BUSCAR:

Música para bogotanos

.

45 años de la Orquesta Filarmónica de Bogotá

¿Qué se podía hacer con un millón de pesos en 1967? Nada menos que una orquesta. Y así se hizo.

Por: Luis Daniel Vega* Bogotá

Publicado el: 2012-11-27

El caos de una nación violenta marcó el destino de Bogotá, ciudad que para la década de los años sesenta llegó a los dos millones de habitantes. Con las secuelas del desaforado crecimiento demográfico, Bogotá se mostró como una metrópoli convulsionada que no era ajena al mundo y comenzaba a cambiar la concepción costumbrista y elitista de sus artes. Ahí comenzó la idea de democratizar la mal llamada música culta para un público marginado que también quería disfrutar obras de autores colombianos, aires populares llevados a la interpretación clásica y, por supuesto, el repertorio de música sinfónica.

Convencidos de que no era una idea descabellada darle vida a una segunda orquesta en la ciudad, los violinistas Frank Preuss y Jaime Guillén Martínez constituyeron el 25 de enero de 1966 la Fundación Filarmónica Colombiana, una entidad sin ánimo de lucro destinada a la divulgación de la música culta en escenarios populares. De allí se desprendió la Filarmónica Colombiana, una orquesta malograda que, a pesar de su corta vida, fue el origen para que Raúl García y Mario Posada (dos antiguos miembros de la junta directiva de la Fundación) retomaran con obstinación la idea de Preuss y Martínez.

Con un presupuesto oficial de un millón de pesos, en el mes de agosto de 1967 Posada y García lograron que el Distrito promulgara el Acuerdo 71, mediante el cual la recién bautizada Orquesta Filarmónica de Bogotá se anexó al gobierno distrital. Un año más tarde, bajo la tutela administrativa de García, la dirección musical de Melvin Strauss y treinta y ocho músicos titulares, la OFB haría su presentación en sociedad con un concierto memorable en el Teatro Colón, evento que tenía como telón de fondo el recibimiento del carismático Pablo VI bajo el marco del XXXIX Congreso Eucarístico Internacional. El 19 de agosto de 1968, entre la expectativa y la sorpresa, la OFB interpretó a Bach, Mozart, Marco Aurelio Vanegas, Bartok y Mendelssohn.

Hacia la mayoría de edad

A pesar de problemas presupuestales y burocráticos, durante las décadas de los años setenta y ochenta, la OFB llegó a la mayoría de edad con su credo intacto: desmitificar la solemnidad propia de la música culta. Así, el público logró ver en televisión conciertos didácticos en el espacio Música para todos que, con la apasionada labor de Hilda Pace de Restrepo y el músico español José Buenagu, logró la envidiable cifra de un millón de televidentes. Por otra parte, en 1975 la OFB se instaló en el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia, construyó allí su mítica morada y regaló sus notas a la comunidad universitaria en la jornada sabatina que hoy ya es una tradición bogotana. Con sede propia y un programa de televisión exitoso, la Filarmónica se aventuró en los terrenos discográficos con La música del Atlántico (Sonolux, 1979), registro dirigido por Francisco Zumaqué que a la luz de los años ratifica de manera coherente la intención que desde 1967 se ha mantenido en la Orquesta: sobreponerse a los complejos tercermundistas.

No resulta extraño que, después del disco de Zumaqué, las grabaciones indicaran un compromiso tácito frente a la música y los músicos colombianos. De esos dan cuenta títulos como Carmiña canta a Colombia (CBS, 1980) –¡del cual se vendieron 70.000 copias!–; Simón Bolívar. Poema sinfónico vocal Op. 95 (CSTC, 1983) –celebración del centenario del Libertador escrita por Blas Emilio Atehortúa–, hasta Mestizajes (Discos FM, 2009), producida acertadamente por Ricardo Jaramillo e Iván Benavides.

Avatares y buena salud

Luego de veinte años al mando del timón, Raúl García se despidió de la administración de la Filarmónica no sin dejar un legado sólido traducido en la presencia de del búlgaro Dimitar Manolov, recordado director con el que la OFB vivió uno de sus momentos más gloriosos.

En reemplazo de Manolov y García llegaron en forma simultánea el chileno Francisco Rettig como director titular y María Cristina Sánchez en la dirección ejecutiva, quien logró el reordenamiento salarial, la adquisición de una bella casa estilo inglés en el barrio Teusaquillo como sede de la OFB –que se mantiene hoy en día–, la adecuación de la Sala Otto de Greiff y la edición de las Memorias musicales colombianas, colección de siete volúmenes que a la postre serían el material base para la compilación OFB es Colombia, disco que en el 2008 recibió el Premio Grammy Latino a Mejor Álbum Instrumental. Pese a su gestión, en el 2002 embrollos burocráticos precipitaron la partida de Sánchez a quien reemplazó el joven Mauricio Peña que logró mantener a flote un barco averiado.

Durante un limbo institucional que se extendió del 2004 al 2007, la OFB se mantuvo a flote en lugares inéditos como la tarima de Rock al Parque donde compartió escenario junto a Kraken en un concierto vibrante que quedó en la memoria de los rockeros bogotanos.

Con la acertada designación de María Claudia Parias en la dirección ejecutiva hace cuatro años, la Orquesta logró un acuerdo laboral que puso fin a casi nueve años de conflicto entre el sindicato y la administración distrital, lo que catapultó los intereses artísticos de la Filarmónica para la realización de proyectos culturales de gran envergadura, como lo fue el inicio de una serie de giras por el mundo y, sin lugar a dudas, el proyecto más ambicioso en su historia: la puesta en escena de La octava sinfonía de Mahler.

Con cerca de ochenta y seis conciertos al año, 1.184 talleres y clases que benefician a 780.000 personas (quienes también disfrutan de doscientos cuarenta conciertos didácticos y tres temporadas fijas de presentaciones en parques, iglesias y auditorios), la OFB ratifica una empresa disparatada que hace cuarenta y cinco años un par de quijotes echaron a andar. Hoy, con buena salud, un aparato administrativo sólido, una planta de músicos impecables y la certeza de que se trata de una de las orquestas más fuertes de Latinoamérica, la OFB es un patrimonio musical bogotano que se pasea por la ciudad sin aspavientos. |