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Oscar Niemeyer (Río de Janeiro, 15 de diciembre de 1907 - Río de Janeiro, 5 de diciembre de 2012)

Oscar Niemeyer (1907 - 2012)

Obituario

Por: Willy Drews*

Publicado el: 2012-12-19

No es el ángulo oblicuo que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, creada por el hombre. Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida. De curvas es hecho todo el universo, el universo curvo de Einstein.

Oscar Niemeyer

Quienes estudiamos arquitectura en la mitad del siglo XX tuvimos la mirada y los afectos divididos entre Europa y Brasil. El ojo enfocado en Europa era el que nos anclaba en la realidad, la lógica y la racionalidad, características del movimiento moderno promovido por Le Corbusier y seguido con devoción por todos los estudiantes. Pero el ojo que nos hacía soñar era el enfocado en Brasil. Los nombres de Lucio Costa, Alfonso Eduardo Reidy, Roberto Burle Marx y los hermanos Roberto eran reconocidos y respetados, pero el realmente admirado era Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho, o simplemente Oscar Niemeyer.

Era el mismo Oscar Niemeyer quien, desde su oficina en el último piso del edificio Ypirangua en Copacabana, donde trabajó por más de medio siglo, veía las curvas de las olas del Atlántico, de las montañas y de la mujer carioca, y afirmaba que la naturaleza estaba hecha de curvas, y la línea y el ángulo rectos eran engendros “contra natura” del hombre. Este amor por las curvas y el simultáneo desprecio por lo recto y ortogonal, fue lo único que lo diferenció del resto de seguidores del movimiento moderno, ideario que seguía con entusiasmo y admiración por sus principales exponentes: Le Corbusier, Mies van der Rohe, Walter Gropius.

Niemeyer fue un hombre de extremos. Terminó su educación secundaria a la “avanzada edad” de veintiún años, y el mismo año se casó por primera vez con Annita Baldo. A los ochenta y ocho años se casó por segunda vez, pues consideraba que uno debería tener “una mujer a su lado, y que Dios haga lo suyo”. Desde muy joven se alineó con la extrema izquierda y se afilió al Partido Comunista.

Tan pronto se graduó de ingeniero-arquitecto en la Escuela de Bellas Artes en 1936, empezó a trabajar con su maestro Lucio Costa, lo cual le dio la oportunidad de participar en el diseño del edificio para el Ministerio de Educación y Salud, que su mentor desarrollaba con Le Corbusier. Más tarde trabajaría hombro a hombro con el maestro suizo en el proyecto para el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York.?Sus primeros proyectos en solitario, en 1940, están ubicados frente al lago de Pampulha: la iglesia de San Francisco, con tres bóvedas diferentes y los famosos azulejos de Cándido Portinari, y el Museo de Arte Contemporáneo de Pampulha que inicialmente fue diseñado para un casino. Después vendrían proyectos como su casa en Pedro del Río, pero lo que realmente lo lanzó a la fama, fueron sus diseños en la nueva capital: Brasilia.

En 1956 el médico Juselino Kubitschek, entonces presidente del Brasil, se lanzó a la increíble aventura de construir una nueva capital en medio del país, y en mitad de la nada. El concurso para el diseño urbanístico de la nueva ciudad fue ganado por Lucio Costa y, por decisión del mismo Kubitschek, Niemeyer fue encargado del diseño de los nuevos edificios. Así nacen la famosa Catedral de Nuestra Señora Aparecida, como una flor abierta al cielo; la residencia del Presidente o Palacio de la Alborada, sostenido por columnas como bailarinas en puntas de pies; el Palacio Itamaraty para el Ministerio de Relaciones Exteriores, con sus pies entre el agua; los edificios para los demás ministerios; el Palacio del Planalto, sede del Gobierno; el Hotel Brasilia Palace; el Congreso Nacional, con dos torres custodiadas por un plato boca arriba y otro boca abajo; el Supremo Tribunal Federal y el Teatro Nacional. Más tarde diseñaría el Museo Nacional y la Biblioteca Nacional.

Con la llegada de la dictadura militar y debido a su filiación política, Niemeyer tuvo que exiliarse en París en 1966 donde continuó diseñando sus maravillosos edificios. De esta época datan la sede del Partido Comunista Francés, en Italia la sede de la Editora Mondadori, en Argelia la Universidad de Constantina y la mezquita de Argel y la Mezquita Estatal de Penang en Malasia.

Al caer la dictadura militar en 1985, Niemeyer regresa al Brasil y continúa activo hasta que sus problemas de salud se lo impiden, pocos meses antes de morir. Dentro de sus últimas obras se destaca el canto del cisne: el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi. Una sinuosa rampa conduce a una copa de helado que se yergue desafiante sobre un pequeño acantilado de la bahía de Guanabara.?Entre los numerosos premios y distinciones que recibió están el Pritzker en 1988, el Príncipe de Asturias en 1989, el premio RIBA del Instituto Real de Arquitectos Británicos en 1998, y el Praemium Imperiale en el 2004.

Tras la muerte de Le Corbusier en 1965, y Mies y Gropius en 1969, el movimiento moderno empieza a desaparecer y a diluirse en la memoria de los arquitectos. Solamente Niemeyer sobrevivió como último símbolo de una manera de ver la arquitectura del pasado, entender la del presente y proponer la del futuro acorde con los avances de la técnica y la evolución de la estética, movimiento que revolucionó la arquitectura del siglo XX.

El 5 de diciembre del 2012, y cuando ya creíamos que era inmortal, se fue Oscar Niemeyer en Río de Janeiro, la ciudad que lo vio nacer, desarrollarse como uno de los mejores arquitectos del siglo XX, y morir. Le faltaban diez días para cumplir 105 años.