María Mónica Gutiérrez y Magdalena Cubides. Fotos: Simona Delgado.

Mujeres al frente: placeres eléctricos y acústicos

Con el fin de dar a conocer las voces femeninas que hoy renuevan la escena musical de Bogotá, Arcadia y Canal Trece inician una serie dedicada a visibilizar las protagonistas de un boom que, sin duda, ayudó a posicionar a la capital como Ciudad Mundial de la Música. En esta primera entrega: María Mónica Gutiérrez y Magdalena Cubides.

2017/05/22

Por José Gandour* Bogotá

El futuro musical bogotano está en manos de las voces femeninas de las nuevas generaciones. Ellas son las que marcan el camino de la consolidación internacional de la creación artística de la ciudad. Son independientes, empoderadas, comprometidas con la búsqueda de sonidos renovadores y vanguardistas y asumen un protagonismo que va más allá de su imagen desplegada en el afiche promocional. Estas mujeres han asumido firmemente su posición en la exposición cultural y llaman cada día más ampliamente la atención del mercado mundial.

Es una apuesta segura. Por eso esta revista, durante sus próximas ediciones, les mostrará a sus lectores las más afianzadas representantes de la escena musical capitalina, artistas emergentes de estilos contemporáneos, de labor autogestionada y de originalidad comprobada, que ya han comenzado a ser escuchadas en diferentes plataformas internacionales. Hablaremos con mujeres que transitan por los caminos del pop, la electrónica, el jazz, el hip hop, las nuevas fusiones folclóricas y el rock. Algunas nacieron aquí y sus familias llevan varias generaciones en la ciudad. Otras migraron desde diferentes regiones de Colombia por decisión propia o por la obligación de las circunstancias sociales y políticas de la nación. También incluiremos las que nacieron en otros países, pasaron por estos lares y se quedaron. Todas ellas, sin importar su origen, encontraron en Bogotá el espacio y las circunstancias adecuadas para desarrollar su creación y aquí elaboraron sus mejores canciones.

Durante estos meses, exhibiremos las más destacadas representantes de este hecho cultural, cuyos relatos confirman la buena decisión que tomó la Unesco al elegir a Bogotá como Ciudad Mundial de la Música, honor que solo comparte con: Sevilla (España), Bolonia (Italia), Glasgow (Escocia) y Gent (Bélgica).

María Mónica Gutiérrez (Suricato, Ságan y Montañera): Placer eléctrico

Algunos de sus seguidores aseguran que ella tiene una de las voces más sensuales del panorama musical colombiano. Es una de las artistas más versátiles del medio y lo comprueba constantemente en la exposición de sus tres proyectos, en los que se da el lujo de interpretar notas para una banda que combina jazz, rock’n’roll y otros sonidos de la cultura popular (Suricato); para luego convertir su interpretación vocal en texturas sonoras en el marco de la composición electrónica (Ságan); y finalmente acudir a la construcción de expresiones tradicionales con la ayuda de músicos profesionales argentinos (Montañera). Ella se llama María Mónica Gutiérrez, apenas tiene 26 años, y ya ha recorrido con cada una de sus agrupaciones musicales buena parte del planeta.

Cuando María Mónica recuerda sus primeros pasos musicales, acude a momentos en los cuales, de manera lúdica, versionaba a los 10 años canciones de las Spice Girls con sus amigas. Luego hizo parte de coros juveniles que interpretaban música infantil y religiosa, al tiempo que un familiar comenzó a mostrarle King Crimson, Led Zepellin y otras agrupaciones clásicas. Luego, en el bachillerato, conoció el rock argentino y fue entonces cuando se enamoró de Charly García.

A los 16 años se dio cuenta de que no tenía más opción en la vida que asumir un futuro profesional musical. Era eso o estudiar Antropología. Afortunadamente fue aceptada en la Javeriana. En el mismo examen de audición para entrar a la carrera, frente a un nutrido público asistente donde se encontraban músicos y docentes relacionados con la institución, un profesor de batería, Jorge Sepúlveda, quedó tan impresionado con su voz que le propuso formar parte de una agrupación de sonido urbano llamada, desde entonces, Suricato. Así que, como ella misma dice, desde el primer momento de su vida universitaria comenzó su trayectoria artística en serio.

