Eduardo Arias (centro) y Álvaro "el Profe" González (izquierda) conversaron con Juan David Correa, en la Carpa Arcadia Suena, en la FILBO.

¿Cuál es el sentido de las letras en el rock colombiano?

En la 28.ª Feria Internacional del Libro de Bogotá celebrada el mes pasado, Arcadia reunió a dos expertos para discutir sobre la trayectoria del rock colombiano como antesala del Bogotá Music Market (BOmm).

2015/05/22

Por RevistaArcadia

La producción musical en Colombia pasó por un periodo de auge en los años noventa, durante el cual surgieron agrupaciones de todo tipo de géneros. Teniendo en cuenta que en septiembre empieza el Bogotá Music Market (BOmm), Arcadia, la Cámara de Comercio de Bogotá y Radiónica organizaron un debate para discutir la evolución del rock en Colombia.

En la charla, mediada por Juan David Correa, director de Arcadia, participaron Eduardo Arias, periodista y músico de la agrupación bogotana Hora Local, y Álvaro “el Profe” González, director de Radiónica, quienes opinaron sobre algunas de las bandas y canciones emblemáticas que marcaron un hito en dicha evolución musical y que, hasta el día de hoy, siguen vigentes en el panorama cultural del país.

Los ochenta y los noventa

El debate comenzó con la contextualización social y política del país durante esta época, pues la música que se producía era el reflejo de un período de transición y de las dificultades políticas a causa del reino de terror de Pablo Escobar. Como respuesta a la inconformidad frente al narcoterrorismo y los magnicidios, las letras del momento hablaban desde la anarquía y se referían con desprecio al constante estado de miedo en el que se encontraban los ciudadanos no solo de Bogotá, sino de todo el país. Además, la producción musical de los años noventa fue una especie de grito de batalla que les exigía a los músicos acoger su identidad colombiana en vez de mirar hacia afuera y emular a grupos extranjeros.

La primera pista discutida fue “Fango” (1989), de la banda La Pestilencia, que emergió en Bogotá a mediados de los ochenta como un grupo punk en lo que, según Arias, era una ciudad pop. “Es una de las mejores canciones del rock colombiano, no solo por su letra sino también por su música, porque era una explosión de rabia y una letra completamente visceral”, afirmó el músico. 

El recorrido musical por los años noventa comenzó con “Muévete” (1990), de Estados Alterados, una canción que incitaba al oyente a desinhibirse. Utilizando un sintetizador –una movida bastante arriesgada según Arias–, Estados Alterados logró ganarse a una audiencia acostumbrada a sonidos más pesados y se posicionó como una banda de culto en Bogotá. Un año más tarde con “Londres”, Hora Local reafirmó los ideales del pospunk con visionarias letras de ruptura que tanto hoy como en ese entonces marcaron el ritmo para las bandas emergentes.

En 1993, “Mujer Gala” de Aterciopelados irrumpió en la escena sin miedo a reconocer la colombianidad y rescató la calle bogotana como epicentro de creación sonora y artística. “Aterciopelados han sido antropólogos de Bogotá –afirmó Arias–, y lo han reflejado a través de sus videos, letras y las portadas de sus discos, manteniendo viva la conciencia de lo que significa Colombia”. De manera paralela, 1280 almas reflejaba la otra cara de la escena bogotana, la de un underground más áspero. Oír “Soledad criminal” (1993) transporta al oyente a los noventa, una época de rabia y pensamientos radicales, que representaba un estilo de vida nocturno clandestino, contó González. Además, 1280 almas sobresale también porque logró “hacer público”, hazaña que era difícil durante la época, y que mantienen en la actualidad.

Más adelante, González mencionó que con canciones como “Ay qué dolor” (1994) La Derecha fue “la primera banda en adoptar y reconocer los ritmos de salsa como parte del lenguaje urbano en una época en la que la música era radical y completamente rock n’ rollera”. Así mismo, Mario Duarte, cantante de la agrupación, creó un imaginario con el que demostró que en Colombia también podían existir artistas “glameros”. El debate continuó con “El pobre” (1995), de Bajo Tierra, una agrupación de Medellín que, junto con Estados Alterados, tiñó la escena musical, no solo en Colombia sino en el continente, con elementos de vanguardia. Fue un movimiento tan fuerte, resaltó González, que cuando esas bandas se disolvieron llegó una especie de bache musical a nivel nacional.

Por último, la conversación tomó un nuevo rumbo con “Manicomio 527” (1995), de La Etnnia, el emblemático grupo de hip-hop de los noventa. Ambos invitados mencionaron la importancia social e histórica del género, pues consideraron que transmiten una potencia en letras muy grande. Según González, “si se hiciera un análisis de la letra de todos los discos de esta banda podríamos contar la historia social de Colombia de las últimas dos o tres décadas”.

La actualidad

No todo pasado fue necesariamente mejor, y esto se evidencia en lo que algunos grupos contemporáneos han hecho durante los más recientes años. Tras un salto de casi 15 años, Arias y González entraron a discutir “Suin romanticón” (2011), de la banda bogotana Monsieur Periné, y “El alma y el cuerpo” (2012), de Bomba Estéreo. Tanto Arias como González enfatizaron en que Colombia está pasando por su mejor momento de producción musical independiente, el problema es que hacen falta canales de difusión. “Esta nueva generación está cambiando el mundo. No les crean a los medios grandes, créanles a los medios que están realmente en la calle”, comentó González. Propuestas como estas o como la de ChocQuibTown son producto de una indagación musical casi antropológica que se aprovecha profundamente de la riqueza cultural del país y de sus raíces ancestrales para producir contenido original y autóctono. Lo que se produce hoy en día es, a fin de cuentas, el sueño cumplido del rock colombiano, con bandas que encabezan festivales de música a nivel internacional.  

Este recuento musical dejó claro que las bandas actuales son el resultado de un largo proceso creativo que ha venido evolucionando desde los ochenta. Si  no hubiesen existido grupos como Hora Local, La Pestilencia, Aterciopelados o La Derecha, no se habrían sentado las bases para que las bandas actuales existieran. Pero no deberíamos mirar hacia atrás con nostalgia, pues el futuro musical del país se ve cada vez más brillante. El debate cerró con una frase retumbante y esperanzadora de González: “En este momento está pasando una revolución musical…y está pasando aquí en Colombia”.

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