Claudia Roth Pierpont

50 tardes con Roth

Su amistad con Primo Levi o con Milán Kundera, sus amores y desamores, el proceso de su escritura, todo está en el libro de Claudia Roth Pierpont que analiza la obra de Philip Roth. Arcadia la entrevistó.

2013/12/12

Por Santiago Wills. Nueva York.

En el 2004, poco tiempo después de publicar un reportaje en el New Yorker sobre el antropólogo alemán Franz Boas, Claudia Roth Pierpont recibió un sobre de Connecticut que contenía un recorte de prensa relacionado con su artículo y una pequeña carta firmada por Philip Roth. La reportera había conocido fugazmente al escritor durante una fiesta dos años antes. A pesar de compartir el mismo apellido, no tenían relación alguna, así que le sorprendió la comunicación.

Pronto se enteró de que era una práctica común de uno de los eternos candidatos al Nobel por parte de Estados Unidos. Roth Pierpont le escribió de vuelta y eventualmente se convirtió en una de las primeras lectoras de los manuscritos del autor. Tras enterarse por el propio autor sobre su decisión de abandonar la ficción en el 2010, Roth Pierpont decidió trabajar en un ensayo sobre la monumental obra de su amigo. El ensayo se convirtió en un libro de alrededor de trescientas páginas que mezcla crítica literaria con reportaje, biografía y conversaciones que recuerdan a Boswell y a Johnson. El libro rescata algunas de las obras olvidadas de Roth, al tiempo que contextualiza los libros dentro de la vida del escritor.

Arcadia habló con Roth Pierpont en Nueva York sobre la personalidad de Roth, los encuentros con Primo Levi y Milan Kundera, y sobre la salida del espectro, la vida del escritor después del retiro.

¿Qué fue lo más sorprendente que aprendió acerca de Roth durante sus charlas?

Lo primero que me llamó la atención fue darme cuenta de que Roth es un hombre afectuoso, a quien le gusta escuchar a los demás, de que no era, como temía inicialmente, un hombre intimidante. Esa fue mi primera lección. Pienso que su generosidad y su disposición a hablar conmigo durante tantas horas sobre sus libros fue algo extraordinario. No podía creer mi suerte, en realidad, que él estuviera dispuesto a programar sesión tras sesión. Yo simplemente le decía: “Quiero ir y hablar un poco sobre Pastoral americana”, y él separaba un par de horas para ello. Yo llegaba a su casa con una larga lista de preguntas y hablábamos durante horas. En muchos sentidos, entonces, su disponibilidad y su generosidad me sorprendieron.

Conocía a Roth en el 2004 y aunque no nos veíamos regularmente, sí nos encontrábamos de vez en cuando. Luego decidí empezar a escribir lo que creí iba a ser un ensayo, en 2011. No sé cuántas veces nos reunimos, pero puedo decir que sin duda fueron más de cincuenta. El proyecto tardó más de dos años, así que nos veíamos a menudo, sobre todo porque él ha escrito muchos libros.

Él ya se había retirado. Ese es un hecho muy importante. El público en ese momento no sabía que Roth había dejado de escribir, pero él lo sabía y yo lo sabía. Si hubiera estado escribiendo otra novela en ese momento, nada de esto hubiera sucedido. Habría estado trabajando en algo nuevo todo el día y su mente no habría estado ahí para mí. Pero el hecho de que tuvo ese tiempo, de que él mismo sentía que había finalizado un gran ciclo, por decirlo de alguna manera, le permitió mirar atrás y ver su obra como un todo. En ese sentido tuve mucha suerte, pues estuve ahí desde el principio, mientras esos pensamientos aún estaban frescos en su mente y mientras miraba hacia atrás.

En su libro, menciona varias veces la importancia de Maggie Williams en la vida de Roth. Maggie fue su primera esposa, y lo engañó llevándole una prueba de embarazo positiva que le había comprado a una desconocida. Roth pagó por un aborto ficticio y se casó con ella al poco tiempo. El episodio parece haberlo marcado de por vida.

Roth ha escrito sobre esto, así que lo único que tuve que hacer fue precisar esos sentimientos, en cierto modo. Él la conoció cuando apenas tenía veintitrés años y se casó con ella a los veinticinco. Aunque trató de divorciarse de ella, nunca lo logró. Se separó de ella luego de tres años y medio juntos y se vio obligado a darle ayuda financiera hasta que ella murió trágicamente en un accidente automovilístico en 1968. Ella fue uno de sus primeros amores. Fue una relación tremendamente difícil, una relación asfixiante que lo dejó económicamente agobiado incluso después de que logró escapar de ella.

Roth escribió compulsivamente acerca de Maggie durante años, libro tras libro. Cuando ella era buena, un libro que casi nadie recuerda hoy en día, trata sobre ella. Es una obra fascinante, con una protagonista femenina, y fue un intento por parte de Roth de tratar de entender cómo esta mujer llego a ser quien fue, cómo se convirtió en una especie de fuerza oscura en su vida, una fuente de rabia y de dificultad, una presencia enloquecedora. El resultado es un fascinante análisis de una joven inteligente que crece durante los años cincuenta en un estado rural, sin oportunidades reales. Sus únicas posibilidades son el matrimonio y la maternidad, y esto deforma la personalidad de esta joven ambiciosa y brillante. Esas frustraciones la convierten en la persona difícil y complicada que Roth conoció.