Con Suricato, desde entonces, María Mónica ha podido presentarse en escenarios latinoamericanos, estadounidenses y europeos. Una de sus salidas más destacadas fue en el Festival de Jazz de Buenos Aires, en 2011. Luego su participación en Jazz al Parque, en Bogotá (curiosamente, al frente de su casa, en el Parque Metropolitano El Country) fue muy celebrada por los asistentes. Suricato, según sus propias palabras, representa en su sonido la complejidad de Bogotá, “un caldo lleno de cosas, pero rico”. Ella cree que en la música de la agrupación se sienten los grandes contrastes de la ciudad, el pavimento y las montañas, el desorden y la armonía. En fin, una urbe caótica que no deja de ser atractiva en su interpretación. Con Suricato, Gutiérrez ha publicado dos álbumes, Remolque juguete (considerado uno de los mejores discos de 2011 según Semana) y Rosario de Plumas, publicado con éxito bajo el sello de la Distritofónica.

En medio de sus actividades universitarias, María Mónica fue contactada por Felipe Ortega, un productor de música electrónica que le pidió su colaboración para incluir unas voces en unas grabaciones sin mayor compromiso. Poco a poco, Ortega la fue involucrando en nuevas sesiones y de repente se dieron cuenta de que le habían dado forma a un nuevo proyecto, que pronto llamaron Ságan. El sonido de esta banda se relacionó desde sus comienzos con el dream pop, en el cual se observan intenciones corales que podríamos describir por momentos como “eclesiásticas”, sumado a manejos de tiempo que provienen muy seguramente de influencias de artistas etiquetados dentro del trip hop. Planteando una propuesta global de alto nivel estético, Ságan publicó en 2015 un disco de siete canciones llamado Cada célula, que desde el momento de su estreno fue alabado por los comentaristas más destacados. Fueron prontamente invitados a presentaciones en certámenes internacionales, destacando su actuación en SXSW, en Austin, y luego grabando una audición en la reconocida emisora pública KEXP, de la ciudad de Seattle, vista de manera masiva en el canal de YouTube de la radio. En el ámbito local han participado de manera sobresaliente en Estéreo Picnic, Hermoso Ruido y la versión colombiana del festival canadiense Mutek.

Mientras trabaja en el lanzamiento de los nuevos discos de Suricato y Ságan, María Mónica anuncia que pronto estrenará su proyecto como solista, llamado Montañera. Aquí desarrolla su interpretación personalizada del folclor colombiano, aunque curiosamente grabó su primer álbum en Buenos Aires, acompañado de músicos de sesión porteños. En Montañera, Gutiérrez explora más a fondo su faceta compositiva y promete irse por caminos diferentes a sus anteriores experiencias.

En fin, María Mónica Gutiérrez es una de las mujeres más interesantes de la escena musical colombiana, fortaleciendo su presencia en audiencias de distintos géneros alrededor del mundo. Pocas veces hemos podido ver tal diversidad de estilos con tan buenos resultados. Y apenas tiene, insistimos con el dato, 26 años.

Magdalena Cubides (Cocó Nonó): Placer acústico

La charla comienza con su primer recuerdo musical, una canción que su padre le compuso a manera de nana, en la que habla de un pato amarillo que tenía un amigo trombón. Magdalena ya a temprana edad respiraba música todo el día en su casa. Vivía rodeada de instrumentos, equipos de sonido y discos. Su padre fue director de orquesta y su madre, de nacionalidad húngara, traductora de profesión, trabaja desde hace más de dos décadas con la Ópera de Colombia, y por ello constantemente en su hogar se escuchaban a todo volumen las obras de Puccini, Mozart y Gounod, entre otros. Sus hermanos le dieron la información necesaria sobre los géneros más populares y la llenaron de punk, rock progresivo y alguna vez, aprovechando su inocencia, le vendieron un álbum de Metallica cuando ella tenía 8 años.

