Vladimir Balshin (vioonchelo), Sergey Lomovsky (violín), Igor Nadin (viola) y Ruben Aharonian (violín). El cuarteto Borodin estará en el Festival de Musica Clásica de Cartagena

Los maestros de todas las Rusias

Arcadia entrevistó a Igor Naidin sobre la fascinante trayectoria del gran cuarteto de este tiempo.

2013/11/14

Por Marianne Ponsford. Bogotá.

El cuarteto Borodin tocó en el funeral de Stalin. ¿Qué le han contado sus antecesores sobre ese día?

Fue un acontecimiento muy especial en la historia del Borodin. Nuestros antecesores nos contaron que prácticamente estuvieron viviendo allí (en el Column Hall, el sitio donde tuvo lugar la ceremonia) durante tres días, tocando unas cuantas veces al día y rotándose con otras orquestas y músicos extraordinarios. Prokofiev murió el mismo día que Stalin, el 5 de marzo de 1953. Y por supuesto, comparada con la muerte de Stalin, la de Prokofiev pasó casi desapercibida. El señor Berlinsky recuerda que uno de esos días el cuarteto fue llevado a la casa del compositor donde había tenido lugar una ceremonia similar en honor a Prokofiev. Tocaron un rato y luego fueron llevados de regreso a Column Hall. En el funeral del compositor había muy poca gente y muy pocas flores. Era obvio que casi todas las flores disponibles en Moscú fueron enviadas al funeral de Stalin. No estoy del todo seguro, pero el cuarteto pudo haber tocado algunos movimientos lúgubres de Tchaikovski, de Beethoven o de Mozart y también obras hermosas como el Nocturno de Borodin.

Como herederos del legado de Dimitri Shostakovich deben de haber escuchado varias historias sobre del carácter del compositor.

En realidad, una persona de esa talla, un genio como lo era Shostakovich, no puede describirse por medio de anécdotas. Era un hombre con un gran sentido del humor: diferentes tipos de humor que iban desde el cotidiano hasta el sarcástico y mordaz, pero nunca falso.

En las memorias de su amigo Volkov, el lector descubre en Shostakovich un hombre atormentado por el exilio interior al que lo sometió la dictadura.

Es un libro muy especulativo. Conocemos a algunas personas de su círculo de amigos cercanos, en particular a su esposa madame Irina Shostakovich, quien afirma que el libro es falso y confiamos en ella por completo. Además de este libro, es bien conocido que Shostakovich tuvo una relación complicada con las autoridades a lo largo de su vida. Hubo momentos en los que su música estuvo prohibida y en los que se le “recomendaba” qué hacer o dejar de hacer; en otras ocasiones fue alabado, pero en el fondo siempre se le consideró un extraordinario compositor ruso/soviético. Era un hombre de muy alto sentido moral, de grandes cualidades humanas y de gran dignidad, por lo que le resultó muy doloroso tener que enfrentar y vivir todo esto. Sin duda podemos “escuchar” muchos de sus sentimientos a través de sus inmortales obras.

Durante la Guerra Fría el Borodin fue el cuarteto oficial de la Unión Soviética, y tocó cientos de veces en el exterior. ¿Cómo fue el control ejercido por las autoridades de la época?

De una u otra manera, todos los artistas eran controlados durante los viajes al exterior, pero no había nadie que se dedicara solo a monitorear el cuarteto y que pudiera considerarse como su quinto hombre durante la gira. En Rusia el cuarteto no estaba más controlado que las personas del común.

¿Cómo han cambiado las cosas para el cuarteto con el desmantelamiento de la Unión Soviética?

No se ha modificado prácticamente nada. Solo lo más obvio: comparado a como era antes, hoy día no hay complicaciones para viajar al extranjero. A eso podría sumársele que desde que se terminó la Unión Soviética el cuarteto da muchos menos conciertos en pueblos de la provincia rusa y en los territorios que antes le pertenecían. En la era postsoviética la vida cambió por completo y ahora hay otro acercamiento y una realización distinta de los conciertos de música clásica.

Además de un talento fuera de lo común, ¿qué características debe tener un cuarteto para alcanzar el nivel de excelencia del Borodin?

Es imposible aislarla, pero con seguridad entre las más destacadas están la de estar completamente dedicado al arte del cuarteto de cuerdas y a crear música en él. Se requiere que –como solía decir el señor Berlinsky–, “uno esté infectado por el virus del cuarteto”. Lo primero en la vida son los asuntos del cuarteto; lo demás viene después. Por supuesto no podemos saltarnos la importancia de tener una gran destreza técnica y una educación musical de muy alto nivel. También hay que estar preparado para lo que significa tocar en un cuarteto de cuerdas: un constante proceso de estudio y perfeccionamiento. Claro está que creemos que este es el eterno proceso de todo intérprete de música clásica.

Al gran pianista Sviatoslav Richter le gustaba tocar con las luces apagadas. Ustedes tocaron muchas veces con él. ¿Les impuso alguna dificultad aquella obligada oscuridad?

Al maestro Richter le gustaba mucho que se usara el mínimo de luz en el escenario, pues consideraba que con ello tanto el público como los músicos se concentraban solo en la música. En efecto, menos luz en el escenario ayuda a que uno se concentre más en la música, pero por otro lado puede ocasionar problemas técnicos para quienes siempre tenemos la partitura frente a nosotros. Conocemos bien lo que estamos tocando, pero no nos sabemos la música de memoria. Por ello debe buscarse un equilibro. Por ejemplo, el Cuarteto No. 15 de Shostakovich y Las siete palabras de Haydn las tocábamos casi en penumbra; sobre el escenario las luces están totalmente apagadas y utilizamos velas para brindarnos luz.

También fueron muy cercanos al gran Rostropovich.

Rostropovich era otro genio ruso de la música y como ser humano y figura pública era extraordinario. Se comportaba de manera amable y natural con todo el que conocía; desde un mendigo que se topaba por la calle hasta un rey o una reina, literalmente. Tenía tan buen humor que resulta difícil tener que elegir una sola historia para contar en una entrevista. Como bien se sabe, fue una importante figura política en la Rusia postsoviética, y siempre un patriota. Lograba estar al tanto de la política, y políticamente activo en algunas ocasiones, y al mismo tiempo entregarse por completo a la música, tocando, dirigiendo y encargándose de la producción de varios eventos por todo el mundo.

La soprano Anna Netrebko vino este año a Colombia pero su actuación no fue muy afortunada. La presentación que ella y su exesposo hicieron en Bogotá fue muy populista y a los amantes de la música no les gustó. ¿Cuál es su opinión sobre ella?

Como voz y como música Anna Netrebko es sin duda una de las más maravillosas de Rusia. Es excepcional en todos los sentidos. Pero no podemos formarnos una opinión sobre lo que no sabemos. Como músicos, nosotros tocamos y presentamos una obra y el público la juzga.

¿Qué tocarán en Cartagena?

Para el festival de Cartagena se nos pidió que solo tocáramos música rusa. Por ello vamos a interpretar obras de Shostakovich, Borodin y Tchaikovski. Hemos escogido piezas que sin duda forman parte de sus obras maestras y nos gustaría presentar al público colombiano lo más notable y lo mejor del repertorio ruso.

¿Tiene el cuarteto una pieza favorita, una que lleve cerca del corazón?

La obra que en ese momento esté abierta en el atril frente a nosotros. 

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