Una escena de B-Movie que se adentra en la escena musical berlinesa de los ochenta.

Perderse para encontrarse

B-Movie: Lust and Sound in West Berlin, un documental que se adentra en la frenética escena musical de Berlín Occidental en la década de los ochenta, es apenas una de las seis obras que conforman la Sección Sonidero de Ambulante, el festival que se tomará cinco ciudades del país entre el 25 de agosto y el 27 de septiembre.

2015/08/21

Por María Camila Pérez* Bogotá

Los años ochenta fueron una época de cambios radicales. Mientras que en Estados Unidos el republicano Ronald Reagan asumía la presidencia de su país, la tensión política con la Unión Soviética escalaba rápidamente debido a las confrontaciones provocadas por la Guerra Fría. Al tiempo que el mundo parecía enloquecer en medio de este ajetreo entre potencias, un pequeño grupo de jóvenes construían su propio paraíso artificial dentro de las paredes que separaban su mundo del de los demás. “El Muro de Berlín era como un seguro de vida para Berlín Occidental. Era el marco para una libertad sin límites”, afirma el productor y músico inglés Mark Weber, narrador de B-Movie: Lust and Sound in West Berlin 1979-1989 (2015), la más reciente producción del trío de cinematógrafos Jörg A. Hoppe, Heiko Lange y Klaus Maeck. 

La película-documental reconstruye en una primera persona caótica y trepidante, tal como su época, la escena musical en una de las ciudades más emblemáticas de ese entonces: Berlín Occidental. La obra toma su nombre de las producciones de bajo presupuesto que se hicieron durante los años sesenta y además es una referencia a la “gran B” de Berlín, la verdadera protagonista de su historia. El subtítulo “lust and sound” juega con la idea del “lost and found”: de perderse para encontrarse, a la vez que hace referencia a la mentalidad de “sexo, drogas y rock n’ roll” que acompañó el frenetismo de una juventud que le temía al futuro que se aproximaba. 

Durante 92 minutos, la historia sigue al músico y productor británico Mark Reeder mientras se mueve sigilosamente por la escena underground del enclave. El documental no solo recurre a material de archivo y grabaciones privadas nunca antes vistas, en formato súper-8, sino también a recreaciones protagonizadas por Marius Weber, quien mantiene un increíble parecido con el Mark Reeder de hace treinta años. Con esto, B-Movie es un collage frenético que lleva al público hasta lo más profundo de un mundo del que mucho se ha hablado, pero que pocos habían retratado con tanta fineza y voracidad hasta el momento. Incluso los espectadores más codiciosos saciaran sus impulsos fetichistas por conocer cómo funcionaba la movida dentro del reconocido bar Risiko, entre otros espacios que reunían a las grandes mentes de una generación extasiada por el ambiente de creación artística que promovía Berlín Oeste. “Teníamos horas de material de archivo inédito, de programas de televisión y de películas, pero no sabíamos cómo estructurar la película hasta que decidimos contactar a Mark porque aparecía prácticamente en todas las grabaciones –me cuenta Maeck–: también nos gustó que tuviera la perspectiva de un forastero que amaba Berlín. Fue la combinación perfecta”.

Estrenada en el Festival Internacional de Cine de Berlín de este año, B-Movie regresó al escenario que le dio vida a la historia, y se abrió camino entre una nueva generación de músicos, artistas y fanáticos que esperaban recrear aquella época dorada. “Claro que las personas de nuestra edad, que eran jóvenes en los ochenta, estaban emocionados de verla porque se veían reflejados en ella. Pero con jóvenes de 20 y 30 tuvimos la misma reacción. No solo en Berlín, sino a nivel mundial”, afirmó Maeck. Y es que la peculiaridad de esta película no solo radica en el fiel retrato de los ajetreados años ochenta, sino también en la capacidad que tiene para resonar con la situación de países como Corea, Israel y Colombia, según Maeck, en especial en su forma de apelar a una juventud cansada de sucumbir ante los deseos de su gobierno.

Después de un recorrido por la música, las ansias y la rebelión de esa década, la película termina con el primer Love Parade de 1989, el mismo año en el que cayó el muro. Esta ruptura marcó el inicio de una nueva era para quienes habitaban la pequeña isla conocida como Berlín Occidental, en un ambiente que hasta el día de hoy marca el ritmo de las nuevas generaciones de artistas que afluyen a la capital alemana con ansias de revivir esa época dorada. 