Era el bicho raro en su curso en el colegio Helvetia. Mientras sus compañeras eran devotas de los Backstreet Boys, ella se aburría con ese tipo de propuestas adolescentes comerciales. Lo suyo iba más del lado de King Crimson, Charly García y la música clásica. Al llegar a la Universidad de los Andes, donde estudió Artes Plásticas, hizo parte del proyecto musical de la maestra Carolina Gamboa, llamado Ensamble de Experimentación Vocal de Los Andes (EEVA), donde participó en conciertos en los que se interpretaba la obra de Meredith Monk, Jacqueline Nova y otras compositoras del siglo XX. Al graduarse, se conoció con la contrabajista Nataly González, con la que comenzó a participar en obras sociales y terminó armando, en 2012, un proyecto musical al cual le dio por llamar Cocó Nonó.

La banda inició como un proyecto informal, amateur, sin mayores pretensiones, pero Ernesto Santos, docente y productor que trabajaba en su universidad, al escuchar su voz le sugirió hacer una audición para presentarse en el restaurante Bandido. Solo después de ser aprobada y recibir su primer pago por su actuación, se dio cuenta de que podía aspirar a ser profesional. A partir de ahí, vinieron toques en bares, matrimonios y otros recintos, donde, de manera feliz empezó a recibir un dinero que antes no tenía presupuestado. Desde entonces se han adaptado a los escenarios más diversos, que van desde salones de baile hasta parques y bibliotecas. Cuando hablamos de “su” público, Magdalena no duda en señalar que se siente cómoda con la variedad, con niños que apenas se integran en el ambiente músical y gente de la tercera edad que vuelve a la costumbre de bailar cuando los escuchan.

Aunque, un poco después de la fundación de la banda, Nataly viajó y abandonó el proyecto, Magdalena fue integrando otros músicos a la agrupación y se encontró con Juan José Salazar, con quien pudo evolucionar a fondo ese sonido construido a partir de jazz, bluegrass, country, rock’n’roll y otros géneros, desarrollados de forma acústica, con instrumentos como el ukelele, la guitarra, el banjo, el charango y la mandolina. Hace dos años lanzaron su primer álbum, llamado Cocó Nonó, un compilado de 15 canciones, cuyos primeros sencillos entraron rápidamente al top 25 de la emisora pública Radiónica y les permitieron participar en el Bogotá Music Market (BOMM), evento organizado por la Cámara de Comercio de Bogotá, para tener la oportunidad de presentar sus labores frente a empresarios internacionales.

Magdalena se da el lujo de cantar en español, inglés y francés. Igual dice que es mayor reto escribir buenas letras en español. Asegura que “para nosotros los latinos, en inglés todo suena bien (casi todo), en francés suena elegante, pero porque son idiomas ajenos en cierto modo. En cambio en español, nuestra lengua,  las cosas nos suenan a veces ridículas porque les encontramos muchos significados”. Cocó Nonó prioriza el español en sus letras, pero “si en el camino van saliendo otras y sentimos que pueden funcionar, pues las compartimos con el público, así sean poco francófonos o angloparlantes”.

Magdalena logra describir poéticamente la música que hace su agrupación. Dice que Cocó Nonó suena a juventud que viaja en el tiempo. Ella sabe que los ritmos a los que acude para construir sus composiciones tienen más de un siglo de existencia, pero su labor es darles el renacimiento que se merecen para ser escuchadas por nuevas generaciones. Sin importar el corto camino transitado por la banda, ya han sido reseñados por buena parte de los medios especializados del país y su presentación en el Festival Estéreo Picnic fue calificada como uno de los mejores actos del evento. A la espera de la grabación de su próximo álbum, Cocó Nonó pronto anunciará su gira por el país, que realizará una vez se concreten sus planes de financiación y promoción independiente.

Algunos podrán decir que Magdalena sigue siendo el mismo bicho raro de los tiempos colegiales, pero las diferencias que marca a la hora de hablar, de cantar y de componer con su agrupación le han permitido irse posicionando como una de las artistas más interesantes de la escena musical colombiana. Es un envite seguro.

*Periodista musical.

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