La banda bogotana Monserrat.
  • El grupo Dynnamo.
  • La agrupación británica Sweet Billy Pilgrim.
  • Los integrantes de Black Peaches.

Rockeros de medio tiempo

En Reino Unido, así como en Colombia y otros países, cada vez toma mayor relevancia una tendencia musical: el pintor, arquitecto o conductor de bus que, habiendo optado por la seguridad antes que el romanticismo, ha hecho de su pasión por la música una segunda carrera.

2016/09/29

Por Jacobo Celnik* Bogotá

Es el final de un nuevo concierto. Casi 80 personas aplauden al unísono la actuación de la banda. Ha transcurrido cerca de una hora y la sensación es como si a todos nos hubiera pasado una aplanadora por encima. El host del bar anuncia que están a punto de cerrar y agradece al público por su presencia. En un lapso de 30 minutos, todos los instrumentos y equipos están en el fondo de una camioneta Kia blanca. Tres de los cuatro integrantes de Dynnamo se suben al amplio carro de un amigo-roadie que los espera a la salida de Ácido Bar en Bogotá. Andrés Ruiz, el bajista, sigue en la calle mientras la sigilosa mirada de Felipe Matallana, el baterista, intenta persuadirlo para que se apure. “Es tarde, estamos cansados”.

Un par de seguidores del grupo intercambian apreciaciones sobre el sonido de la banda con una erudición que asusta. Uno de ellos, algo alicorado y eufórico, insiste en que la canción Puntos políticos le suena a Megadeth de principios de los noventa. Se tambalea y mueve las manos. El hombre encargado de soportar el ritmo del grupo sonríe, toma el brazo del groupie y le dice que en ese tema hay muchas influencias de bandas que admiran como Rush, Van Halen, Poison y Dream Theater. Agradece el apoyo, los abraza, se despide con el símbolo del cornuto en sus manos y cierra la puerta corrediza. Mira al techo, exhala y dice que sonaron muy bien esta noche.

El cansancio se ha apoderado del vehículo y solo el ruido del motor en marcha interrumpe el incómodo silencio. Nicolás Holguín, el guitarrista, saca su celular, supongo para avisarle a su señora que va camino a casa. Me equivoco: revisa su correo electrónico. Emite un coloquial insulto con el cual recuerda que mañana a las 8:00 de la mañana tiene una importante reunión con el gerente de la firma de arquitectos donde es director de comunicaciones. Felipe comenta que pronto viajará a Chile por trabajo. Ellos son profesionales, tienen trabajos estables, horarios que cumplir, jefes a quienes reportar, familias que alimentar, y todos, sin excepción, muchas cuentas por pagar. Les pregunto si esperan algún día vivir de hacer rock en este país. Nicolás suelta una estruendosa carcajada que despierta a Gustavo Barrera, el cantante del grupo, cuyo parecido con Gustavo Cordera de Bersuit Vergarabat me asusta. Se le ve agotado, casi no habla a pesar de la energía que proyecta en vivo. “No, hombre. Cada uno tiene su trabajo. Esto es algo adicional que nos gusta, nos apasiona, pero somos conscientes de los alcances que podríamos tener”, enfatiza Holguín.

Dynnamo es una de las tantas bandas bogotanas de medio tiempo (part-time) que intentan dejar huella en una interesante y competitiva escena underground en la ciudad. En la página de Soundcloud tienen cinco canciones producidas y costeadas de sus propios bolsillos. Podrían ser una banda de tiempo completo con buen impacto local, pero ese no es su objetivo, no lo será. No quieren lidiar con ejecutivos torpes en disqueras.

La agrupación tiene una historia similar a la banda inglesa Sweet Billy Pilgrim, cuyos integrantes empezaron combinando su profesión con su pasión. Estos ingleses poco a poco fueron ganando reconocimiento hasta el punto de haber compartido varias veces escenario con The Who. Pete Townshend suele darles la oportunidad a bandas emergentes con buenas propuestas. No viven de la música, lo hacen pintando casas, decorando interiores, diseñando impresos. Sweet Billy Pilgrim lleva 13 años en el mundo de las part-time bands, ha publicado cuatro elepés y varios sencillos. Son los reyes de los bares de ciudades como Leeds o Shefield.

Si bien el concepto de bandas de medio tiempo no es nuevo, hoy en Reino Unido hay un interesante boom por cuenta de una competencia fomentada por la cadena de televisión BBC4, UK´s Best Part-time Band, una iniciativa que busca descubrir talentos ocultos no profesionales en el país europeo para darles visibilidad. El concurso cuenta con jurados del más alto nivel, como Midge Ure, reconocido vocalista de la banda Ultravox, responsable de cazar y descubrir nuevos talentos. “Creo que es pecado capital que muchas de las bandas que he visto en competencia no logren vivir de la música, pues hay gente con mucho talento”, le dijo Ure a la BBC en una nota promocional del show. Y lo es, pero la realidad para muchos de estos músicos supera los sueños o ideas románticas, pues el mercado y la industria de la música han cambiado de manera tan abrupta que quienes logran ingresos buenos y estables lo hacen por cuenta de espectáculos en vivo constantes, sin necesidad de tener el reconocimiento de U2. Lo interesante es que muchos artistas, tal vez por un tema de ego, no aceptan o no quieren reconocer que también se puede ser profesional y ganar dinero trabajando en un bar como banda part-time. “Hace parte de mitos populares. Muchas bandas o artistas caen en la desesperación por cuenta de la credibilidad que perderían si aceptan que son una banda de medio tiempo en vez de una banda que vive de la música full time. Pero están equivocados. Todo es parte de una idea romántica mal desarrollada. Tal vez si empiezan a aceptar que se puede vivir de tocar en un bar, algunas falacias desaparecerían del inconsciente de esos músicos”, le dijo a la BBC Ian Robinson, empresario y dueño de Gift Music.

