The Beatlespublicó Rubber Soul, su sexto álbum, que fue grabado apenas en cuatro semanas. Los Rolling Stones presentaron Out of Our Heads bajo el sello London Records.El 30 de agosto de 1965,Bob Dylan publicó, bajo el sello Columbia, Highway 61 revisited. A su derecha, las portadas de The Who y The Byrds, dos icónicos álbumes del mismo año.
  • 1965 supuso también la transformación de Bob Dylan: de héroe folk a rockero.
  • Los Rolling Stones en Londres el 22 de julio
  • la policía contiene a unas fanáticas de The Beatles a las afueras del Palacio de Buckingham el 26 de octubre; The Beatlesen un concierto en Milán, en junio.

El año en que el rock cambió

1965 fue el año de “Like a Rolling Stone”, de Bob Dylan; de “Satisfaction”, de los Rolling Stones; de “My generation”, de The Who; de “Yesterday”, de los Beatles; de “Mr tambourine man”, de los Byrds. Un año sin el dramatismo de Mayo del 68 ni el fastuoso espectáculo de Woodstock. Pero un año determinante, tal vez el más determinante en la historia del rock y del pop.

2015/03/27

Por Eduardo Arias Villa* Bogotá

Cuando se mencionan los años mágicos de la historia del rock por lo general se aterriza en el 1956 de la explosión de Elvis y su pelvis; el 1967 del verano mágico del amor, del Sargento Pimienta y el surgimiento de Pink Floyd, Jimi Hendrix y los Doors; el 1977 de los Sex Pistols y el jubileo punk; en el 1987 del Joshua tree de U2, el 1991 del Nevermind de Nirvana. Por no hablar, claro está, del mítico 68 de las revueltas de París, Chicago, la primavera de Praga y la matanza de Ciudad de México; o del 69 del hombre en la Luna, los festivales de Woodstock y Altamont.

Ante tal avalancha de símbolos contundentes que caracterizan a otros años de la década de los sesenta, 1965 suele pasar más bien de agache. Un año aún enmarcado en las cándidas modas del ‘swinging London’, un año de escalada bélica en Vietnam pero aún anterior a la protesta generalizada y mediatizada; un año aún muy permeado por la Beatlemanía y el ‘yeah yeah’ de canciones de amor escritas para adolescentes. En síntesis, un año muy pop y más bien poco rock. Pero una inmersión en los vericuetos de 1965 muestra que fue el año más determinante de la historia del rock y, además, el año en que vieron la luz varios de los principales himnos de toda su historia.

Aunque las listas no son más que eso (listas) y están marcadas por toda suerte de subjetividad, no deja de llamar la atención que la revista Rolling Stone, en su edición de las 500 canciones más importantes de todos los tiempos, señale que las dos primeras son de 1965. Entre las 20 primeras hay cuatro, y ocho en las primeras 50. Es decir, una de cada cinco canciones importantes es de 1965.

Pero este listado es apenas un indicador epidérmico. Porque lo que realmente hizo tan importante a 1965 fueron los intrincados y a veces difíciles de rastrear cruces de influencias que, en cuestión de muy pocos meses, le cambiaron para siempre la cara al rock y a la música pop en general. Las portadas de los álbumes, aunque todavía de manera tímida, comenzaron a “decir cosas” y no únicamente a promover los artistas a través de una foto con muchas sonrisas.

A propósito de álbumes, es cierto que en 1965 no hubo un álbum emblemático y contundente como pudieron serlo Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band, de los Beatles (1967); The dark side of the moon, de Pink Floyd (1973), London calling, de The Clash (1979), o Nevermind, de Nirvana (1991). Pero debe recordarse que en 1965 la industria de la música popular giraba todavía al compás de los discos sencillos de 45 revoluciones por minuto y los álbumes eran por lo general compilados de canciones en los que se incluían muchas veces algunas consideradas de relleno. Pero, ojo, 1965 es el año de Rubber soul, de los Beatles; Bringing it al back home y Highway 61 revisited, de Bob Dylan, así que aún en ese rubro también fue un año con cierto peso.

 
The Beatles en un concierto en Milán, en junio.

¿Cómo estaban las cosas al despuntar aquel año? A grandes rasgos, los Beatles dominaban el panorama. Desde febrero de 1964 sus giras y conciertos desataban la histeria colectiva en el mundo entero. Estados Unidos parecía haberse rendido no solo a los Beatles sino al rock que llegaba de Gran Bretaña, con bandas como Gerry and the Pacemakers, The Animals y, no tan famosos aún, unos tales Rolling Stones.

