?Tim Keppel, nacido en Carolina del Norte en 1955, vive en Cali desde 1995.
  • ?Tim Keppel, nacido en Carolina del Norte en 1955, vive en Cali desde 1995.

La ventaja del forastero

Antes de instalarse en Cali, el estadounidense fue, entre otras cosas, taxista en Nueva York, socorrista en un terremoto en Guatemala y trabajador social en Filadelfia. Su nuevo libro reafirma cómo su condición de extranjero le ha permitido crear una obra capaz de llenar un vacío en las letras colombianas.

2015/08/21

Por Melba Escobar* Bogotá

La primera vez que Tim Keppel viajó a Colombia fue en 1990, tras leer un anuncio en una revista donde ofertaban trabajo para profesores de inglés en el Colombo Americano de Cali. Con su marcado acento americano, dice que jamás había visto esa revista antes en su vida. No sabe qué lo llevó a abrirla, a ojearla, a encontrar el aviso y menos a fijarse en él. Fue así como de carambola acabó en Cali, la ciudad donde se hizo padre, profesor y donde terminó de consolidarse como escritor. Con la publicación de ¿A dónde vas?, Keppel vuelve sobre esos mundos frenéticos de quienes se aferran a un amor que se ha ido, a un lugar que no les pertenece, a un recuerdo como salvavidas para seguir viviendo.

El americano alto y corpulento de ojos azules, pelo canoso, mirada brillante y sonrisa pegajosa fue trabajador social en Filadelfia antes de instalarse en Cali, algo que lo llevó a conocer submundos donde inmigrantes, drogadictos, viajeros, bohemios y desempleados vivían al límite de la pasión y el desaliento. Tal vez en esos mundos descubrió la fuerza de quienes parecen caminar por la vida con la angustiosa adrenalina del equilibrista avanzando sobre la cuerda floja.

Keppel se autodenomina obsesivo y dice haber puesto toda su energía en el basquetbol, hasta cuando comprendió que no llegaría muy lejos y decidió dejarlo por la escritura. Creció en Carolina del Norte, de ahí se fue a Filadelfia, por lo que su condición de extranjero viene de muy atrás.

El forastero es quien narra sus historias, es la mirada lúcida, crítica y a menudo el humor negro que conduce al lector por la vida familiar de un hombre que la habita desde lejos, con extrañeza, incapaz de encajar incluso en su propia familia: “Mucha de la mejor literatura se cuenta desde el punto de vista del forastero, porque cuando una persona es demasiado aceptada y acogida en su entorno pierde la habilidad de observar con perspicacia. De alguna forma, quien está demasiado cómodo o contento con su posición en la sociedad pierde la capacidad de ver”.

Y quizá ese “observar desde afuera”, ese “ser foráneo” incluso a pesar de sí mismo, sea una buena manera de definir a un escritor. Desde esa perspectiva, Keppel aborda una literatura cotidiana, minuciosa, cargada de atmósferas y sensaciones, muy febril, casi táctil, que se regodea en los pliegues y las texturas de lo ordinario, desde un punto de vista capaz de iluminar lo más obvio y preñarlo con nuevos significados: “Tanto en Filadelfia como en Cali, todo era misterioso y fascinante. Es una gran ventaja para un escritor ser un recién llegado. Después de que has estado en un lugar durante un tiempo, tus sentidos se vuelven menos agudos y, como escritor, no quieres caer en repeticiones”.

Luego de pasar un año en Cali regresó a Estados Unidos, hizo un doctorado en Literatura Norteamericana en la Universidad Estatal de Florida y regresó para instalarse. Tal vez intuía que en la ciudad iba a encontrar material para sus relatos, suposición que su producción literaria confirma.

