Andrés Calamaro, cantante argentino

Oro y latón

'Jamón del medio' y 'Pura sangre' son las dos aproximaciones a las audiencias de Calamaro en España y América Latina, incluidas en su último disco, que viene con un DVD. Tildado de desproporcionado, megalómano y presuntuoso, el fundador de Los Rodríguez viene a Colombia en marzo a presentar otro trabajo que algunos llamarán desmesurado y otros, genial.

2015/01/22

Por Juan Carlos Garay* Bogotá

Casi todo lanzamiento nuevo de Andrés Calamaro es noticia por lo voluminoso. La tendencia comenzó con El salmón, una caja de cinco discos repletos de canciones que, aparte de merecerle el apodo piscícola, ayudó a consolidar su fama de compositor prolífico, casi inagotable. Sus detractores dicen que esos álbumes son caóticos y desiguales, que hay oro mezclado con latón. Pero lo mismo podría decirse de otros documentos exuberantes en la historia del rock como el Álbum blanco de los Beatles o el Sandinista de The Clash. Lo que sorprende es que en plena etapa de crisis de la industria discográfica, aparezcan caprichos suyos como Obras incompletas de 2009, que aunque incompletas eran aplastantes: seis discos, dos videos y un libro.

Ahora se anuncian dos álbumes simultáneos en enero y una visita que lo pondrá en la tarima del festival Estéreo Picnic, en Bogotá, el próximo mes de marzo. Tal vez por eso, a pesar de mantenerse rebelde e iconoclasta, accedió a contestar este cuestionario que quiso ser un repaso de los mejores momentos de su carrera. Hay algo de vuelo de pájaro (¿o carrera de salmón?) en esta charla, pero es que frente a un artista así de desmedido, abarcar todos los temas siempre será una ilusión.

Una vez más no lanza un disco, sino dos. Y además uno viene con DVD incluido. ¿Por qué le gustan tanto los box sets, las ediciones múltiples?

Sinceramente me gustan más los viejos discos de 40 minutos. Como depredador de discos prefiero eso, aunque también me agradan los discos múltiples si los contenidos son interesantes. Ahora elegimos ofrecer un formato que no sea demasiado caro para aquellos que todavía tienen la romántica voluntad de comprarse la música. El video no es una obra menor, pero un disco de audio solamente va a ser escuchado, y escuchar sin ver imágenes es otra disciplina que nos acerca a la música de una forma más íntima.

Hay una separación entre los shows grabados en Europa (Jamón del medio) y los de Suramérica (Pura sangre). ¿Son muy diferentes los oyentes de ambos continentes?

Las audiencias se comportan distinto si están de pie o están sentadas, si pueden fumar o tomar cerveza. Muchas veces tenemos un público que canta fuerte con nosotros, casi siempre tocamos para un público que llegó por su propia voluntad, y por lo general tenemos los oyentes que merecemos. Jamón del medio es una grabación completamente española: elegimos el repertorio y dejamos mezclar con libertad de criterios al ingeniero, que hizo un buenísimo trabajo. Pura sangre tiene como base el último concierto que hicimos en Buenos Aires y optamos por unas mezclas con más ambiente, usando contenidos del recital del Hipódromo.

En el escenario toca guitarra y teclados, pero el primer instrumento que le regalaron fue un bandoneón. Y hay varios momentos de tango en su discografía, incluido ese álbum completo llamado Tinta Roja. ¿Diría que el tango lo regresa a su infancia?

Aquel bandoneón era en realidad un acordeón, pero nunca llegué a dominar la mano izquierda, que es un sistema de botones que nunca me tomé el trabajo de entender. No tengo una infancia tanguera; en mi casa se escuchaba tango pero también jazz, Beatles, música brasileña, italiana… A mi padre sí le gusta muchísimo el tango, llegó a escuchar a Gardel en vivo. Pero los tangos los tengo que aprender uno por uno. Eso, y cantarlos como creo que los tengo que cantar yo.

La primera composición suya que conocimos en muchos países fue Mil horas, allá en 1984. Es muy poderosa. ¿De dónde vino esa imagen del tipo mojándose bajo la lluvia “como un perro”?

Todos esperamos alguna vez, y dos horas parecen mil horas en determinadas circunstancias. Incluso 20 minutos puede ser demasiado tiempo esperando. Si llueve es mas incómodo… o tragicómico.

Luego, en 1990, toma la decisión de radicarse en España para trabajar con Los Rodríguez. ¿Argentina y España son sus dos patrias?

Tengo más patrias, o pueblos hermanos. Sería más apropiado decirlo así. En Madrid viví muchos años, tengo mi casa allá y un pedazo de vida, amigos, instrumentos, otra colección de discos. Hay muchas cosas en España que hice propias. Nos pertenecemos.

El año pasado salió una edición conmemorativa por los 20 años del álbum Sin documentos de Los Rodríguez, e incluso una edición en vinilo para coleccionistas. ¿En su momento pensó que iba a ser un disco de culto?