Él en realidad nunca logró sacarse de encima ese matrimonio. Él mismo lo dice –en parte como un chiste, aunque hay una gran parte de verdad detrás de esto–: que la oscuridad y las dificultades de este matrimonio fueron lo que le permitió romper con lo que él llama su carácter de “niño bueno”, que eso fue lo que le permitió convertirse en algo más que un escritor decoroso. Maggie lo convirtió en un pensador indecoroso y lleno de rabia, y por ende en un escritor con las mismas características. Maggie lo condujo al psicoanálisis y sin ello nunca habríamos tenido El lamento de Portnoy, y sin esa novela no veo cómo podría haber escrito cualquiera de los libros de Zuckerman. Hay una especie de reacción en cadena que está atada a la figura de Maggie, a los intentos de Roth por entender qué diablos le sucedió tras estar con ella. Y por otro lado, creo que para él hay un gran alivio hacia el final de los años setenta, cuando finalmente logra romper con la influencia de Maggie al inventar a Nathan Zuckerman en El escritor fantasma.

Roth se libera del espectro de Maggie y entonces tenemos algo completamente diferente. Algo más grande y más importante entra en juego en su escritura. Tenerla fue muy importante para su trabajo y librarse de ella, también fue tremendamente importante para lo que lograría después.

Teniendo en cuenta lo anterior, hubo una línea al final del libro que me sorprendió bastante. Roth dice lo siguiente, refiriéndose a Maggie: “Ojalá nunca hubiera sucedido. Incluso si ella fue la que me dio todo”.

En el momento en que dijo esa frase, que me pareció muy emotiva, Roth no se estaba sientiendo muy bien. Acababa de salir de una cirugía de espalda y estaba reflexionando sobre una vida diferente que tal vez habría podido vivir, una vida sin toda la angustia que ella le causó. Y ciertamente esa especie de contravida fue siempre atractiva en cierto nivel. Pero creo que estaba en un momento particular cuando dijo esa frase, imaginando una vida más tranquila, más dulce, más corriente y normal, una vida que podría haber vivido si ella no hubiera estado.

¿En algún momento Roth ha expresado algún tipo de remordimiento de su vida como escritor?

Roth es un hombre que ama estar junto a otras personas. Tiene muchos amigos y relaciones cercanas, y, sin embargo, ha logrado pasar una gran parte de su vida encerrado en un cuarto, tejiendo oraciones y produciendo libros. Él ha expresado de tiempo en tiempo esa añoranza por una conexión con las personas en su ficción, especialmente en la primera trilogía de Zuckerman, cuando Nathan dice que está cansado de estar encerrado en una casa siendo un escritor y comiendo solamente palabras. Zuckerman decide que quiere ser médico y se dirige a una escuela de medicina. Creo que esa es una divertida parodia que expresa ese otro lado de la personalidad de Roth.

No digo que ese lado debería haber triunfado, y tenemos suerte de que nunca lo hiciera, pero le he oído en varias ocasiones expresar interés en la manera en que vivía Primo Levi: un trabajo en una fábrica durante el día y luego escribir en casa en la noche. Roth me dijo: “Hay momentos en que habría matado por tener esa clase de conexión humana mientras escribía”. No obstante, él sabe que tomó la decisión de vivir esa clase de vida. Todos sabemos que tomamos una decisión y que a raíz de esa decisión hay muchos caminos que no vamos a poder tomar. Esas opciones ya cerradas siempre nos van a atraer, pero eso no significa que nos vayamos a arrepentir de no haberlas tomado.

Relacionado con Primo Levi, pienso que uno de los momentos más conmovedores del libro es el capítulo en que trata la relación entre Roth y Levi. Formaron una amistad increíblemente cercana en un muy poco tiempo. ¿Por qué crees que crearon un vínculo tan fuerte en cuestión de días?

Es una pregunta muy interesante y solo puedo ofrecer pura y llana especulación. Roth realmente admira la obra de Primo Levi. Lo venera. Y creo que llegó a la reunión en que se conocieron con esos sentimientos. Por otro lado, creo que Levi también apreciaba la obra de Roth. Algo que no pude mencionar en el libro es una historia tardía de Levi en la que invoca un gran número de personajes ficticios. Todos se encuentran en una isla y uno de ellos es Portnoy. Pienso que la admiración mutua fue una parte importante de esa relación.?También estaba esa especie de encuentro a través de la historia, por decirlo de alguna manera. Roth ha tenido gran simpatía por los judíos que nacieron en Europa, que vivieron vidas muy diferentes de las de aquellos que nacieron en Estados Unidos. Siempre tuvo un gran interés y una gran fascinación por las vidas que él habría podido vivir si hubiera nacido al otro lado del Atlántico. Primo Levi, Ivan Klíma, Aharon Appelfeld: personas que vivieron experiencias que él podría haber vivido si no hubiera sido estadounidense. Todos pasaron por los campos de concentración en algún punto. Y pienso que la reunión de Roth y Levi supuso el encuentro a través de la historias de dos tremendas experiencias judías en el siglo XX, de dos escritores brillantes que estaban interesados en conocerse.