Hoy es profesor en la Escuela de Ciencias del Lenguaje de la Universidad del Valle y celebra la publicación de su tercer libro con la editorial Alfaguara, ¿A dónde vas? luego de Cuestión de familia y Alerta de terremoto. Sus libros se nutren de la vida. Es por eso que antes de instalarse en la capital del Valle, hace ya 20 años, además de su empleo como trabajador social en Filadelfia, fue taxista en Nueva York, socorrista en un terremoto en Guatemala y miembro de los Cuerpos de Paz en Nicaragua.

En Alerta de terremoto, el narrador es un extranjero en Colombia. El absurdo cotidiano de ciertos trámites, lógicas burocráticas y dinámicas culturales, son contadas con asombro y una buena dosis de ironía. Tanto en este primer libro como en Cuestión de Familia y en ¿A dónde vas? encontramos esta lucidez que nos hace ver con asombro aquellas cosas de nuestra cotidianidad que a fuerza de costumbre hemos dejado de percibir como absurdas, ridículas, cómicas, también como heroicas o dolorosas. Keppel es el mago que nos devuelve la vista sobre eso que de tan evidente se nos ha hecho invisible a la mirada.


La metamorfosis

“Cuando empecé a escribir sobre Colombia, estaba escribiendo para un lector gringo, en parte para mí mismo, pero ahora escribo para un lector colombiano (o a mi cada vez más ser colombiano)”.

Con esta afirmación, Keppel vuelve sobre ese ir y venir entre culturas o, más exactamente, entre colores, atmósferas, olores, creencias, pudores, desenfrenos. Al final, detrás de cada gesto hay encriptado un mensaje, una verdad oculta al recién llegado, un dejo que se escapa sin remedio y que en su afán de interpretar, va traduciendo en historias capturadas con rigor y meticulosidad. Cuando hablamos me saluda diciendo “Hola, hermana, qué bueno oírla”. Sin embargo, su acento es el de un norteamericano. Para el hombre que usa modismos a diario, pero no pierde el acento, el irse volviendo colombiano ha sido también un proceso literario que respira en su obra.

Sin embargo, a pesar de este transformarse en un país ajeno, hay unas preocupaciones vitales esenciales que Keppel, en la madurez de su escritura y de su vida, reconoce como inherentes a sí mismo, sin importar dónde se encuentre: “Después de terminar Cuestión de familia, volví a escribir cuentos que ocurren en Colombia. También escribí algunos nuevos en los que reflexioné sobre mi tiempo en Filadelfia y revisé algunos que había escrito antes. Entre los cuentos hay básicamente 25 años de diferencia, así que se me ocurrió que podían ir juntos en el sentido en que las búsquedas que tienen lugar en una etapa temprana de la vida o en un sitio diferente no son tan distintas de las búsquedas que tienen lugar después, continuamente”.

Y entre esas búsquedas que están siempre ahí, ocurren, están el anhelo y la soledad, la fugacidad de las relaciones amorosas, la constante convivencia del presente con el pasado, en un ejercicio romántico y al tiempo pragmático, doloroso en su afán de capturar algo “misterioso, ambiguo y particular sobre el mundo”, como dice el autor citando a Iris Murdoch.

Los cuentos de Tim Keppel son de una ardiente melancolía, pues en el fondo de su alegría tropical respira una honda tristeza. Es quizá esta ambigüedad en las atmósferas, el claroscuro de las historias, el tono burlón con el que aborda lo trágico, siempre en un territorio fronterizo, críptico y a la vez muy luminoso, lo que hace de sus relatos algo único.

Las historias de amor suelen ser contadas desde la ausencia, casi siempre resaltando su condición efímera, incluso cuando el recuerdo, la nostalgia o el dolor que produjeron en un momento dado permanecen:

“Una razón por la que me gusta escribir sobre las relaciones románticas de los personajes es que es la forma más segura de pelar las capas superficiales y llegar justo al centro para revelar su esencia. La gente siempre está intentando escapar de su soledad, siempre está anhelando una conexión íntima y tales intentos casi siempre terminan en fracaso. Lo que quiero al leer un cuento es tener una experiencia no solo intelectual, sino también emocional. En un cuento puedes lograr una intimidad con los personajes que es muy difícil de alcanzar en el mundo real, incluso con las personas más cercanas. Un cuento puede permitirle al lector reflexionar acerca de sentimientos sobre los que no ha querido o no ha sido capaz de reflexionar en sus pensamientos privados. Puede ampliar y enriquecer sus percepciones, y hacerle sentir, por un rato, menos solo”.

