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Preguntas embolsilladas

Nicolás Morales y un " interrogatorio corto y, bueno, inconcluso" sobre la cultura en Colombia.

2017/04/22

Por Nicolás Morales

No tenía columna, pero sí una madeja de preguntas. Asuntos desagrupados que se fueron almacenando en distintos cajones de mi cabeza. Lo sé, cada uno de estos cuestionamientos tiene lana suficiente para tejerlos en una columna, pero esta vez se aglutinaron a modo de interrogatorio corto y, bueno, inconcluso.

¿El cine arte pierde sus audiencias? Dos hechos odiosos recientes fueron rica evidencia de la pérdida de públicos del cine arte: la cifra en la taquilla nacional que arañó La mujer del animal, de Víctor Gaviria, y el paso fugaz —una semana— en la cartelera bogotana de una de las mejores películas europeas de 2016: Toni Erdmann. Ya lo he dicho: las películas pasan azarosamente sin que nadie intente conectarlas con el público y sin seguimiento ni fe de los exhibidores. Y ya lo sé: las películas se encuentran en los andenes, hacen falta pantallas especializadas más allá del bello norte, y las posibilidades de cultivar un público con criterio son mínimas porque nadie lee (o quiere leer) crítica de calidad.

¿Qué tan rentable (o inteligente) es no renovar a los buenos funcionarios en el sector de la cultura? Sergio Restrepo salió del Teatro Pablo Tobón Uribe y, por supuesto, muchos proyectos de gran envergadura quedaron a la deriva. Parece ser que se impuso la simpática modita de prescindir de funcionarios buenos y populares que venían de administraciones anteriores. Un cuestionable modus operandi importado de quién sabe qué sector. Sin embargo, los verdaderos motivos de tan inusual retiro están por aclararse. Apuesto a que Bogotá está metida.

¿Al fin se lee o no se lee en Colombia? Los índices de lectura nos han mostrado por años un país poco lector. Claro, siempre bajo metodologías más bien arcaicas. Lo siento por los responsables, pero todos esos procesos de medición y seguimiento ya deberían haber cambiado. Soy franco: ardo en curiosidad por conocer nuevos estudios que corran el velo de este nuevo país de nativos digitales; lectores que están por todas partes, consumen todo tipo de géneros y leen en toda clase de dispositivos, pero (¡oh, cruel realidad!) ya no compran libros.

¿Cuánto se parece una revista a su director? Las revistas irreverentes que se vuelven correctas (un poco mucho) me dejan pensando sobre la continuidad de la línea editorial de los fundadores. Solo digo que la nueva cara está muy culta, literaria y musical publicando buenos ensayos, pero creo que le falta el picante que le hacía honor a su nombre: El Malpensante. ¡Suéltate, chico! No morirás de frío en un iceberg si eres un pingüino.

Juan Diego Mejía.

¿Es fácil liderar ferias regionales del libro? Menudo lío en el que está la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. ¿Pensaron que iba a ser muy fácil reemplazar a Juan Diego Mejía? Pues no, mis queridos. El nivel es tan alto que ni con una cacería internacional de talento resolverán el asunto fácilmente.

¿Puede ser una programación cultural demasiado buena (para su sede)? La Feria Internacional del Libro de Bogotá traerá —otra vez— lo más granado de la literatura continental y mundial. Suena muy ostentoso, pero es la pura verdad. Ya el cartel de invitados superó al de la Feria del Libro de Guadalajara. Sin embargo, ahí está el peñón de siempre en el zapato: no creo que semejante nivel de planeación y convocatoria esté alineado con sus humildes instalaciones. Espero que la infraestructura y los recursos de una gran empresa hayan evolucionado lo suficiente como para que este año el recinto ferial pueda recibir una gran oleada de visitantes sin sucumbir al caos de baños atorados, palomitas-caviar y pollos bailando.

¿Puede renacer el verdadero fomento del libro? La casa del fomento del libro de la calle 70, el Cerlalc, renace. Lo que se oye es fantástico: un plan técnico ambicioso que ya está andando y una decena de iniciativas a favor del libro que se encuentran en curso. Una filosofía que tiene a todos los países miembros alineados y sincronizados (y pagando juiciosamente su cuota).

¿Puede una bonita iniciativa esconder un complot? Muy extraña la iniciativa de invitar a un nuevo director al Festival Iberoamericano de Teatro sin los apoyos de la junta directiva. Diría que últimamente el poder en la alta cultura rueda igual que un capítulo de Los reyes malditos. Y este puede ser uno de los actos intermedios: con venenos, trampas y cocodrilos.

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