Estos grupos traían de regreso a Estados Unidos canciones que habían sido escritas en Chicago y otras ciudades de Estados Unidos por artistas como Muddy Waters, Willy Dixon, John Lee Hooker, canciones que en su momento habían estado confinadas en el gueto de las listas de música negra (race músic, también bautizada como rhythm ‘n blues), y que ahora le llegaban al gran público blanco de Estados Unidos luego de haber sido procesadas por muchachos de Londres, Newcastle, Liverpool o Manchester. Ellos habían atesorado esos discos de sus héroes negros que conseguían importados en su país, en gran parte gracias a los marineros que los llevaban al Reino Unido.

Los Beatles, portavoces de la llamada invasión británica, les abrieron las puertas de Estados Unidos a otras agrupaciones de Liverpool como Gerry and the Pacemakers, Herman’s Hermits de la vecina Manchester, The Animals, de Newcastle, así como un par de bandas de Londres conocidas como The Rolling Stones y The Who. Los Rolling Stones se hicieron sentir con la inquietante balada “Play with fire”, la extraordinaria y a ratos subvalorada “The last time” y, por supuesto, “Satisfaction”. The Who rompió paradigmas con “My generation”, la también inglesa Petula Clark también dio de qué hablar con su deliciosa canción “Downtown”, mientras que Australia debutó en las grandes ligas de Billboard y el New Musical Express de la mano de The Seekers, un cuarterto pop-folk de Melbourne cuyo gran valor agregado era la prodigiosa voz de Judith Durham. A lo largo de 1965 impactaron con “I’ll never find another you”, “A world of our own” y “The carnival is over”.

En Estados Unidos, sin embargo, no solo se vivía de lo que llegaba por oleadas desde Gran Bretaña y su antigua gran colonia insular.

En varias ciudades de Estados Unidos, en particular Detroit, la música negra se consolidaba a pasos de gigante. Bajo el paraguas genérico de soul se cubrían gran cantidad de talentosos artistas, herederos directos del rhythm n’ blues, el gospel y el jazz, algunos con sus ritmos envolventes, otros con melodías suaves y refinadas marcadas por la llamada y respuesta entre el solista y el coro. En 1965, la andanada de éxitos no se hizo esperar. El grupo vocal The Temptations, con su vocalista líder David Ruffin, logró la fama con “My girl”. Otro trío vocal, The Supremes, donde cantaba Diana Ross, puso a sonar aquel año varias canciones, entre ellas “Stop! In the name of love” y “Back in my arms”. The Miracles, el grupo de Smokey Robinson, lanzó el álbum Going to a go-go, donde se incluyeron los top 20 “My girl had gone”, “Ooo baby baby”, la canción que le da título al álbum y la clásica “The tracks of my tears”. Por su parte, los Tour Tops la sacaron del estadio con “I can’t help myself” y Jr. Walter & The All Stars tuvo su cuarto de hora de gloria con “Shotgun”. La lista completa es mucho más larga.

En la costa oeste de Estados Unidos, los Beach Boys intentaban, y con éxito, ser la contraparte de los Beatles. Este grupo, inventor del llamado surf rock, se caracterizaba por producir canciones facilonas y pegadizas, en las que destacaban los arreglos vocales. En 1965 su gran éxito fue “California girls”. Los Ángeles también aportó un par de exitazos por los lados de The Mamas and The Papas, con “California dreaming” (un llamado para convertir a California en el efímero paraíso que sería un par de años después), y el dúo Sonny and Cher, responsables de “I got you babe”.

 
1965 supuso también la transformación de Bob Dylan: de héroe folk a rockero.

La música folk, muy asociada a la lucha por los derechos civiles y otras manifestaciones sociales y políticas en un país convulsionado por el racismo, tenía en Bob Dylan a su gran héroe, quien le había compuesto a la causa canciones como “Blowin in the wind”, “The times they are a’ changin” y “A hard rain’s a gonna fall”. Pero en 1965 Dylan decidió volverse rockero, como se cuenta más adelante, lo que también convulsionó de manera definitiva el mundo del pop.

Y muy cercanos a la estética del folk irrumpieron Simon y Garfunkel, un dúo integrado por el muy talentoso compositor Paul Simon y la privilegiada voz de Art Garfunkel, que en 1965 llegó al estrellato con The sounds of silence.

