Bareto

Cumbia surf

De México a Buenos Aires la cumbia ha influenciado a decenas de agrupaciones contemporáneas que han encontrado en su potencia popular una razón más para seguir haciendo música. Con influencias de Laurel Aitken, The Shadows o Los demonios del Mantaro, Bareto se presenta en Bogotá este 11 de mayo.

2014/04/23

Por Juan Pablo Conto*

Si bien Bareto alcanzó la popularidad con la cumbia, su mito fundacional es la música de Jamaica de la década de los cincuenta. En aquel tiempo, la música negra estadounidense se juntó con ritmos populares jamaiquinos para dar paso al ska, al tiempo que este, una década después, derivó en el reggae. El primero llegó a Perú en un mismo paquete con el punk durante la época del rock subterráneo, un movimiento contracultural y ajeno al circuito comercial que duró desde los años ochenta hasta principios de los noventa. Aunque en Perú el reggae también comenzó a oírse en esa época, no fue sino hasta entrados los noventa, con Pochi Marambio y Tierra Sur, que se inició una suerte de boom.

Bareto heredó esta historia cuando nació, en el 2003, y se definió como una banda de ska y reggae, muy instrumental y dada a la improvisación. Sin embargo, desde sus dos primeras producciones (un EP del 2005, titulado Ombligo, y un álbum titulado Boleto, del 2006) buscaron darle su aire latino. La cumbia apareció de manera tangencial y no muy consciente: “Era lo que uno oía en la calle”, dicen Jorge Olazo y Joaquin Mariátegui, dos de los integrantes de la banda.

En una de sus giras, la agrupación viajó a Tarapoto, la ciudad turística y comercial más importante de la Amazonía peruana. Regresaron llenos de música que comenzaron a mezclar en su sonido. En 2008 grabaron su primer álbum posamazónico, titulado Cumbia, que incluyó versiones de canciones populares de Perú y tuvo una gran acogida.

Para ese entonces la cumbia ya era parte de la identidad peruana. Hacia la década de los sesenta, hitos populares colombianos como Los Corraleros de Majagual, Los Graduados o los Black Star fueron gasolina en la Amazonía. Jorge y Joaquín explican que allí, más que una identidad de país, hay una identidad de región y se oye la música de Perú, Colombia y Brasil. Si bien las primeras apropiaciones de grupos peruanos como Los demonios del Mantaro, Los compadres del Ande o Los Ases de Huarochirí no marcaron grandes rupturas musicales con respecto al sonido colombiano, la cumbia se metió de lleno en las diversas regiones del país. Hacia el final de la década de los sesenta, el músico y compositor Enrique Delgado le dio un giro cultural y generacional al ritmo con la agrupación Los Destellos. Como explica el musicólogo peruano Raúl R. Romero, Enrique dejó de seguir los patrones tradicionales y experimentó buscando una cumbia urbana, popular y moderna.

La cumbia mutó y Perú mostró sus nuevas maneras de asumirla: una norteña más orquestal y con vientos, representada por grupos como Agua Marina o Armonía 10. Una denominada “chicha” –en grupos como Los Shapis, o Chacalon & La Nueva Crema–, que nació en el centro del país y tuvo una influencia más andina al fusionarse con otros ritmos tropicales y con el hayno, una música y baile prehispánico. En la selva se introdujo una guitarra eléctrica con un toque medio surf y psicodélico, como explica Joaquín. El surf hace pensar en influencias externas de grupos como The Ventures o The Shadows, y la psicodelia en la ayahuasca, esa bebida que marca el carácter ritual, místico y tribal de la música que siempre ha estado presente en la selva. Hacia la década de los noventa los sonidos electrónicos aportaron su cuota y la electrocumbia se volvió sensación en el Perú.

En la práctica, los límites no son así de claros. Los cambios son más esquizofrénicos y corresponden a flujos continuos tanto temporales como geográficos. Lo que sí se puede afirmar es que, hacia finales de la década de los sesenta, Perú vivió una época de desborde popular; la violencia hizo que la cumbia se moviera al ritmo de los inmigrantes, las crisis económicas y la apertura de espacios culturales populares.

Bareto quizás hace parte de esa continuidad, pero desde un ángulo más contemporáneo. En 2009 publicaron el sencillo “Sodoma y Gamarra”, al que sobrevino el álbum Ves lo que quieres, en 2012, el cual contó con la presencia del cantautor Kevin Johansen, quien también estará presente en la FILBo. Los lazos de Bareto con Colombia no son solo musicales, y su visita tiene otros motivos, además de ser uno de los grupos de la delegación oficial. Hace un año conocieron el sello Polen Records, una compañía discográfica bogotana, y decidieron reeditar su disco Cumbia en nuestro país, diseñado gráficamente por La Silueta Ediciones, con base en el trabajo del artista peruano Christian Bendayán, gran exponente del arte amazónico. Bareto puede parecer un asunto apenas normal en nuestros países: lo popular y lo contemporáneo rendirán sus frutos en Bogotá el próximo 11 de mayo.

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