Edgar Froese, Christopher Franke y Peter Baumann, de la banda Tangerine Dream, en un concierto en 1974.

El muro del sonido: 50 años del 'krautrock'

Aburridos de imitar las canciones que provenían de Reino Unido y Estados Unidos a finales de los años sesenta, una nueva generación de músicos alemanes se alejó de las influencias extranjeras para crear un sonido local influenciado por su gran tradición clásica y la electrónica de Stockhausen. Sin su aporte hoy no se podría entender la música house y techno o el arte de New Order y Depeche Mode. ¿Cuál es su historia?

2017/06/21

Por Jacobo Celnik* Bogotá

La historia contemporánea de la música electrónica alemana empezó en España en 1967. En pleno verano del amor y con la psicodelia de The Beatles y Pink Floyd de fondo, Edgar Froese, escultor y músico berlinés, pasó unos días en el estudio de Salvador Dalí. El genio de la pintura surrealista estaba a punto de terminar el cuadro El torero alucinógeno y decidió compartir sus avances con algunos amigos. Uno de los privilegiados fue Froese, discípulo del músico Karlheinz Stockhausen. El LSD y los ácidos alucinógenos estaban de moda. La droga y la psicodelia llegaron para expandir la conciencia artística de los humanistas más radicales. También de psiquiatras como Timothy Leary. Froese entendió que el concepto del torero alucinógeno hacía parte de un cambio conceptual a la hora de crear desde la experimentación sensorial. En una entrevista para la revista Q Classic en 2005, Froese señaló que el encuentro con Dalí en Barcelona le cambió su perspectiva del arte y de la música. “Era el momento ideal para romper barreras y prejuicios, todo estaba dado para experimentar”. Ese día nació el rock alemán en el más puro y estricto sentido de la palabra.

Antes de viajar a Barcelona, Froese era un estudiante aplicado de Arte que combinaba su pasión por la escultura con la música popular que llegaba desde Estados Unidos y Reino Unido gracias a las bases militares afincadas en Berlín occidental. Su curiosidad artística le permitió leer y entender el momento en que la identidad alemana empezó a cambiar y a jugar un papel crucial dentro de los valores nacionales, tras casi dos décadas de estigmas políticos y sociales por cuenta del nazismo y la inclemente y punzante mirada vigilante de occidente. A mediados de 1965 formó la banda The Ones, la versión germana de The Who. Solían tocar covers de música anglosajona en bares underground de Berlín Occidental, sobre todo en el Zodiak Club, el equivalente del UFO de Londres, donde soldados ingleses y americanos aliviaban esa sensación de homesick o nostalgia por el hogar.

La experiencia con The Ones duró muy poco. Froese se sentía frustrado con el rol de imitador. Incluso con el inglés, idioma en el que cantaba. Al igual que muchos jóvenes alemanes, lo había aprendido a hablar gracias al impacto del rock and roll en la radio. Su sentir era el espejo de los pocos soñadores que seguían sus pasos. Él quería crear e incursionar con una banda que rompiera el molde que se exportaba desde Reino Unido por toda Europa desde los inicios de la beatlemanía. Buscaba proponer algo avanzado, experimental, ligado a los valores culturales alemanes y que se nutriera de la gran tradición de la música clásica germana y de la música electrónica culta y concreta que tomaba fuerza desde mediados de los años cincuenta. Este aspecto fue explorado inicialmente por Stockhausen, que desde 1964, en sus presentaciones en vivo conocidas como Mixtur, vinculó música para orquesta con instrumentos como el Hammond, órganos de iglesia, vientos, cuerdas, moduladores, efectos de sonido producidos mediante altos niveles de volumen y amplificación, y el uso de osciladores para prolongar la frecuencia de las notas. Técnicamente las raíces de la música electrónica moderna y los primeros pasos con la música sintetizada, aspecto que se fortaleció en 1968 con la llegada del minimoog.