Después de leer ¿A dónde vas?, algunos de los personajes se me aparecen en sueños, en medio de la calle, o en una conversación, como ejemplo de algo que hace tiempo había querido decir sin conseguirlo. Estos cuentos me han hecho compañía, incluso me han perturbado, conmovido, enternecido, en un intenso recorrido de norte a sur, de una fría Filadelfia, a un entrañable trópico.


Norte y Sur

“Cuando tu matrimonio se desbarate, múdate a una ciudad grande. Nueva York, Boston, Filadelfia. Mejor Filadelfia, es más barata. No conocerás a nadie, pero de eso se trata. Alquila un apartamento pequeño en el barrio latino. Sé un espartano. Ya no necesitarás las cosas que antes necesitabas –un carro, una casa, una esposa. Solo creíste necesitarlas. Eras débil e indulgente. Es hora de ser duro y ligero”. “Renovación urbana”, ¿A dónde vas?

Este primer cuento, escrito con las tripas, es una suerte de “manual de subsistencia” cuando el amor se acaba. Está en la primera parte del libro, dividido en cuatro partes; un primer segmento son cuentos que suceden en el norte, Estados Unidos, específicamente en Filadelfia. Luego siguen los del sur, con Cali como escenario, para volver al norte y al final regresar al sur.

Esta suerte de “danza” entre el frío y el calor, entre la salsa y el jazz, entre la pobreza del inmigrante latino y la pobreza del latino local, entre modismos, “slangs” callejeros, paisajes urbanos, sueños, amores y formas de reír, van componiendo un cuerpo de historias que delimitan un territorio familiar vivido con extrañamiento: “Un tema que estoy trabajando tiene que ver con ser un forastero no solo en un lugar sino en la vida”.

Algunos de los cuentos que ocurren en el sur, retratan un Estado burocrático, indolente y a menudo paralizado. Con un delicioso humor negro, Keppel va revelando el absurdo detrás de ciertos trámites, procedimientos legales y requisitos de la justicia. Desde su afilada mirada de forastero, el autor capta con destreza el absurdo y la locura de un país que hace de la violencia una fiesta y de la justicia con mano propia, una forma de redención. Pero el autor jamás pontifica, ni opina, ni editorializa, sino que viene a llenar un vacío en las letras colombianas, con un “realismo del absurdo”, donde la reencarnación de algunos de sus parientes literarios, sus ancestros y maestros más preciados, parecen haber tomado la pluma para retratar a Colombia.

Tim Keppel ha bebido de las plumas de Chéjov, Joyce, Frank O’Connor, Sherwood Anderson, Ernest Hemingway, Isaac Babel, James Salter, Raymond Carver, Richard Ford, William Trevor, Alice Munro, en una línea literaria que, según él, “explora la vida íntima de personas comunes y corrientes con una observación aguda y un enfoque en el misterio humano que las hace edificantes en su sentido trágico y encantadoras en su comedia”.

Con Alerta de terremoto, Keppel nos llevó a reconocer nuestra propia cultura tropical, con una mirada entre familiar y perpleja. Cuestión de familia es una novela delicada, un ejercicio de memoria donde la pérdida de la madre es el centro de una narración llena de matices. Con ¿A dónde vas? Keppel confirma ser un narrador cuidadoso, vivaz, un maestro de los detalles que vino de muy lejos a hacer puerto en el país, una bendición para ver nuestro retrato desde la destreza de una pluma emparentada con las mejores páginas de la tradición literaria norteamericana.

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