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El top de los intelectuales indignados

Nicolás Morales celebra a los colombianos que "están haciendo resistencia con ideas e inteligencia; tratan de reconstruir caminos y recobrar el rumbo".

2016/10/26

Por Nicolás Morales

Sigo en la euforia del momento. Y sí: perdimos. Pero mientras que todas especies de vampiros del oscurantismo (las Marías Isabeles Ruedas, las Gurisatis, los pastorcillos mentirosos y demás monstruos de la penumbra) se regodean en su crapulencia, muchos intelectuales están haciendo resistencia con ideas e inteligencia; tratan de reconstruir caminos y recobrar el rumbo. Aquí va mi top de lo que Sartre llamó “los intelectuales conmovidos”. Algo que me preocupa: hay muchos hombres y pocas mujeres (y eso que hice consulta popular); es señal de que necesitamos depender menos de los algoritmos y ampliar nuestro espectro.

Rodolfo Arango. Es contundente en sus columnas y concreto en sus comentarios. Está muy activo, es propositivo y conciliador (en especial en la columna que se publicó “el día después”).

Francisco Gutiérrez. El más analítico de los profesores universitarios y también el más agudo: derrumba esquemas, pone en evidencia mentiras y señala prejuicios; es como ver jugar a un gran ajedrecista.

Héctor Abad Faciolince. Volvió a figurar con lo que sabe: escritura razonada con gran capacidad de influencia; incluso en ultra mar, donde su nombre ya está afincado.

Andrés Hoyos. Después de años de comodidad literaria, está dejando ver lado desconocido: un columnista militante y comprometido que mueve redes con un grito es consistente.

Rodrigo Uprimny. Derrocha claridad jurídica, algo muy necesario en estos momentos de zozobra, y la eleva con intervenciones llenas de compasión. Lo dijo un amigo: “Es el único que uno lee varias veces con la emoción de estar descubriendo algo nuevo y de estar encontrando alguna salida”.

Marco Palacios. Sus lúcidas entrevistas muestran esa perspectiva histórica de larga duración, tan necesaria para un país que está convencido de que no repite sus tragedias. Al leerlo, se entiende que todo esto es un horrible deja vu.

John Carlin. Mostró algo que pocos hicieron: demostrar que los procesos de reconciliación de otras naciones son comparables con el nuestro. Nos intentó sacar de esa comarca tan chiquita como es la Colombie.

Francisco De Roux, S. J. Encarna el idealismo desde la experiencia: su voz destella una autoridad ética indiscutible. Desde mi punto de vista, es el faro para la actual discusión.

Ariel Ávila. Este investigador —muy mediatizado, por cierto— logra refutar desde el terreno sociológico mucha de la verborrea que opositores y troyanos destilan a diario.

Mario Mendoza. Siempre he recibido su obra con pinzas, pero debo inclinarme ante la claridad que mostró en la entrevista que se propagó viralmente. En ella mostró una de las posturas más iluminadoras frente a la nebulosa al que nos querían llevar (y nos terminaron llevando).

Jorge Orlando Melo. Su lectura del acuerdo y de los resultados es muy esclarecedora. Nada; es un historiador puro de gran talla.

Mario Jursich. Siempre está desafiando las ideas más cómodas, incluso las progresistas. ¿No es hora de que este antiguo director de revista literaria vuelva a tener una tribuna?

Doris Salcedo. Es inútil (y, sobre todo, obtuso) detenernos en la polémica nimia de en qué momento se deben hacer las intervenciones artísticas y cuáles son legítimas: todas lo son. Á la merde! Doris actuó con la grandeza de la gran costura ética.

Juan Gabriel Vásquez. Es el más socialdemócrata de los escritores de su generación; queda probado ya el buen poder de audiencias que tiene; además, su antiuribismo sin clichés es sumamente refrescante.

Diana Uribe. Su video Dejémonos de matarnos es contundente y conmovedor; por eso, tuvo casi medio millón de visitas. Su forma de abordar la coyuntura nos permite tener una perspectiva clara y darle sentido nuestra indignación.

Ricardo Silva. Se graduó como pensador crítico y escritor maduro. Sus columnas son el grado más puro de militancia fervorosa, imparable como esta ola.

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