Sé que Roth quería conocer a Levi. Y aunque no conocí a Levi, por lo que he visto en videos, parece que era una persona con una naturaleza inquisitiva, una persona abierta que no estaba para nada cerrada a los demás. Se ve que le interesaba mucho el mundo a su alrededor. A ambos les preocupaban los mismos problemas. Vivieron dos lados diferentes de los mismos problemas y creo que estos factores contribuyeron a estrechar ese vínculo que se formó cuando se conocieron.

Ciertamente se encontraron tarde, sobre todo tarde en la vida de Levi. Eso hace que uno se agarre con mucha fuerza de esa persona que uno acaba de conocer. Después de todo, ¿cuánto tiempo puede quedar? En este caso, resultó ser mucho menos del que cualquiera hubiera imaginado.

A mediados de los setenta, Roth viajó a Europa del Este muchas veces. Allí habló con algunos de los escritores más importantes del otro lado de la Cortina de Hierro. De allí nació una importante serie llamada Escritores de la otra Europa. ¿Qué tan importante fue el papel de Roth en presentar la obra de Kundera en Estados Unidos?

Kundera se había mudado a Francia en 1975, así que ya era reconocido en ese país. Pero en Estados Unidos no. Tal vez un par de personas que estaban al tanto de la literatura checa lo habían leído en francés. Algunos de sus libros habían sido traducidos pero en ediciones muy pequeñas. En Estados Unidos nadie se había dado cuenta en realidad de que había un escritor, Kundera, escribiendo todas estas obras maravillosas y diferentes. En ese sentido, Roth fue en gran medida responsable de formar la reputación de Kundera en Estados Unidos. Roth aún cree firmemente en la habilidad de Kundera, y también se siente muy orgulloso de haber introducido la obra de Danilo Kis a los Estados Unidos en esa serie.

En uno de los últimos capítulos del libro, hay un momento en que Roth empieza a recrear una de las escenas más memorable de la película Toro salvaje de Scorsese. ¿Cómo fue esa situación?

Estábamos sentados en la sala de su casa. Hablábamos sobre la Trilogía americana. Yo estaba tratando de entender y reunir los temas que él creía que existían en su obra tardía. Roth estaba hablando sobre el hombre expugnable, sobre cómo se derrumba la vida del Sueco Levov. Era un ambiente melancólico. La luz de la tarde se desvanecía en las ventanas. De repente, Roth estaba parado, riendo. Es un gran actor y de un momento a otro estaba interpretando al ensangrentado y magullado Jake LaMotta de Robert De Niro. Boxeaba y avanzaba hacia mí, y en otras palabras quería decir que “sí, ellos pueden derrumbarse, pero no yo”.

Incluí la escena para tratar de mencionar algo importante sobre el libro La humillación, en el que el protagonista se suicida al darse cuenta de que su talento está desapareciendo. Incluso si Roth sentía en ese entonces que cada vez era más y más difícil escribir libros en ese punto de su vida, e incluso si creía que su habilidad no era la misma de antes, su reacción fue sentarse y escribir otro libro. Su reacción fue simplemente seguir adelante. Roth siente mucha empatía por personajes como Levov y por las personas a las que la vida las ha derrumbado, pero él siempre se va a levantar.

En una de sus cartas a Max Brod, Kafka escribe: “Un escritor que no escribe es, de hecho, un monstruo cortejando la locura”. Todo lo contrario parece ser verdad acerca de Roth, quien parece llevar una vida feliz después de su retiro.

Sí, pienso que está contento. Está, además, produciendo una gran cantidad de páginas, ninguna de las cuales es ficción. Trabajó conmigo en un par de cosas y está trabajando con su futuro biógrafo [Blake Bailey, biógrafo de John Cheever y Richard Yates], revisando material y aclarando datos. Aún está involucrado en la escritura en un modo significativo, pero ya abandonó la ficción. No creo que eso lo convierta en un monstruo [se ríe], aunque pienso que es diferente cuando uno decide retirarse a los ochenta años. A esa edad, dejar de escribir ficción simplemente significa retirarse y estar dispuesto a descansar.

Roth ha sufrido varios problemas de salud últimamente. Se está recuperando bien. Fue hospitalizado no hace mucho por una infección durante una semana. Nada grave. Tiene muchas dificultades con su espalda. Cuando esté fuerte nuevamente, no es imposible que vuelva a escribir ficción. Pero yo no contaría con eso. Él hace todo lo que puede para disuadir esa clase de palabras. Le he oído decir: “Si aún estuviera escribiendo, haría a, b y c, o tal vez me agarraría de esto”. “Bueno, ¿y por qué no lo haces?”, le pregunto. No he recibido respuesta.

*Imagen: Philip Roth en su casa en Connectucut. Tomada por Francois Reumont.

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