Algunos documentales de la Sección Sonidero
Björk: Biophilia Live (2014): Dirigido por Nick Fenton y Peter Strickland, la película es un viaje psicodélico por la música de la cantante islandesa Björk mientras interpreta temas de su octavo disco junto a otras canciones que marcaron su carrera artística. Grabado en 2013 en el Alexandra Palace de Londres durante su Biophilia Tour, la artista se apropia del escenario para cautivar a la audiencia durante 97 minutos con el magnetismo y la presencia que siempre la han caracterizado. Este documental, que avivará todos los sentidos a través de una explosión audiovisual de colores y sonidos, es una muestra más del excentricismo de Björk, el mismo que la lanzó al estrellato hace más de 20 años. Sin mayores cortes de edición, pues el espectáculo es en sí una experiencia que se debe vivir en su totalidad, la película fue estrenada en el Festival de Cine de Tribeca ante la admiración de sus asistentes.

Charles Bradley: Soul of America (2012):
A los 62 años, Charles Bradley conoció la fama. El documental de Poull Brien es un conteo regresivo que sigue a la estrella del soul hasta el día del lanzamiento de su primer disco en 2011. En un recorrido emotivo e inspirador, tras una vida poblada de dificultades económicas y emocionales que harían desvariar a cualquiera, Bradley pasará de vivir en el metro de Nueva York al derruido sótano de su abusiva madre, hasta llegar al estudio de grabación de Daptone Records donde producirá uno de los 50 mejores discos del año. Con una potencia vocal y desgarradoramente humana, Bradley se lamenta: “¿Por qué es tan difícil triunfar en América?”, haciendo referencia no solo a su nacimiento artístico llegada la vejez, sino también al apuro de muchos otros que continúan en una lucha por sobresalir en un medio volátil como la industria musical.

Esto es lo que hay (2015):
El hip-hop y la justicia social se fusionan en este documental de la francesa Léa Rinaldi. La película sigue la historia de Aldo Rodríguez (Al2), Brian Rodríguez (El B), y Silvio Rodríguez Varona (Silvito el libre; hijo del cantautor y poeta cubano), un grupo de rap contestatario nacido en La Habana, Cuba. Rinaldi grabó a los músicos durante seis años mientras componían en estudios clandestinos, luchaban contra la injusticia policíaca y viajaban por fuera de Cuba hacia Europa y Estados Unidos por primera vez para narrar la historia crítica de la situación de su país. “No hacemos música para el turismo ni para el divertimento. Hacemos música para crear conciencia”, afirma uno de los artistas. Esto es lo que transporta al espectador a la realidad cubana y que no se muestra en las guías de turismo ni en los programas de televisión.

Hot Sugar’s Cold World (2015):
Este documental sigue al músico neoyorquino Nick Koenig, mejor conocido como Hot Sugar, mientras se mueve por espacios poco convencionales con la intención de capturar sonidos cotidianos para producir su música. Después de una ruptura con su novia, Koenig emprende un peregrinaje hacia Francia con ansias de redescubrirse en un mar de sonidos nuevos. El cineasta Adam Lough intercala escenas de Hot Sugar produciendo música con declaraciones para hacer un documental introspectivo que devela detalles sobre el proceso creativo de este artista. Desde el cementerio Père Lachaise en París hasta las atareadas calles de Nueva York, Koening interactúa con personajes tan dispares como su vecino Bill y el reconocido astrofísico Neil deGrasse Tyson, capturando su esencia y utilizando una herramienta esencial para la música: la convivencia del sonido y el silencio en un mismo espacio.

Living Stars (2014):
Con la desinhibición que solo se dejaría para la ducha, esta película de Mariano Cohn y Gastón Duprat recopila grabaciones de varios habitantes de Buenos Aires bailando éxitos del pop frente a una cámara estática que los filma sin restricciones. Un odontólogo, un instructor de judo, una adolescente junto a su madre y un joven vestido de drag son tan solo algunos de los protagonistas de esta cinta que no requiere de diálogo ni trama para contar una historia llamativa. Mientras los bailarines se toman el plano principal, amigos y familiares permanecen en el fondo de la escena realizando labores cotidianas tan interesantes como los pasos de baile de los protagonistas. La película es una recolección de retazos íntimos que permiten descubrir más sobre el espíritu de sus sujetos que cualquier entrevista hablada.

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