Meditación electrónica

A su regreso de Barcelona a finales del 67, Froese pasó por el Zodiak para ver una presentación en vivo de un grupo que había ganado algo de reputación entre los jóvenes berlineses. Los Psy Free eran la banda residente del club, liderada por el violinista Conrad Schnitzler y el baterista Klaus Schulze. A Froese le llamó la atención el sonido underground del grupo a partir de una mezcla inusual de instrumentos de viento, guitarra, tambores y cuerdas para hacer rock experimental. Uno de los aspectos que lo cautivaron era la fuerza con la que Schulze tocaba la batería, logrando dramatismo y tensión en la música. Los tres músicos compartían intereses y pensamientos respecto de lo que debería ser el rock alemán. De ese encuentro nació la agrupación Tangerine Dream, padres del rock alemán o krautrock, término empleado por el DJ inglés John Peel para describir la música rock de Alemania Federal. Fueron los precursores de la movida electrónica berlinesa y los grandes responsables de la existencia de bandas alemanas como Kraftwerk, Neu!, Cluster, Faust, Frumpy, Jane, Amon Düül II, Can, Agitation Free y Embryo, e inglesas como Depeche Mode, Yazoo, OMD y New Order.

Kraftwerk durante un concierto en Gent, Bélgica, en 1993. Foto: Gie Knaeps. Getty Images.

La primera formación de Tangerine Dream, que compuso el álbum Electronic Meditation (grabado a lo largo del 68 pero lanzado en 1970), empleó dos guitarras, cello, violín, batería, clavicordio, flauta, timbales, órgano, piano y efectos de sonido producidos a través de una máquina con cintas magnetofónicas. Los Tangerine sabían de la existencia de Jimi Hendrix, Pink Floyd y Cream, pero no querían caer nuevamente en el campo de los imitadores. Compraron equipos, asistieron a diversos recitales de bandas inglesas y escucharon álbumes de los principales exponentes de la música electrónica, atonal y concreta, con el fin de tener un punto de partida, un referente que los inspirara. Gracias a su propuesta, única en ese momento, un mecenas y periodista alemán fundó el sello Ohr Records para promocionar bandas de la naciente escena underground (Popol Vuh, Guru Guru, Birth Control, Ashra, Cosmic Jokers). “La música que hacíamos en el 68 con Tangerine Dream era poco convencional, pero con identidad alemana. Cuando salió el álbum A Saucerful of Secrets, de Pink Floyd, entendimos cuál era el camino. No era exactamente ese tipo de música la que queríamos componer, pero sí en la manera como estaba concebida. Coincidió ese álbum con la aparición del primer sintetizador y eso nos dio ideas para inspirarnos en la onda de Morton Subotnick y su obra Silver Apples of the Moon (1967) o el Pendulum Music, de Steve Reich. Esa es la explicación del sonido atonal del primer álbum del grupo”, recuerda desde Berlín Klaus Schulze.

El 68 fue un año convulsionado para los Europeos. Las revueltas de París y Praga alteraron la conciencia social de los jóvenes. Y la música estaba allí para darle voz a una generación que buscaba cambios. El hipismo se fue abriendo camino desde Francia y Checoslovaquia hasta Alemania con lo que los jóvenes encontraron una fuente de expresión y experimentación. El concepto de comunidad y apropiación del espacio privado caló con ellos. Así nacieron proyectos como Amon Düül, liderado por Ulrich Leopold e inspirado en el hipismo, las drogas y las ideas socialistas. No querían ser como The Who o los Stones. Tenían un ejemplo en casa: Tangerine Dream. La psicodelia alemana del 68 nació en Múnich con una banda de izquierda, activista en todo el sentido de la palabra y que dejó obras memorables como Psychedelic Underground y Yeti. “Las bandas alemanas del 67 y el 68 entendieron perfectamente la ideología y pensamientos de Stockhausen. Él fue un visionario en todo el sentido de la palabra. Su mente observó y sus oídos percibieron sonidos que antes eran imposibles de concebir. Su música era violenta y llevaba al espectador a sentirla de otra manera. Eso fue lo que captaron los músicos alemanes del 67 y del 68 para crear una música única”, comenta el músico y escritor inglés Julian Cope, autor del libro Krautrocksampler.