Tampoco debe olvidarse que en el verano de 1965 Jim Morrison se encontró de casualidad en la playa de Venice, uno de los tantos suburbios del área metropolitana de Los Ángeles, con Ray Manzarek, un antiguo condiscípulo en las clases de cine en la Universidad de California en Los Angeles (ucla). Morrison le leyó y cantó “Moonlight drive”. Manzarek quedó estupefacto y lo invitó para que formaran un grupo que a partir de 1967 pasaría a la historia como The Doors.

 
La policía contiene a unas fanáticas de The Beatles a las afueras del Palacio de Buckingham el 26 de octubre.

Desde el punto de vista de los Beatles, que era el grupo que dominaba por completo el panorama, 1965 fue la cima de la beatlemanía, sobre todo en Estados Unidos, y a la vez el comienzo de la nueva era. El grupo seguía en interminables giras por todo el mundo en las que recibían los chillidos de adolescentes histéricas y a duras penas lograban oír en el escenario lo que tocaban.

El año comenzó para ellos con dos número uno: la jubilosa y beatlemaníaca “Eight days a week” y “I feel fine”, también muy ‘yeah yeah’, pero con un comienzo de guitarra distorsionada que año y medio después emularía Jimi Hendrix hasta llegar al paroxismo.

Ese año los Beatles rodaron la muy graciosa comedia Help!, acompañada de canciones que estaban todavía muy ancladas en 1964, salvo “You’ve got to hide your love away”, en la que John Lennon apuntaba en una nueva dirección. También grabaron la sobreexplotada “Yesterday”, en la que Paul McCartney cantaba acompañado por un cuarteto de cuerdas.

Poco antes de que terminara el año lanzaron Rubber soul, un álbum en el cual ya era evidente que los Beatles habían dejado atrás los tiempos de She loves you y asumían el reto de escribir canciones serias, con letras profundas y una gran riqueza musical en las melodías y los arreglos. Junto con Rubber soul apareció un disco sencillo con Day tripper (una alegre canción todavía anclada en el júbilo del año anterior) y la muy adulta “We can work it out”.

No deja de ser curioso que en 1965 los Beatles hayan grabado canciones tan beatlemaníacas como “Ticket to ride” (otro de sus número uno de ese año) y “You’ve going to loose that girl”, y temas tan profundos e intimistas como “Norwegian Wood”, “I’m looking through you” e “In my life”. ¿Cómo se explica esto? Para entenderlo es necesario devolverse unos meses en el tiempo.

El gran cruce de caminos

Podría decirse que todo comenzó el 28 de agosto de 1964, cuando Bob Dylan se reunió con los cuatro Beatles en el Hotel Delmonico en Nueva York. Palabra más palabra menos, Dylan les dio a entender a los cuatro de Liverpool que sus canciones eran buenas pero que las letras eran más bien tontas.

También se cuenta que en ese encuentro Dylan les dio a probar la marihuana y les habló de la importancia de su individualidad como músicos. Sus consejos marcaron tanto a los cuatro que se dice que esa noche entraron los Beatles a la habitación de Dylan y unas horas después salieron de allí Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr.

Pero Dylan también había sentido la influencia de los Beatles. Sabía que eran ellos quienes señalaban el camino. Hastiado de ser el portavoz de la canción protesta, comenzó a darle un tono mucho más personal, poético y críptico a sus letras y, más importante aún, decidió instrumentos de rock. Esto motivó la ira de sus antiguos seguidores, que lo consideraron un traidor.

En este punto, sin embargo, le aparece la tercera pata al trípode: los Byrds. Esta agrupación, integrada por músicos de diversos lugares de Estados Unidos que confluyeron en Los Ángeles, se denominaban The Jet Set. Cuando vieron la película A hard day’s night, su guitarrista y líder Jim McGuinn (quien luego cambiará su nombre de pila a Roger) quedó impactado con el sonido metálico y brillante de la guitarra Rickenbacker de 12 cuerdas que utilizaba George Harrison. También compraron una batería Ludwig y una guitarra Gretsch, igualitas a las que habían visto en la pantalla gigante.

En agosto de 1964 habían conseguido una copia de “Mr. Tambourine Man”, una canción entonces inédita de Bob Dylan, y comenzaron a ensayarla. Hicieron los arreglos pertinentes para que la canción folk se volviera de rock. Invitaron al propio Bob Dylan para que escuchara la versión y este quedó sorprendido por la ejecución. Ese visto bueno los convenció de que iban por el camino correcto.

