta en escena en donde actuamos un personaje. Para esto se vale de sofisticados recursos formales como reemplazar de repente el nombre de los actores por el nombre del personaje que representan, o con reflexiones sobre el teatro y la vida. Sin embargo, los juegos narrativos que Alarcón propone no se quedan solamente allí: construye la novela como un misterio policial guiado por un narrador cuyas entrevistas a los personajes secundarios resuenan con las maniobras de Bolaño en Los detectives salvajes. Esta decisión resulta desafortunada en ciertos momentos, pues le da otra vuelta de tuerca innecesaria al hacer de ese narrador un personaje cuya injerencia en la acción final no queda del todo clara. Lo que ya de por sí es un intrincado juego de espejos en donde todos fingen, cobra un matiz aparatoso al incluir a ese joven periodista que quiere aclarar los hechos. A pesar de esto, la novela conserva su fuerza. Y esto es una muestra del carácter voraz de la propuesta narrativa de Alarcón. Solo queda esperar a ver el potencial que podrán alcanzar sus próximas obras si siguen motivadas por ese espíritu tremendamente ambicioso.

 

* Periodista.

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