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El nuevo (viejo) Museo Nacional

Es el fin de una era. La directora del Museo Nacional, María Victoria de Robayo abandona el barco por inminente jubilación. Para la ocasión, el diario El Tiempo le da página entera con un artículo extraño, como de Caras, en el cual se destacan lugares comunes, anécdotas loatorias de algunos de sus subordinados y un par de valiosos detalles con algunas claves para entender el periodo. Para no decepcionar a algunos de mis lectores, meto yo también la cucharada.

2015/01/22

Por Nicolás Morales

Un museo plural (¿pero incomprensible?) María Victoria de Robayo deja un proyecto de nuevo ordenamiento de las colecciones del Museo, tema en el que se viene trabajando hace años. Y su piloto al parecer es una nueva sala llamada “Memoria y Nación”. La tesis central que recorre este espacio es la inclusión de un país invisible en las antiguas salas, por su ordenamiento tradicional y conservador. Pero al recorrerlo, confieso, no logré entender del todo el objetivo de esta sala. Si se trataba de plantear una nueva narrativa incluyente, interpelando la forma como las colecciones han interpretado la idea de nación, este propósito fracasa aunque con elegancia. Primero, me encontré con un espacio hecho de fragmentos, rostros e imágenes deshilvanadas. Digo yo: nombrar al otro no es necesariamente incluirlo. El sincretismo como fenómeno no es un evento meramente estético como lo sugiere esta sala. Se debería visibilizar la potencia creadora del encuentro entre tradiciones diversas para contarnos como nación. Las presencia de las frutas americanas en un altar barroco o el uso de unas plumas nativas en un tapete colonial no me explica nada. Parece un collage básico. El contraste entre la oralidad y la escritura me pareció muy simple al abordar el tema de la construcción y transmisión del conocimiento desde una mirada diversa. ¿Dónde quedan los manifiestos políticos (escritos) de Quintín Lame? ¿Dónde queda el uso estratégico de los títulos coloniales que han hecho los indígenas para reivindicar sus derechos? Si queremos lanzarnos al arduo trabajo de pensar una nueva narrativa de nación tenemos que empezar por abandonar los estereotipos que hemos construido alrededor de la diferencia. Con confrontar la imprenta y la oralidad asociada al tabaco decimos poco y yo, espectador promedio, no entendí nada. El grupo temático que aborda guerra y memoria es evocativo pero se asustan con la piel del tigre. Y Miguel Ángel Rojas y los telares de Mampuján no me parecen suficientes para que un bogotano normalito como yo se acerque a los conflictos contemporáneos del país. No estoy diciendo que sea una tarea fácil construir una exposición piloto (por cierto tan publicitada) de un nuevo museo. Pero la sala, a pesar de sus increíbles ayudas tecnológicas, no entrega lo que anuncia. Por cierto, salvo por San Pacho, no vi afros.

La ampliación del Museo (o el desastre de lo público). Hace mucho que se pensó en que el Museo debía ampliarse y con absoluta razón: es ridículamente pequeño. Pero los intentos han sido un fracaso. Con honestidad me pregunto cuánto tiempo y dinero se han gastado en estos planes estratégicos de ampliación, hoy algo imaginarios. Si bien la no ampliación es una derrota de todo el Estado, incluyendo las burocráticas gobernaciones y alcaldías de turno, el Ministerio de Cultura debe asumir la culpa. Fue incapaz de hacer legítima entre los políticos la idea de la ampliación. Y eso, creo, era en buena parte su tarea: hacer política (y politiquería si toca) a favor de la cultura nacional. O hagamos venir funcionarios antioqueños que –como con el caso de la ampliación del Museo de Arte Moderno de Medellín– hacen que se den las cosas.

Se busca directora, (¿debe ser una intelectual?) Lo único que cabe decir es que la sucesión deberá estar en manos de alguien que comprenda el momento histórico. El Museo no puede ser ajeno a la escenificación del posconflicto, que es un vacío de la sala Memoria y Nación. ¿Entenderá la ministra Garcés la responsabilidad del nombramiento? No sirve que pongan una galerista de arte ni la cónsul de Saint Tropez. Se necesita una persona que construya un museo contemporáneo de lo nacional invocando la guerra y la paz, desde el pasado pero también desde el futuro. Y de guerra y paz sí que saben este país y el museo.

Cuando el futuro es el pasado. La era Cuervo-Robayo dejó cosas buenas; cierto, omitió algunas y sin duda creó vacíos que pueden ser hoy oportunidades. Pero sus curadores –hay que decirlo– fueron siempre equipos juiciosos. Esos funcionarios, hoy algo confundidos, tienen la tarea pendiente de contarnos, con relatos menos evocativos y más explicativos qué carajo es Colombia. Para eso es un museo nacional de un país que se asoma a la paz de manera inaudita.

 

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