Sin documentos fue más importante que un disco de culto. Para Los Rodríguez como personas fue un disco clave; pudimos pagar las deudas y vivir más dignamente con la música. Pudimos alquilarnos viviendas comprar nuevos instrumentos y hacer conciertos más importantes.

A propósito de aquel vinilo conmemorativo, ¿es audiófilo? ¿Anda en la fiebre de los tornamesas?

Me gustan todos los formatos. No distingo mucho entre el sonido de un plástico negro y un CD, o la música que tengo archivada en librerías digitales. Supongo que escucho otras cosas de la música además de la calidad de audio. Para mí la música siempre suena muy buena cuando es muy buena.

En 1997 su canción Loco desató alguna polémica en Argentina porque hablaba de “fumar un porrito”. Doce años después el Congreso argentino despenalizó el consumo personal, o sea, el porrito. ¿Se siente adelantado a su tiempo?

Me siento parte de la multitud que fumó marihuana con libertad individual a pesar de las pesadas prohibiciones. Para mí fumar siempre fue lo más normal del mundo. Es ridículo que nos hayan tratado como a criminales y la sociedad se haya permitido la impertinencia de tratarnos como a enfermos.

En 1999 lanzó un disco doble y al año siguiente un disco quíntuple (el famoso Salmón): en total, 140 canciones en dos años. Siempre había querido preguntarle: ¿Fue producto de una adicción al trabajo o de una inspiración desbordada?

Fue producto de una adicción inspirada y desbordada. Para publicar 140 canciones hay que manejarse con 300 o 400 y elegir. Para mí grabar mucho no resulta un problema, soy ágil con las grabaciones, hace muchos años que tengo equipos aptos en mis estudios domésticos. Hace 30 años ya estaba grabando con mi primer grabador de cinta de ocho pistas.

Y después de esa catarata de canciones, supongo, vino un receso…

Después de la catarata vino otra catarata más… y otra. La última fue hace dos años.

¿Pero no ha llegado a sentir el síndrome de la página en blanco? ¿No ha habido períodos en que no se le ocurre nada?

Muchas veces sentí que la inspiración se secaba y es perfectamente normal. No es complicado activar la inspiración de nuevo. Si no se me ocurre nada es porque no lo estoy intentando. Además me necesito inspirado para cantar en los recitales.

Hay dos trabajos muy diferentes en su discografía que son El cantante y Tinta roja. Son más acústicos, referidos al pasado, y cuentan con la producción de Javier Limón. ¿Se estaba alejando del rock conscientemente?

No puedo alejarme del rock, pero puedo grabar en muchos registros y asociarme con músicos de distintos géneros. Soy músico, hacer canciones es una etapa y un oficio. Llegué a las canciones después de hacer música más experimental y participar en asuntos musicales distintos. Hago canciones de rock después de haber transitado música progresiva, hard rock, armonías de fusión jazzista, candombe-funk y ofrecer mis teclados al servicio de cualquier cantante que quisiera contratarme por unos pocos billetes. Frente a la categoría de los artistas del flamenco y del tango, hay que saber estar y mostrarse iconoclasta, a tiempo y afinado.

Alguien dijo que era audaz titular un álbum El cantante cuando se tiene como hermano a Javier Calamaro…

Grabar El cantante fue audaz porque es el emblema de Héctor Lavoe: un genio.

Hablando de cantantes, fue exquisito escucharlo como invitado en el disco de tangos de El Cigala. ¿Qué recuerda de esa unión?

Diego es mi querido amigo, pero cantar con El Cigala es imposible. Es demasiado bueno, poderoso, afinado y genial. Nos respetamos y nos queremos; no sé si me permite cantar con él porque somos amigos. Nos encanta encontrarnos y cantar juntos. Para mí cantar siempre es interpretar, no sé cantar dos veces iguales una misma canción.

Ahora pasemos a un segmento donde nadie canta: tal vez el momento más sorprendente de Jamón del medio es un jam, una improvisación instrumental de diez minutos. ¿Es un ejercicio que hace con frecuencia sobre los escenarios?

Lo hicimos casi siempre. Empezamos en Perú, y de ahí en adelante siempre ofrecemos una improvisación distinta y genuina. Así nos presentamos como grupo y como individuos; y también estamos haciendo unos registros que nos gustan realmente, más free.

Por último, se acaba de ganar un Grammy Latino por Mejor Canción de Rock. ¿Qué importancia les da a estos premios?

Son buenos premios porque reconocen la excelencia de todos los que grabaron y apoyaron la existencia de este disco: productor, músicos, todos los que trabajan duro con alegría y creen en nosotros. Soy muy buen perdedor de premios. No soy un coleccionista de bronces y entiendo la naturaleza corporativa que puedan tener, pero es una ocasión para saludar a otros colegas y demostrarnos afecto y respeto.

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