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“Francia no es de extrema derecha”

Considerada una de las más potentes voces de su generación, la escritora francesa ha publicado libros que se han convertido en metáforas contundentes en su país. Arcadia la entrevistó en Buenos Aires a propósito de su más reciente libro y la compleja situación que atraviesa la Francia de Hollande.

2014/11/19

Por Daniel Riera* Buenos Aires



Marie Darrieussecq pasó en el mes de septiembre por la Argentina en ocasión del reciente Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, que pese a su título también se desarrolló en Santiago de Chile y en Montevideo. En Buenos Aires, la escritora francesa participó en una curiosa velada sobre literatura y militancia, básicamente para decir que su militancia consistía en escribir los mejores libros que puede y para sorprenderse cuando el escritor uruguayo Gustavo Espinosa le atribuyó ciertas declaraciones misóginas a Roberto Bolaño que solo existían en su imaginación. Para quienes no la han leído, tal vez sea necesario explicar un poco en qué consiste la literatura de Darrieussecq. Pensemos en esos pasteles rellenos de armas automáticas que llegan a manos de los presidiarios. “Mi ambición literaria –explicará la propia Marie mientras toma el té en un bar del barrio de Palermo– es más bien proponer libros con una línea narrativa bastante sencilla: mi marido ha desaparecido, soy blanca y me enamoré de un negro, o me estoy convirtiendo en un cerdo… Embarco a los lectores en una buena historia, y en el medio de esa historia sencilla, tienes que pensar. Todo es más complejo de lo que parece. Mi generación escribe contra el Nouveau Roman. Aquellos escritores fueron maravillosos, pero tenemos que luchar contra ellos, contra la gente que cree que la buena literatura no tiene personajes. Mi generación ha buscado reponer a las historias y a los personajes en nuevas formas, en nuevas maneras”.

Marie habla en tres idiomas: español, francés, inglés. Su español es muy correcto, pero cuando teme no poder expresarse con suficiente claridad salta al modo francés y confía en que su traductora logrará reproducir fielmente lo que ella dice a velocidad supersónica. En algún momento de la conversación pensará, sin embargo, que el inglés es el idioma apropiado para expresar un concepto equis, y entonces hablará en inglés. Para no aburrir al lector no dejaré constancia de cada uno de esos saltos en el momento en que ocurren. El último libro traducido al español de Marie es la novela Clèves: una historia de niñas muy promiscuas a las cuales lo único que les importa es el sexo. Niñas de principios de los ochenta, la época en la cual la propia Marie era niña.

–En los años ochenta ocurrió una cosa insólita, totalmente nueva para la sociedad francesa: después de una tradición de siglos que suponía que las mujeres tenían que llevar vírgenes al matrimonio, en esos años fue todo lo contrario. Si no lo habías hecho antes de los 20, no eras nadie. Y para los varones era igual. Para las muchachas, el asunto fue toda una novedad gracias a los métodos anticonceptivos. Nos encontramos bombardeadas de información contradictoria. Eso es lo que intento transmitir en Clèves: hablar de ese desorden, pero no de un desorden moral porque no lo veo así, sino de un desorden efectivo en el comportamiento de los cuerpos, porque no sabíamos qué hacer, y cómo reaccionar ante otro cuerpo, y nuestros padres tampoco sabían qué decirnos, y los abuelos miraban la cuestión de afuera. Cuando yo le dije a mi abuela que me iba a vivir con un hombre sin estar casada, la abuela me dijo que dejara de estudiar y que me pusiera a tomar clases de cocina. El malentendido, los equívocos, nunca fueron tan constantes como en los ochenta. Cuando yo era niña era completamente torpe. No sabía si tenía que practicarle sexo oral al hombre, o si él tenía que meterla. Nos pasábamos la vida tratando de adelantarnos a nuestro deseo real. Ansiábamos las cosas, no solo para hacerlas sino para contarlas a nuestras amigas. Apenas una lo había hecho, lo primero que hacía era llamar a otra para darle el detalle técnico. Ahora pienso que la vida sexual en realidad empieza cuando lo haces de nuevo y te empiezas a callar, ya no dices: “Es la vez número 15”… Clèves fue escrito con esa profusión de frases que emplean constantemente los adolescentes, incluyendo palabras que ellos no saben bien qué quieren decir, como “narcisismo” o “carismático” (risas)…

En 1996, Marie se presentó de una manera por lo menos espectacular. A los 27 años publicó su primera novela (Truismes, traducida como Marranadas). Esta historia de una mujer que se convierte en cerdo en una sociedad que se va animalizando y mientras se animaliza desemboca en el fascismo, vendió solo en Francia 120.000 ejemplares. Además de ser un best seller, Truismes es una buena novela. “Lo digo con toda modestia, pero de alguna manera era el libro que la gente estaba esperando. Hablaba a la vez del fascismo y del cuerpo de la mujer. Es muy lindo el éxito, pero también mucha gente quedó escandalizada. Yo creo que es una novela bastante graciosa, pero mucha gente la leyó en Francia de una manera muy seria y se sintieron muy tocados. Yo tenía 27 años cuando pasó todo esto y recibí muchísimas cartas anónimas donde amenazaban con violarme: no con matarme, sí con violarme. Dentro de esas cartas había sobres con pelo pubiano, papel higiénico sucio, orejas de chancho… Todo era bastante violento. Las amenazas eran a la vez sexistas y racistas, porque todos insistían en que me iban a mandar árabes para que me violaran, porque hay una escena del libro en que la protagonista tiene algo con un árabe. Ese pasaje del libro volvió loco a más de uno”.

