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Adiós a la música

Músicos que nos dejaron en 2012.

Obituario

Arcadia recuerda a cuatro grandes figuras de la música contemporánea que murieron este año.

Por: Luis Daniel Vega*

Publicado el: 2012-12-19

Dave Brubeck (Concord, 6 de diciembre de 1920 – Norwalk, 5 de diciembre de 2012)

Durante la Guerra Fría, el Departamento de Estado Norteamericano llevó grupos de jazz al Oriente Medio y a la India como oferta de buena voluntad. Uno de los invitados fue el cuarteto de David Warren Brubeck, un pianista que ya gozaba de gran prestigio luego de aparecer en la portada de la revista Time en 1954. El contacto con sonidos hasta ese momento inexplorados por los músicos de jazz, tuvo como feliz resultado Time Out, un disco revelador en el que Brubeck (al lado de un combo interracial integrado por Paul Desmond en el saxo soprano, Gene Wright en el contrabajo y Joe Morello en la batería) se aventuró en rítmicas extrañas, alejadas de la tradicional marcha en 4/4, piedra angular del jazz norteamericano. Hasta hoy este disco es el más vendido en la historia del jazz, lo que resulta insólito si tenemos en cuenta que Brubeck (acusado, por cierto, de cerebral, frío y racional) siempre se sintió más cercano a la música de Darius Milhaud y Schönberg. Más allá de sus falencias como pianista de jazz, y de las millonarias ventas de su famoso disco, Dave Brubeck es un clásico de la música popular de siglo XX pues acercó los impenetrables lenguajes académicos al jazz con una pizca de virtuosismo y otra cuota grande de espontaneidad. Por allí rueda su versión de “Pennies from heaven” para darnos cuenta de que el hombre sí tenía fuego en sus manos.

Borah Bergman
(Nueva York, 13 de diciembre de 1933 – Nueva York, 18 de octubre de 2012)

De las innumerables biografías singulares en el universo del jazz, la de Borah Bergman, aunque ignorada olímpicamente por el público, resulta tan conmovedora como la de Bud Powell o Fats Navarro, dos malogrados músicos que, como el pianista, se enfrentaron estoicamente a una vida marcada por el genio, la alucinación y una tristeza heredada. Hijo de emigrantes rusos de origen judío que llegaron a Brooklyn después de la I Guerra Mundial, Bergman aprendió a tocar clarinete a los once años y no fue sino hasta muy tarde, cuando frisaba los veinte, que aprendió a tocar el piano. Se vinculó al free desde una técnica muy personal que desarrolló obsesivamente hasta el fin de sus días en un asilo para ancianos donde murió de demencia. Hasta los cuarenta y dos años no editó ningún disco y cuando lo hizo reveló un estilo poco ortodoxo en el que brilló su característica esencial: era ambidiestro. Ermitaño, extraño en los círculos musicales de Nueva York, Borah Bergman grabó doce discos, muchos de ellos en solitario, otros en compañía de luminarias como Evan Parker, Peter Brötzmann  y Roscoe Mitchell; nunca apareció en la tapa de una revista y verlo en vivo era un acontecimiento excepcional. “Meditations for piano” (Tzadik, 2003), una de sus últimas grabaciones, es un clásico en el que rinde homenaje a su tradición familiar judía a través de la ira, el dolor y la melancolía. John Zorn dijo que es “uno de los grandes pianistas de nuestro tiempo”. Es verdad. Que su muerte sea un pretexto para descubrirlo.

John Tchicai
(Copenhague, 28 de abril de 1936 – Perpignan, 8 de octubre de 2012)

En 1965, tres años después de haber aterrizado en Nueva York procedente de Dinamarca, el saxofonista, flautista y clarinetista John Martin Tchicai no se imaginó que iba a pasar a la historia como uno de los seis músicos de viento que tomaron partida en el tumultuoso y controvertido Ascencion, disco con el que John Coltrane encendería la polémica (aún fresca) sobre el llamado jazz de vanguardia, free jazz o New Thing, expresión acuñada por los periodistas para referirse a una música radical que condensaba toda la frustración y la desazón de la generación de afroamericanos que se enfrentaron al cisma racial de la década de los sesenta en Norteamerica. Inscrito en esos peligrosos terrenos, Tchicai (de madre danesa y padre congoleño) formó parte del New York Contemporary Five, el New York Art Quartet y el New York Eye and Ear Control, tres combos incendiarios en los que, junto a leyendas como Roswell Rudd, Archie Shepp, Don Cherry y el poeta Amiri Baraka, exploraron las fuentes rituales del blues y la música africana. Más de veinte discos como líder, grabaciones al lado John Lennon, Yoko Ono, Carla Bley, Cecil Taylor y composiciones sinfónicas para el monumental ensamble Cadentia Nova Danica confirman que en los vericuetos del jazz su lirismo estridente no puede pasar desapercibido.

David S. Ware
(Plainfield, 7 de noviembre de 1949 – New Brunswick, 18 de octubre de 2012)

David Spencer Ware estaba predestinado a los oficios musicales. Su abuelo, diácono de una iglesia baptista, tocaba el acordeón; su madre, una planchadora de ropa, practicaba el piano, y su padre, que trabajaba en una fundidora de hierro, tenía una enorme colección de discos de 78 r.p.m. en la que Ware descubrió el jazz. En la adolescencia conoció al gran Sonny Rollins quien se convirtió en su maestro y lo convenció para que se instalara en Nueva York. Entre 1970 y 1980, en medio de una escena de jazz subversivo que tenía como epicentro la zona industrial de SoHo, el saxofonista logró cierta reputación. A pesar de su ascenso meteórico, se replegó de la actividad durante catorce años en los que manejó un taxi y se dio el tiempo para inaugurar uno de los capítulos memorables en la historia reciente del jazz. Así, junto al pianista Matthew Shipp, el contrabajista William Parker y el baterista Marc Edwards, en 1989 David S. Ware dio vida a un cuarteto que durante los diecisiete años siguientes corroboró que el jazz no estaba muerto. Con este fulgurante cuarteto, el saxofonista logró conmover a los detractores del free radical y grabó para Columbia. La fiereza de Ware se aminoró en el 2009 cuando le practicaron un trasplante de riñón que lo llevó a la muerte. El canto de cisne del último coloso del saxofón tenor es una extraña coincidencia: sin importar una diálisis dolorosa, durante más de una hora en el Festival de Saalfelden 2011, Ware presintió su despedida y, entregado a un éxtasis devocional, interpretó las tres partes de “Processional”, una marcha fúnebre escrita especialmente para ese concierto. Live in the world (2005), Ballad Ware (2006) y Renunciation (2007) son discos esenciales que deberían estar en una buena colección de jazz.