Adoptaron el nombre de The Byrds, que al igual que jet set se refería al arte de volar, y con un error ortográfico que parodiaba la deliberada falta ortográfica en The Beatles en vez de beetles (escarabajos). Además, el nombre de la banda también recordaba al legendario aviador norteamericano Richard Byrd, el primero en sobrevolar el Polo Sur. Aviación por todas partes.

La banda comenzó a ganarse a jóvenes seguidores de la cultura y del círculo estudiantil de Los Ángeles, entre ellos hipsters como los actores Peter Fonda y Jack Nicholson. Diversos autores consideran que estas presentaciones de los Byrds fueron el primer estimulante de la cultura hippie de la costa oeste de Estados Unidos. “Mr. Tambourine Man” llegó al primer lugar en Estados Unidos y Gran Bretaña.

El propio Dylan ya se había comenzado a electrificar unos meses antes. La primera cara de su álbum Bringing it all back home estaba interpretada por una banda de rock y en la cara B él cantaba acompañado por su guitarra acústica y su armónica. Pero en Highway 61 revisited, el otro álbum que grabó aquel año, ya se había convertido del todo al evangelio del rock. Además, el disco lo abría “Like a rolling stone”, una canción que cambió para siempre la historia de la música y que suele considerarse como la mejor canción de rock jamás escrita.

El ciclo de mutuas influencias se completó a finales de 1965 cuando los Beatles lanzaron su álbum Rubber Soul, Además del notable influjo de Dylan, la sombra de los Byrds también estaba allí presente. En el sonido del sitar que tocaba George Harrison en la canción “Norwegian wood”, en el arreglo vocal de “Nowhere man” y en “If I needed someone”, la primera gran canción de George Harrison, que utilizaba un sonido de guitarra muy similar al que utilizaron los Byrds en su versión de “The bells of Rhymney”.

A manera de coda, en diciembre el grupo de Los Ángeles entró al estudio para grabar “Eight miles high”. La versión de esa sesión no les convenció y volvieron a grabarla en enero de 1966. Esta canción, influenciada por las líneas melódicas del saxofonista John Coltrane, daría inicio al llamado rock psicodélico de California, que tanta influencia tendría en los trabajos de los Beatles a partir del álbum Revolver, de 1966.

Un año redondo

Así que, si se mira el panorama del rock en enero de 1965 y se le compara con el de diciembre de aquel año, es indudable que en 12 meses el rock y el pop dieron un paso de gigante. ¿Quién hubiera creído al comenzar aquel año que una de las principales canciones de la historia del rock iba a ser una balada en la que Paul McCartney cantaba acompañado por un cuarteto de cuerdas? De hecho, ¿qué tenía que ver “Yesterday” con eso que hasta ese momento se entendía como rock n roll? Esos textos de varias de las canciones de Bob Dylan de aquel año que más parecían poesías surrealistas, ¿qué tenían que ver con el rock, con la vida adolescente, con la diversión?

 
Los Rollings Stones en Londres el 22 de julio.

Sin duda, en 1965 hubo cambios muy serios que tomaron forma definitiva a partir de 1966 con álbumes como Revolver, de los Beatles. Con canciones de once minutos de duración como “Sad-eyed lady of the lowlands”, del álbum Blonde on blonde, de Bob Dylan y “Goin’home”, del Aftermath de los Rolling Stones. Con los primeros álbumes llamados conceptuales, como Pet sounds, de los Beach Boys, y Freak out, de Frank Zappa and The Mothers of Invention. Guitarras distorsionadas, psicodelia, el estudio de grabación utilizado como un instrumento musical y laboratorio de creación sonora, experimentación acá y allá… El camino ya estaba abierto y buena parte de esa trocha se despejó a machetazo limpio a lo largo de 1965. Las grandes glorias (y fracasos) que estaban por llegar de la mano de músicos de rock cada vez más cercanos al arte (o a una pretensión artística) tenían su semilla en aquel año. Y si se amplía la perspectiva, 1965 tuvo un impacto igual de relevante casi tres décadas después. Basta oír varios de los éxitos del llamado rock alternativo de los primeros años 90 (R.E.M., Counting Crows y un largo etcétera) para encontrar que el manual de instrucciones de mucha de esa música está impreso en los álbumes Mr. Tambourine Man y Turn! Turn! Turn!, de The Byrds, y en Rubber soul (y Revolver, de 1966), de los Beatles.

De acuerdo, no fue el año de Sgt. Pepper ni de Exile on Main Street ni de The dark side of the moon ni de The Joshua tree. Pero si hubo algún año de veras importante en la historia del rock, sin duda este se llama 1965.

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