Sergio de la Pava

Un combate a 33 asaltos

Tras la publicación en internet hace tres años de su novela A Naked Singularity, el nombre de Sergio de la Pava corría por los laberintos de la web y así lo contamos aquí en ese entonces. Ahora, con el Premio PEN a Ópera Prima, su nombre ha saltado a los medios. El escritor Juan Fernando Merino leyó la novela y entrevistó a su autor.

2013/09/11

Por Juan Fernando Merino. Cali.

La concesión a la novela Una singularidad desnuda del escritor neoyorquino de origen colombiano Sergio de la Pava del premio PEN a la mejor ópera prima, solo vino a refrendar el rumor que desde hace años se venía esparciendo de manera creciente en las publicaciones literarias en lengua inglesa, y en particular las pertenecientes a la llamada blogosfera: había saltado a la palestra un verdadero peso pesado de las letras.

Con una extensión de 678 páginas, treinta y tres densos y trepidantes capítulos, una polifonía de voces digna del más avezado ventrílocuo literario y un abigarrado reparto de personajes –que incluye algunos tan extravagantes como Ralph Kramden, protagonista de una antigua serie de televisión americana, un gerente de hotel llamado Big Mac, un gánster de apellido Ballena y el excampeón mundial de boxeo Wilfredo Benítez–, Una singularidad desnuda no resulta en absoluto fácil de clasificar y mucho menos de sintetizar.

A muy grandes rasgos, la novela –inicialmente autopublicada y distribuida sobre pedido en el 2008 y en el 2011 republicada por la editorial de la Universidad de Chicago– se centra en la saga de Casi, un joven y brillante abogado neoyorquino de padres colombianos que vive en Brooklyn y trabaja en Manhattan como abogado de oficio. En el transcurso de la historia asistimos a lo que sucede cuando su sentido de justicia e incluso su noción de identidad empiezan a resquebrajarse (después de que por primera vez pierde un caso) y acompañamos al protagonista en un encarnizado combate por su integridad y un periplo intelectual de proporciones míticas, con temas, subtemas y corolarios que van desde una crítica feroz al sistema judicial y a los excesos policiales, la elusiva búsqueda de la perfección y los grandes interrogantes filosóficos de nuestro tiempo hasta experimentos con ratas, la receta de la empanada perfecta y las consecuencias inesperadas de la manipulación genética.

Si bien Una singularidad desnuda es un obra en extremo densa, multifacética, abigarrada (algún reseñador la incluye dentro de la tradición de la novela maximalista y otro en el supuesto género del “realismo histérico”), la verdad es que no resulta ser tan críptica ni tan experimental como hacían pensar los primeros artículos de prensa a raíz del premio, las comparaciones con escritores posmodernos como David Foster Wallace, Thomas Pynchon o William Gaddis o como auguran las primeras páginas.

De hecho, el primer capítulo, un verdadero tour de force literario, ofrece una idea patente de la ambición y la dimensión de la novela. Aquí el autor se enfrenta a retos tan exigentes como párrafos enteros sin una sola coma o con muy pocas (especialmente en el inicio), una serie de conversaciones entre Casi y sus clientes que bien podría formar parte de una antología del humor macabro, y una narración en segunda persona en la que el aludido es Usted, el acusado, acusado de lo que sea y anticipadamente culpable, y que en clave satírica deja al descubierto el engranaje corrupto del sistema judicial estadounidense en toda su sordidez y en todo el esplendor narrativo de De la Pava.

A manera de anticipo e ilustración, un breve fragmento del memorable primer capítulo, en traducción tentativa, si bien con el beneplácito del autor:

“Nada de lo cual te indica el proceso exacto por el cual alguien, digamos Tú, se convierte en un cuerpo, una explicación que más o menos prometí implícitamente, así que imagínate que te encuentras en la calle, luego en un incidente, luego la mano de un desconocido está sobre tu testa asegurándose de que no impacte contra el vehículo hecho exclusivamente en USA mitad azul/mitad blanco con la colorida barra en la capota. Imagínalo, es fácil si lo intentas. Ahora la policía cuenta con veinticuatro horas para llevarte en frente de un juez que te instruya de cargos penales pero si perteneces a la especie de los perceptivos vas a supervisar el incesante consumo del Tiempo durante este período y sin embargo detectar acertadamente que no se presenta un correspondiente incremento en la urgencia ambiental.

"Tu primera escala es en la comisaría apropiada en la cual el agente que te arrestó te conduce ante otro policía conocido como el sargento de recepción. El agente le cuenta la historia de tu supuesto pecado y los dos, orador y audiencia, juntan las cabezas para decidir la infracción de cuál sección o secciones de la Ley Penal de Nueva York te van a imputar. Ahora ya has sido informalmente acusado y una vez obviado aquel detalle es posible que te pidan que te quites la ropa (algo cuyo decoro actualmente se sigue debatiendo) y que tengas la amabilidad de abrirte de culo. Este registro de las cavidades es una de las muchas maneras en que todavía podrían surgir cargos adicionales…”.

