'Negra' Wendy Guerra. Anagrama

Una negra inconforme

Ana Cecilia Calle reseña 'Negra' de Wendy Guerra.

2014/04/23

Por Ana Cecilia Calle*

Desobediente, cimarrona: escapista. Nirvana del Risco, modelo de pasarela, es nieta de Cuca Gándara y amante de Jorge, de Phillipe, de Tom, de Lu, hija de la Negra, que era amante de Claire, la francesa que abandonó su casa de París por irse a La Habana. Nina viaja entre París, Marsella y Cuba: camina y escucha a sus muertos, rezonga, resiste. La última novela de la escritora cubana Wendy Guerra tiene como protagonista a una negra que no se conforma. La voz crea un tejido narrativo que juega y se desdobla, se hace denso, inverosímil, para que Nina pueda hacer el ejercicio continuo de definirse, y esa definición es una declaración de principios, una defensa: soy mujer, soy negra; no soy como ellos (ellos es Occidente, los cubanos blancos, la institucionalidad sudorosa de un país del Caribe); no voy a dejarme imponer el orden del mundo; voy a sentir, voy a tensar las cuerdas de la vida hasta romperlas.

La narración está enmarcada en cuatro grandes momentos: estar en Cuba, salir de Cuba, volver, reconocerse en Cuba; casi como movimientos de una pieza musical (dos partes de la novela inician con fragmentos de obras de Ignacio Cervantes y Ernán López-Nussa). Nina sale de Cuba porque Cuba asfixia: la rigidez del racismo explayada en la escena del aborto de un hijo que no puede tener porque ella es negra y el hombre es blanco. El retorno a Cuba es la certeza de que si pertenece, es allí, si debe “fundar” no es en otro lugar que aquel en el que están sus raíces, sus cuerdas tensadas, sus contradicciones, y no en una Francia difícil.

Nina decide hacerse al margen de un orden de cosas que la identifican pero que no le pertenecen del todo: el mundo misterioso de la religión afrocubana que domina la abuela Cuca; la política isleña; la Revolución en la que vivió su madre. Nina hace parte de una generación que ha decidido no creer, que casi reclama el sujeto en tránsito, en búsqueda. La novela entiende el mundo con las claves de un universo femenino, y así Nina se afirma a cada paso: en su deseo por hombres y mujeres, en el reto constante a una sociedad que la quiere vulnerable, y a la que ella responde altiva, enunciando sin temor sus fortalezas y carencias.  Y en todo ese abandono y ese choque, en el descreimiento de una muchacha hermosa y ruda (diríase, una heroína), se cuela el lirismo de los libros de poemas de Guerra:  “Yo soy el borrón en tu muro. Caña sembrada, (...) quemada por negros; cobrada por blancos”; negra que es “rosas, cacao, hierbabuena, almendras y amoníaco” cuando cae, al final de la historia, después de llevarnos hasta los rincones más absurdos de su Cuba traicionera, en una búsqueda que es, también, la de otras negras, de otras más o menos mulatas o, por qué no, la de la misma Wendy Guerra.

 

* Editora de la Editorial de la U. Javeriana

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