Nacido en 1963, Mark Everett es una suerte de cantante de culto, entre iniciados y no iniciados, en la escena del rock independiente del mundo.

Los errores de la juventud

Eels se define como una banda de género disfuncional-americano. Esta es la historia detrás de la fama de su líder, Mark Oliver Everett, el único sobreviviente de su estirpe.

2014/03/21

Por Jaime Arracó* Bogotá

En 1995, Mark Oliver Everett creó Eels después de su debut en solitario en 1992 con el disco A Man Called E. Un hombre llamado E, así, sin adornos, pues quizás esa es la clave de este relato y de su música: ocuparse de historias mínimas. De acuerdo con su representante, y por cuestiones de visibilidad en carteles promocionales, E se alargó hasta convertirse en Eels. El nombre de Mark se estiró y las pequeñas cosas comenzaron a importar. En su camino, la única opción posible era convertirse en artista, en encontrar en sí mismo eso que lo hacía único. Lo cual encaja a la perfección con la definición de artista de Charles Bukowski de quien se cumplieron, el pasado 9 de marzo, veinte años de su muerte: “Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple”.

Nacido en 1963, en Virginia, fue el último hijo de una familia disfuncional y, a la postre, la última persona viva de su estirpe. Hijo de Hugh Everett III, uno de los físicos norteamericanos más importantes del siglo xx, quien fue el primero en proponer la teoría de los universos paralelos en la física cuántica –mantuvo una relación epistolar con Albert Einstein– para E su padre era un mueble más. El viejo fumaba, bebía y dormía siestas en el sofá. Y entonces, a los 51 años, comenzaron las despedidas: Hugh murió de un infarto. Según recuerda E, el vano ejercicio de reanimación que le practicó a su padre fue su mayor contacto físico.

Liz, su hermana, fue a partes iguales admiradora y tutora, ante las dificultades emocionales de Nancy, su madre, incapaz, como su marido, de educar a los hijos. “El exceso de disciplina puede ser tan inconveniente como la falta de ella”, anota E en su libro autobiográfico Cosas que los nietos deberían saber (Blackie Books, 2009), escrito de manera admirablemente sencilla y divertida.

 

La infancia y la adolescencia de E trascurrieron en su Virgina natal, entre el hogar familiar y los colegios de la zona. Trasteó con juguetes musicales e instrumentos desde niño. Fue la manera de soportar la crianza, de llevar de alguna manera su introversión. Experimentó el extendido hábito de matar el tiempo, aunque Liz compartía con el pequeño vinilos, amistades y drogas. Mientras los años estudiantiles pasaban con desconsuelo, él intentaba darle respuesta a sus primeras preguntas existenciales. Se volcó, sin ninguna esperanza, en la música y empezó a componer y a hacer sus primeros “discos” en una grabadora de cuatro pistas que tenía en el armario. Escribía con frenesí canciones sobre lo que le pasaba con la convicción de que nadie lo iba a escuchar. Se enamoraba de chicas que al poco tiempo lo dejaban y en lugar de imaginar otras vidas, se mostraba como un adolescente convencional: un típico muchacho sin horizontes claros.

En 1981, Liz, la hermana descarriada, perdió por completo el control e intentó suicidarse  ante la pasividad de Nancy, su madre, que de alguna manera estaba imposibilitada para entender qué sucedía a su alrededor: ver a su hija desfallecida en el suelo del baño al lado de un frasco de pastillas vacío y pensar que estaba durmiendo, era una escena apenas familiar. Pero Liz salió de esa, como de la violación a la que fue sometida por un grupo de hombres cuando iba atiborrada de alcohol y drogas.

E decidió tomar rumbo a Los Ángeles después de ahorrar el dinero que ganó con todo tipo de trabajos: sirvió mesas como camarero, trabajó poniendo gasolina en la estación de servicio Exxon de la CIA, fue repartidor de flores y hasta se compró una furgoneta pickup para transportar las basuras del vecindario al vertedero, “Cargas y descargas Mr. E”, se llamaba su negocio. En Virginia ya había tenido la oportunidad de tocar en algunas salas y bares y de lanzar un disco minoritario, en el año 1985, que resumía sus fracasos amorosos bajo el título de Bad dude in Love (algo así como Un mal tipo enamorado). La música era lo que le quedaba para no suicidarse él también. Como la suerte juega sus cartas en el destino, en L.A. E fue encontrándose con personas de la industria musical con una identidad artística que empezaba a ser reconocida. Sus letras, surgidas de cada pequeño episodio vivido, cautivaron a la gente idónea en el momento justo (si es que en su vida ha existido alguno).     

Después del primer disco con Eels, Beautiful Freak con la discográfica que quiso para seguir grabando, Liz, finalmente, acabó con su vida. La esposa de uno de sus mejores amigos murió de un cáncer cerebral. Y en todo este proceso de haber llegado a hacer lo que deseaba hacer y ganando mucho dinero, a su madre le diagnosticaron cáncer de pulmón. La cuidó el tiempo que pudo y la vio morir delante de él. De vuelta a L.A. encontró que la que había sido su casera durante años también había muerto. Su prima Jennifer, azafata de vuelo, murió el 11S en el avión que se estrelló contra el Pentágono. Su mánager también se murió… “Estaba convencido de que lo que hacía era algo hermoso, algo que escapaba a los mecanismos habituales del negocio discográfico. Todos los muertos de mi entorno me hacían comprender lo fugaz que es nuestra vida en la Tierra y ponían de relieve lo que de verdad importaba en términos generales. Ya puestos, mejor hacer algo bueno, algo duradero, pensé. Tengo que intentarlo”, relata. A E le tocaba vivir todo, como se suele decir.

Electro-Shock Blues, salió en 1998 sin el apoyo de su representante y figura paterna a quien despidió. Este disco aborda las muertes de su hermana y de su madre, y utiliza frases y conversaciones que tuvo con ellas, vistiéndolas de autoras de ese disco que fue un éxito alternativo.

El vicepresidente Dick Cheney, durante la campaña presidencial de George W. Bush, equiparó Daisies Of The Galaxy, el disco que Eels sacó en el 2000, con la pornografía. En 2008 E invitó al presidente Bush y a la primera dama al concierto que daría en Washington. En la carta de invitación escribió: “Deja perdonar y perdona. Es la única manera de cambiar el mundo”.

E ya no se escondió. Su vida era parte de la música y no al contrario. No necesitaba inventar nada, solo darle luz al dolor, ponerle música a la muerte o a lo que fuera. Mr. E descubrió el mundo a través de la música, y no aceptó que hubiera una sola visión de las cosas, ni de la vida ni de la muerte.

Ahora es un músico de culto gracias a su solitaria apuesta. Con cincuenta años a cuestas, lanzará el undécimo disco con su banda Eels, The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett, bajo su propio sello E Works. Otro trabajo melancólicamente optimista que tendrá en su canción “Mistakes Of My Youth” un nuevo himno: “En la oscuridad de la noche, podría / ser capaz de pensar /que todavía soy un hombre más joven. / Pero cuando la luz del día llega y brilla, / no hay manera de evitarlo, / no soy ese hombre más joven”. 

 

 

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