Mi reino por un pandebono

6 de julio de 2011. La revista de literatura y artes marciales Hermano Cerdo le hace una entrevista a De la Pava, una de las primeras de que se tiene noticia en español o en inglés. Al final el periodista le pide un texto breve que sirva de perfil personal. Este es el texto “biográfico” que les entregó el autor: “Lo más importante que puedes saber sobre Sergio de la Pava es que él no puede entender (y aquí pide la explicación) por qué el pandebono de los Estados Unidos es tan inferior al de Colombia. En Colombia el peor de esos panes tiene mínimo dos partes, la durita de afuera y la que interiormente es una delicia y parece estar derritiéndose activamente. Desde donde escribo estas palabras, el pandebono es, sin excepción, una sustancia tristemente uniforme y desalentadora. Consideren esto un consejo gratis para sus lectores en Colombia: ¡quédense donde están!”.
22 de agosto del 2013. Apartes de la entrevista concedida por el autor a El Molino Online.

“— ¿ Qué sentiste al enterarte de tu nominación? (al premio PEN)?”—Vino de la nada y allá regresará un día. ”—¿Podrías compartir algunos datos personales con nuestros lectores

—No.”

Quienes infieran de los apartes anteriores que a Sergio de la Pava no le gusta en absoluto hablar de sí mismo y de sus coordenadas personales, están en lo cierto. Igualmente quienes deduzcan que sus respuestas pueden resultar frustrantes para los esforzados entrevistadores, que solo están tratando de cumplir su misión, con mayor o menor conocimiento de causa de la novela premiada.

Pero quizás la parquedad de muchas de sus respuestas y la manera en que directa o indirectamente elude otras no correspondan a una afectación ni a una voluntad de forjarse un aura de escritor inaccesible. Quizás es algo que viene de mucho más lejos…

“Tenía cuatro años cuando entré a la escuela y recuerdo muy bien la alienación nerviosa que sentía por ser incapaz de comunicarme; desde entonces y a propósito no he hablado mucho en español ni en inglés”, contó el autor recientemente en un intercambio de emails, algunas de cuyas respuestas fueron efectivamente muy breves pero otras no tanto.

¿Entonces qué se conoce de la vida personal de Sergio de la Pava a partir de lo poco que cuenta en las entrevistas y lo poquísimo que surge de una búsqueda en Google?

Se sabe que tiene cuarenta y dos años, que nació en Nueva Jersey de madre caleña y padre manizalita, que visita Colombia con cierta frecuencia (“Estoy convencido de la otredad electrizante del país”, nos dice), que tiene dos hijos y que al igual que su esposa Susanna y que el protagonista de la novela trabaja como abogado de oficio en una corte penal de Manhattan.

Nada más. ¿Y hace falta más? “Lo que importa es la literatura y que la obra sea como un puño al alma del lector, el resto es chisme”, afirmó en la mencionada entrevista con el El Molino Online.

Aunque nació y ha vivido siempre en Estados Unidos, De la Pava es bilingüe, indistintamente responde las entrevistas en uno u otro idioma y no solo ha tratado de escribir ficción en español sino que, descontento con la traducción de Gregory Rabassa, tradujo al inglés un fragmento de Cien años de soledad que incluyó en Personae (su segunda novela, recientemente publicada).

“Tenía la intención de escribir en español una sección de la novela –nos cuenta– pero el experimento no prosperó por una serie de razones, sin embargo sospecho que ese deseo sigue latente en mí y tal vez fructifique algún día. Al inicio de Personae también traduje un fragmento de Cien años de soledad. Pero la traducción es algo enormemente distinto de la escritura de novelas y en el futuro cercano mi obsesión se va a centrar en las novelas”.

Si bien De la Pava ha saltado abruptamente a la celebridad literaria a raíz del premio PEN, no es un advenedizo a las letras ni mucho menos. Escribe desde los diez años; según me cuenta tardó siete años en la escritura de Una singularidad desnuda, y después de Personae ya está inmerso en la escritura de su tercera novela. Otra cosa muy distinta es que no haya seguido los cauces tradicionales de la mayoría de los escritores exitosos en Estados Unidos y que frecuentemente pasan por estudios universitarios de literatura inglesa, talleres de escritura creativa, publicación de relatos en revistas y periódicos y asistencia a retiros de escritores. Por otra parte, cuando por fin tuvo lista su novela la envió a numerosos agentes y editores y si bien algunos le encontraron amplios méritos se desanimaban con la extensión tan inusitada para una ópera prima. Fue entonces cuando optó por lanzarse al incierto mundo de la publicación por internet, o “impresión bajo demanda”.

El campanazo de alerta de que había aparecido una gran obra y un gran autor lo dio la influyente revista literaria virtual Quarterly Conversation, que la catalogó como “una de las mejores y más originales novelas de la década”. Después vendrían otras reseñas entusiastas, numerosos críticos y lectores se encargarían de echar a rodar por internet la bola de nieve con sus comentarios elogiosos… Y lo demás es historia.

¿Y qué sigue ahora? ¿Qué tanto ha cambiado en la vida de Sergio de la Pava desde la obtención del premio PEN? ¿Se acerca el día en que se retire de su oficio de defensor de oficio y se dedique a escribir?

"¿No ha cambiado nada importante”, nos responde. “Día tras día me levanto y hago lo poco que puedo hacer para combatir una maquinaria judicial tóxica que de manera discriminatoria pretende negarle toda dignidad a los integrantes menos favorecidos de la sociedad estadounidense. No soy tan pusilánime como para dejar de hacer lo que hago porque de repente a más personas les guste una historia que me inventé”.

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