Días futuros

La nueva música popular alemana surgió de un proceso en el que el Estado-nación se vio fragmentado por ideas híbridas y experimentales que germinaron de diversas ciudades con componentes diferenciadores muy marcados, aspecto que enriqueció la propuesta moderna de la música y que le permitió explorar diversas corrientes para crear subgéneros musicales como la psicodelia folk, el space rock, el hiperminimalismo, el avant-garde rock, el techno y el rock cósmico. En ciudades como Colonia y Düsseldorf, las bandas se enfocaron en mezclar sonidos electrónicos con el jazz, el ritmo y la repetición de notas por largos periodos con letras cargadas de ideas políticas. Kraftwerk y Neu! fueron grandes exponentes de esa corriente que se alejó de lo que se proponía en ciudades como Hamburgo o Múnich, donde la psicodelia, el hipismo, el folk, el uso de ritmos de países asiáticos (la banda Embryo fue uno de los grandes exponentes de esta corriente) y el uso de drogas alucinógenas incidieron en la creación musical. También marcaron distancia de Berlín, donde lo astral, lo cósmico y la experimentación electrónica determinaron el sonido de la música. “Las ciudades de Alemania Occidental aportaron experiencias que se convirtieron en referentes cosmopolitas dentro de un concepto nacionalista sostenible en el tiempo a través de la música”, dice el músico Manuel Gottsching, líder y fundador en 1970 de Ash Ra Tempel, exponentes de la corriente de rock espacial a través de álbumes como Seven Up (1972) y Join Inn (1973).

Dentro de ese grupo de visionarios hubo una banda que jugó de tú a tú con Tangerine Dream: Can. Cuatro estudiantes de Música, dos de ellos discípulos de Stockhausen (Holger Czukay e Irmin Schmidt) conformaron un ensamble inspirado en el jazz libre, el soul, Frank Zappa, Terry Riley, Steve Reich, La Monte Young y Traffic. Buscaban crear música repetitiva, monótona, pero con más groove y swing que sus compatriotas berlineses. Eso les permitió tener una mirada incluyente a ritmos tradicionales de otros países, por lo que fueron precursores de la música del mundo. Monster Movie, álbum debut de 1968, incluye piezas que se usaron en películas alemanas de los sesenta. La propuesta musical quería romper radicalmente con el Plan Marshall cultural que había lavado los cerebros alemanes con pop anglosajón. La banda Popol Vuh, liderada por Florian Fricke, le siguió los pasos a Can y dejó grandes bandas sonoras como la de Aguirre, de Herzog.

“Can apareció en Colonia bajo la premisa de la experimentación libre de egos, estrellas y solistas que acapararan la atención. Surgió bajo el concepto del cooperativismo musical, impulsado por la escuela de la Nueva Música y con la necesidad de crear ensambles artísticos igualitarios en los que la libertad y la fusión jugaran de forma equilibrada”, comenta Holger Czukay, líder, bajista y fundador del grupo. La influencia de Can y de gran parte de la movida electrónica alemana trascendió las fronteras del país, impactando a los jóvenes ingleses de mediados de los años setenta. Artistas como Brian Eno (post Roxy Music), Robert Fripp, de King Crimson, David Bowie (periodo de la trilogía de Berlín 77-79), Mike Oldfield, Public Image (lo que quedó de los Sex Pistols), Japan y Joy Division fueron influenciados por la propuesta avant-garde de Can, convirtiéndose, antes de los Scorpions, en la banda más popular de Alemania Occidental. Dejaron obras maestras como Tago Mago (1971) y Ege Bamyasi (1972).

Trans Europe Express

En la etapa de consolidación de la movida electrónica, los artistas se caracterizaron por crear obras minimalistas y experimentales como los primeros trabajos de Cluster, los álbumes en solitario de Klaus Schulze (Irrlicht, Cyborg y Blackdance) y el primer trabajo de Ashra (Inventions for Electric Guitar) bajo el liderazgo de Manuel Gottsching. Sin embargo, fue un dúo de Düsseldorf el que cambió el rumbo de la electrónica con el álbum Autobahn. En 1974, Kraftwerk encontró el componente rítmico esencial para que su arte trascendiera en el tiempo y creara una corriente que sobrevive en nuestros días bajo el nombre de música techno. No se puede entender el nuevo álbum de Depeche Mode, a DJ como David Guetta, Tiësto o Paul Van Dyk, y ritmos como el dance, trance y electro pop sin la influencia de la música electrónica alemana de los sesenta y setenta. El sonido que puso al país a la vanguardia cultural se creó cuando los artistas decidieron luchar por la identidad, romper los estigmas y construir la música del futuro, la de hoy. “La tardía internacionalización de la música electrónica alemana explica su grandeza, pues nunca antes en el planeta se compuso música tan avanzada como la que creamos en la década del setenta”, concluye Gottsching.

*Periodista musical.

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