Uno de los elementos más llamativos del show que emite la BBC4 es mostrarle a la teleaudiencia británica que no tiene nada de malo tener una banda y repartir carne, limpiar ventanas o ser oficinista de la municipalidad de una ciudad. Queda en el aire la pregunta de si tal vez estos músicos empíricos se esforzaran un poco más, su paso por la música podría ser más alentador. Si bien muchos artistas reconocieron en el programa haber intentado renunciar a sus puestos para dedicarse al rock, la mayoría optó por la seguridad antes que el romanticismo. Y estar en esa zona de confort significa que la mayoría no quiere arriesgarse a estudiar, a perfeccionar algunas falencias y a proponer un sonido más comercial para llegar a más público, uno de los elementos que determina, según Robinson, de Gift Music, que una banda se mantenga en el medio tiempo. “Tienes que buscar un sonido, esforzarte, trabajar duro, tragarte un par de malos momentos, tratar con gente desagradable, mejorar en la calidad del sonido y lo que propones como banda. Estar en un grupo no es del todo grato ni fácil”, recalca Robinson.

Sin embargo, un centenar de bandas part-time han sobrepasado la barrera de los diez años activos y jamás han recibido una mención de Mojo o NME. Esa invisibilidad mediática no determina la calidad de la propuesta, sino que limita el alcance del público y la opción de tener una audiencia más amplia que los siga en vivo. Para el músico Adam Chetwood, de Black Peaches —otra reconocida banda de medio tiempo de Londres—, ese anonimato no resulta justo. “¿Cómo puede ser posible que hayas sido telonero de The Who y vivas de pintar casas?”, se pregunta el músico. La justicia en la industria del disco es relativa. Hubo bandas que recibieron adelantos en regalías por medio millón de libras esterlinas y no trascendieron. Pero así es el juego de la industria en la que unas veces se gana y otras se pierde.

Para algunos músicos no profesionales ingleses, un ejemplo es la banda Mumford & Sons, que durante dos años se dio a conocer gracias al apoyo financiero de la familia de sus integrantes. “Ayuda tener padres que apoyen; es como estar en un internado, y si logras mantenerte dos años en esa posición, verás los resultados”, recalca Robinson, de Gift Music. Si bien es una iniciativa inspiradora para muchos jóvenes no profesionales, pocas bandas con estas características logran trascender. Scritti Politti, de Leeds, lleva 38 años como part-time band, ha editado cuatro álbumes en estudio entre 1982 y 2006. Sus miembros han logrado combinar sus profesiones con su pasión por la música de manera sostenible sin poner el riesgo a sus familias ni su amistad, gestada desde el colegio.

Soñar es gratis

Ernesto Thorin, Cristian Fog, Gustavo Prado, Federico Henning y Andrea Serna son La Otra Banda de Chía. Llevan tocando seis años, principalmente rock clásico. Artistas, floricultores, diseñadores, docentes e ingenieros componen el grupo. No viven de tocar rock, pero no dejan de lado ese sueño que construyen todos los viernes durante los intensos ensayos de tres horas. Sus influencias van desde The Beatles y Santana hasta los Stones y Buena Vista Social Club. Suenan sólidos y son perseverantes. Hace un mes dieron un nuevo concierto en el Club Rotario de Subachoque ante 300 personas. A pesar de que han tocado solo en bares de Chía y Guaymaral, este evento los bautizó en las grandes ligas en vivo. Ese día comprendieron que están preparados para otros retos y quieren afrontarlos sin dejar de un lado sus ocupaciones. “Hemos recibido poca plata por tocar en bares o clubes. Tener trabajos y oficios estables nos permite alimentar esta pasión sin la presión del dinero. No vamos a dejar de tocar con La Otra Banda por no recibir ingresos”, comenta el baterista, Ernesto Thorin. Como ellos y como Dynnamo hay más ejemplos en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali.

La banda Monserrat, de la capital, inició de esa manera, como un sueño entre amigos con ganas de hacer música. Al inicio combinaban sus estudios, prácticas profesionales y otros deberes con el deseo de hacer rock. Hoy en día se han dejado de ser una banda de medio tiempo para intentar vivir tiempo completo del rock. “Es muy difícil vivir de una banda de rock en Colombia. Ahora soy afortunado porque no me he casado. Pero si lo hago, tengo que conseguir un empleo sí o sí”, comenta el guitarrista, José Manuel Dos Santos. Y la razón radica en que no siempre un bar o un club les paga por tocar. Todo está sujeto a la venta de boletas. Si programan dos o tres toques en la semana, tal vez reciban casi un millón de pesos para repartir entre cuatro.

Los ejemplos de Colombia más los cientos en Reino Unido, Suecia, Italia, España, Argentina hacen parte de una corriente que está tomando fuerza en el mundo por cuenta de los cambios drásticos en los hábitos de consumo y comercialización de la nueva música. El secreto para trascender y hacer la diferencia está en perseverar y profesionalizar el sonido para convertirse en una marca por encima de una banda, que cree una audiencia fiel más allá del like o del clic en Spotify, y que la hagan sostenible producto de disfrutar lo que hacen. No todos lo logran.

*Escritor

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