Conversamos sobre Truismes en un momento crucial de la historia francesa: de la mano de Marine Le Pen, es muy probable que la tierra de la Libertad, la Legalidad y la Fraternidad tenga en poco tiempo un gobierno fascista elegido por el pueblo. Sin embargo, Marie dice que no es ese el futuro que pronosticaba su novela: ese futuro –como dice una canción muy famosa de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota– llegó hace rato.

“Volví a leer Truismes cuando la adaptó en la Argentina y en Francia Alfredo Arias. Yo no la había vuelto a leer en muchos años. Observé que en la novela el presidente tiene relojes enormes, sale con una top model, vive en fiestas de lujo… era como un vivo retrato de Nicolás Sarkozy, más que de Le Pen… En la novela a los inmigrantes los meten en aviones para deportarlos. Cuando salió la novela chocaba mucho esa idea, y en la novela salía un avión por semana, pero con Sarkozy era lo más habitual: los aviones salían todos los días y nadie hablaba de eso. Sigue siendo exactamente igual con Hollande. Hoy en día están todos mirando a las muertes en Lampedusa, pero nadie habla de los aviones que salen de Francia. Este universo de la novela es casi como lo que ocurre hoy. No sé si hay que reír o llorar, pero así es… No hace falta esperar a Le Pen.

¿Quiere decir que un eventual gobierno de Marie Le Pen no será peor de lo que ya hay?

Marie Le Pen puede llegar a ser la primera mujer presidenta de Francia. ¡Una pesadilla! (risas) Quizá va a ocurrir, pero después de años de angustia, me parece que será como la Austria de Haider, va a durar cinco años, no tiene la fuerza como para dar un golpe, va a mantener un marco institucional. Tampoco va a volver al franco, se va a mantener en el euro. Claro que para los inmigrantes va a ser terrible, pero el derecho a voto, el tipo de escuelas que tenemos, la relación con la Iglesia, todo eso es muy sólido. No puede cambiar todo eso: puede hacer mucho daño, pero vamos a sobrevivir. Antes me decía: “Si Le Pen gana, me voy del país”. Ahora, a los 45 años, me doy cuenta de que hay que quedarse y combatir, pero no va a ser una lucha armada, porque Francia está muy protegida por Europa, me cuesta mucho creer que venga una situación caótica. Será un caso puntual, pero Francia no es de extrema derecha”.


Nada casualmente, la novela que está escribiendo ahora sintoniza con el tema que obsesiona a toda Europa y en particular a los franceses: la inmigración. “Los franceses están conmocionados por el tema porque es permanente la llegada de los africanos al país. Y mueren, claro, en Lampedusa, por ejemplo: en un barco, por ejemplo, murieron más de 50 personas, la mayoría niños. Sigo muy de cerca los intentos que hay en la legislación europea para detener la llegada de inmigrantes. Lampedusa es un símbolo de esta postura contradictoria que tiene el país: no queremos que vengan más, pero tampoco queremos que mueran. Por un lado hay una postura humanista; por el otro hay horror y el flujo migratorio permanente aterroriza a la mayoría de los europeos. Yo, personalmente, estoy a favor de abolir las fronteras, que la gente pueda circular libremente. Pero en Francia hay mucho desempleo y prima la idea de que los inmigrantes vienen a sacarles a los franceses el poco trabajo que hay. Eso es toda una fantasía, porque desde luego que los africanos terminan haciendo los trabajos que los franceses no quieren hacer: limpiar, barrer, etcétera. Hay ese horror atávico, ese terror que viene de la colonización, que asocian a los negros con el canibalismo y a la vez les temen a los musulmanes. El otro es el enemigo”.

Cuando Marie publicó su novela El nacimiento de un fantasma, acerca de una mujer angustiada por la desaparición de su esposo, buena parte de los argentinos creyeron que la había escrito pensando en ellos. Era y no era cierto a la vez. “Lo escribí a fines de 1998, en mi burbuja, con mis propios instintos neuróticos, mi familia, la ausencia de un hermano, la imposibilidad de hablar de los muertos de mi familia. Cuando alguien me dijo –en Buenos Aires, en la cara– que la novela era muy pertinente en la Argentina, pensé que era casualidad. Luego recordé que cuando era pequeña, mi madre estaba suscrita a los boletines de Amnesty International, recibía informes sobre las torturas aquí, y yo los leía desde pequeña. Quizá inconscientemente anidé una fascinación por el tema de los desaparecidos”. Más allá de eso, en medio de esta entrevista, se quejó de la traducción. “La primera frase es muy sencilla de traducir. “Mi marido desapareció”. Fue traducida como “Nadie sabe dónde está mi marido”. Cambiaron el punto de vista. Dejo de ser yo el que tiene el control de la palabra, es alguien que constata que “nadie sabe”…Si lo ponemos desde la perspectiva de los desaparecidos en la Argentina, claro que alguien sabe dónde está mi marido: el que lo tomó. Y además, si dices “Nadie sabe dónde está mi marido”, estás diciendo que mi marido estará en algún lugar en el espacio, y yo quise poner en duda desde el principio, esta misma idea de estar en algún lugar. Quizás él se fue a través de una red en el espacio tiempo, a través de algo completamente ‘Bioy Casares’… O sea que esa traducción es falsa, falsa y falsa.

¿Por qué no escribe poesía?

Escribí poca poesía, pero no buena. Necesito una historia, una amplitud, personajes, una estructura psicológica. Una vez escribí un poema y me dije: qué bueno, escribiré otro, pero nunca pude escribir ese otro. Era un poema a propósito de un caracol.


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