Kanye West

Wild Wild West

Uno de los fenómenos más sorprendentes del mundo del rap tiene a sus millones de fans contando los días: su nuevo disco saldrá a la venta el 18 de junio. ¿Por qué es tan hábil comunicador? ¿Son sus letras? ¿Sus videos? ¿Su marketing? ¿O es sencillamente un músico fuera de serie?

2013/06/14

Por Santiago Martínez Caicedo* Bogotá

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Sin embargo, en este mundo de comunicaciones inmediatas, unas pocas palabras parecen tener más fuerza propulsora que un puñado de imágenes. Es, en parte, una cuestión de plataformas. En nuestros días, una persona como Kanye West solo necesita escribir dos sencillas palabras en su cuenta de Twitter –“Junio dieciocho”– para remover los tejidos internos de la red global y empujar cuesta abajo una bola de nieve que crece a velocidades inauditas. Ese trino fue lanzado a principios de mayo, y las especulaciones que surgieron en torno al encriptado mensaje han variado desde la fecha de nacimiento de su hijo hasta el recordatorio de una importante cita odontológica. Pero ahora sabemos la verdad: el dieciocho de junio el polémico rapero de Chicago lanzará su sexto álbum, que aparentemente llevará el modesto título de Yeezus.

Ahora bien, ¿quién es Kanye West? Después de trabajar como productor detrás de las consolas, lanzó su primer álbum en el 2004, The College Dropout, y empezó algo que daría a conocer como la Trilogía Estudiantil. En este trabajo apareció por primera vez un elemento que lo haría destacar en la escena del hip-hop estadounidense: sus letras y melodías eran dulces y armónicas, lo que le dio un tono nuevo a una música tradicionalmente asociada con pandillas gringas enfrascadas en una guerra salvaje entre las dos costas. Vinieron después Late Registration (2005) y Graduation (2007) para completar el tríptico con el que pretendía hacer una crítica a los problemas de la educación superior norteamericana. El primero resultó un éxito mundial, y un objeto extraño en el mundo del hip-hop al ser producido por Jon Brion (el encargado de la maravillosa banda sonora de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos de Michel Gondry), un señor más cercano a la música folk, a las letras románticas y al juego con instrumentos extraños, que a la fuerza lírica propia del rap. Uno de los sencillos del disco, “Gold Digger”, es un ejemplo del muy inteligente uso que hace West de pistas provenientes del R&B clásico sobre las que juega con sus propias letras. El segundo trabajo, Graduation lo consagró; entre este y el primero se ganó un lugar en el podio de los verdaderos MC’s. Colaboraciones con gente de la talla de Daft Punk y Chris Martin lo hicieron una presencia fuerte en el mundo de la música pop.

En el 2008 se alejó aún más del hip-hop e incursionó en los terrenos del electropop con el álbum 808’s & Heartbreak, donde utilizó máquinas –nuevas para el 2008, claro– de percusión y de distorsión vocal hasta en el último acorde del disco. Las técnicas de mercadeo de este disco fueron una prueba del poder de convocatoria de West en las redes sociales, donde llenó de expectativa a sus fanáticos –como lo hace hoy– con información repartida a cuentagotas. Por este trabajo, la prestigiosa revista francesa Les Inrockuptibles comparó a West con el Bowie de los años setenta o con Björk de los noventa, en cuanto todos habían experimentado y mezclado sonidos que pronosticaban el estilo de la música del futuro. Y es precisamente ese acercamiento a grandes músicos provenientes de diversos géneros lo que hace que la música de West sea novedosa y atractiva. Al leer los créditos de su último disco, My beautiful dark twisted fantasy (2010), uno pensaría que se encuentra ante un compilado de indie-folk-gafapasta, con colaboraciones no de Jay-Z o Missy Elliot, sino de Bon Iver, St Vincent y Sufjan Stevens.

Kanye West tiene cierta inclinación hacia el escándalo y al parecer, no se puede quedar callado. Posó como Jesucristo para la portada de Rolling Stone, algo que al parecer está prohibido, y en la última gala del Museo Metropolitano de Nueva York gritó “¡Soy Dios!”. Hace unos años, durante un concierto de recaudación de fondos para las víctimas del huracán Katrina, un evento con un tufillo más bien desagradable, West se salió del guion que había ensayado y dijo, en vivo: “A George Bush no le gustan los negros”. Sorprendentemente, a George Bush esta declaración lo afectó mucho y dijo que había sido uno de los peores momentos de su presidencia. De nuevo, el poder de la palabra de West resulta impresionante; de pronto de verdad sea Jesús.

El poder de West, por supuesto, no solo radica en su falta de filtro a la hora de hablar en público, en la fuerza de sus letras o en su poder como productor. Sus videos musicales resultan, cuando menos, contundentes. Solo hay que ver el video de “Runaway” –parte de un cortometraje de media hora dirigido por West y el segundo videoclip más largo de la historia– para percibir algo nuevo y arriesgado. La cúspide de su trabajo audiovisual viene de la mano del videoartista Marco Brambilla, quien con su técnica de collage, dirigió para West el video de “Power”, una canción de poco más de un minuto de duración en donde el director encuentra tiempo suficiente para narrar la caída de una civilización viciada que desemboca en una guerra cruel.

Y bueno, ahora viene Yeezus. El dieciocho de junio. Su estrategia de mercado es de nuevo inusual y, por lo mismo, atractiva. El 17 de mayo pasado el equipo de West proyectó en sesenta y seis ciudades del mundo, sobre edificios emblemáticos, el video del nuevo sencillo “New Slaves”; el público asistente era convocado con monosilábicos mensajes de Twitter y, sin embargo, allí estaban a la hora indicada. El evento resultó un éxito mundial, menos en Houston donde la policía impidió las tres proyecciones programadas. Al día siguiente el rapero presentó esta y otra canción, “Black Skinhead” en vivo en Saturday Night Live, y el público quedó encantado. En resumen, Yeezus ha creado tanto o más revuelo que el último disco de los Daft Punk (quienes también trabajan con West en este álbum). Las dos canciones presentadas prometen un trabajo sólido e interesante. Ahora solo queda por verse el revuelo que causará la figura pública de West con sus palabras, sus relaciones personales y, sobre todo, con su música.

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