Nicolás Morales.

El sí y el no: de la gazapera y la camorra

A lo largo de la contienda por el Plebiscito, el sector cultural colombiano dejó ver el alto interés que dice tener por los debates políticos históricos.

2016/09/29

Por Nicolás Morales

A lo largo de la contienda por el Plebiscito, la cultura (¡por fin!) dejó ver el alto interés que dice tener por los debates políticos históricos y se dispuso ansiosa al lado del ring para ser testigo de cómo los bandos, cada uno fiel a su estilo, se lanzaban sus mejores ganchos y rectos. Leímos muchas columnas y vimos muchas formas de lucha, pero en el debate quedó en evidencia el peso específico (e intelectual) de los contendientes y fue fácil constatar que la inclinación del sector cultural fue abultada en torno a una de las partes: encontramos muchos luchadores sin cuartel por el Sí, como el buen Ricardo Silva, y muchos escépticos que tendieron hacia él, como Mauricio Pombo. Fuimos testigos del éxito de Héctor Abad al “conquistar” (y reclutar) a Mario Vargas Llosa y combates sin cuartel que dieron escritores reconocidos en el cuadrilátero de las redes sociales. (Recuerdo uno soberbio que orquestaron con talento e inteligencia Juan Esteban Constaín, Juan Cárdenas y Antonio Ungar). Hasta tuvimos un corto y contundente manifiesto firmado por 80 escritores que respaldaban el Sí, entre quienes estaban Tomás González, Laura Restrepo y Roberto Burgos Cantor.

Los pesos pesados se inclinaron por Sí en el Plebiscito.

Todos los púgiles reconocidos de narrativa —muchos con palcos de prensa— se dejaron ver sosteniendo el banderín progre. No hubo excepciones. Bueno, si recordamos que Plinio Apuleyo fue autor de una gran novela en los ochenta, él sería la excepción; pero eso era más que previsible —y además, fue en los ochenta, éramos jóvenes e inocentes—. Eso sí, dos escritores de novela histórica parecían estar en el No: Mauricio Vargas y Enrique Serrano, pero no pude constatarlo. Y sería raro: justo dos del género de las novelas de próceres, campañas épicas y grandes gestas, en fin. Aunque deambulan por la categoría welter, son taquilleros (al César lo que es del César). Por cierto, me le medí al último libro de Serrano y es flojo: en tres capítulos perdió por knockout técnico. Es un típico libro de derechas: ideológico hasta el tuétano, mal documentado y que no resiste un sparring profundo ni un análisis académico; pero, ¡atención!: lleva tres ediciones. Punto aparte. A los nadaístas, fieles a su estilo, no se les entiende nada: habrían podido estar con el Sí y con el No y daría igual. Y tendrán mil anécdotas.

Los Out-fighters, por el Sí.

No hay un Céline en el campo de los negacionistas colombianos del acuerdo. No conozco ningún autor de ficción con buena estatura estética y escritural que se haya pronunciado por el No o que se manifieste abiertamente de derechas. No vemos un intelectual a lo Bernard-Henri Levy como sí lo hay en Francia. La derecha nacional se quedó sin figuras cultas y nos toca tolerar otras hierbas de estilo tropelero y poca gracia literaria. Toda esta ausencia de talento suscita preguntas y preocupaciones: si en el siglo pasado la derecha mantenía una batería de escritores e intelectuales costumbristas de cierta calidad, hoy son rarísimos. Se extraña la derecha de Gómez Dávila. Y, para rematar, todos los columnistas de buena escritura votaran por el Sí; hasta Antonio Caballero, que por naturaleza le encanta fajarse contra todo.

¿La derecha tiene algunos intelectuales por el No?

En este país pletórico de ejércitos de ultraderecha y lleno de áulicos de las ideas tradicionales, el sector nacional de la cultura adolece de representantes del pensamiento conservador. Salvo el obvio Fernando Londoño, adalid del discurso de familia, patria y propiedad, el resto no se deja ver tan claramente. Pero en regiones, la correlación cambia y puede que pululen los catedráticos, intelectuales, historiadores o abogados comarcales militantes del No. Confieso: es imposible rastrear los periódicos de provincia en busca de los abanderados negacionistas; sé que hay muchos, que escriben novelas descomunales, pero no tengo material concreto para citarlos.

¿Los intelectuales del No han ganado premios literarios?

Sin contar el premio Enka (¡ay, los ochenta!) de Plinio, la derecha recluta adherentes en los reinados de belleza y no en los concursos literarios. No hay casi ninguno. Digamos que Mauricio Vargas, el primer premio Planeta de novela histórica. ¿Hay más?

Los intelectuales del Sí no están en el poder.

Pero tampoco los del No. Lo que nos deja en extrañas aguas. Total diría el poder: los intelectuales, ¿para qué?

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