Rafael Puyana

Memoria de la vida y el legado del reconocido intérprete del clavicémbalo y estudioso de la música, Rafael Puyana (Bogotá,14 de octubre de 1931 – París, 1 de marzo de 2013)

2013/03/18

Por Ricardo Abdahllah *París

Wanda Landowska nació en Varsovia el 5 de julio de 1879. Manuel de Falla en Cádiz, el 23 de noviembre de 1876. Rafael Puyana, en Bogotá el 14 de octubre de 1931. Fue para Landowska que Falla escribió el Concierto para clavicémbalo, una de las piezas con cuya interpretación se consagraría el colombiano. Fue hojeando un libro sobre la vida de la polaca, en la librería de un amigo de su abuelo, que Puyana comenzó a interesarse por los teclados. Tenía apenas cinco años. A los siete aprendió a fumar a escondidas, con sus primos mayores en el “rincón del carbón” de la casona familiar en Bogotá. Y también a escondidas aprendió a tocar piano: aunque su familia apreciaba la música, pensaba que era un pasatiempo propio de señoritas. Así que Puyana espiaba las lecciones particulares que recibían sus hermanas. Un día se puso frente al piano, mostró lo que había aprendido y ganó el derecho a tener un profesor, el italiano Giacomo Marcenaro, quien lo acompañaría hasta su début en 1944, cuando interpretó a Haydn en un concierto de beneficencia en el Teatro Colón.

Puyana alternó desde el principio sus estudios de comercio con los de música, que seguía a escondidas. Cuando logró entrar en el Conservatorio de Nueva Inglaterra, anunció a su familia que dejaba las finanzas.

Su vida acabaría de decidirse en un segundo encuentro con Landowska, esta vez en carne y hueso, cuando la esperó durante horas a la salida de un recital en el Carnegie Hall. Fue el 19 de noviembre de 1949: la mujer que había visto en el libro y cuyas grabaciones piratas llegadas desde Chile había escuchado desde niño, lo aceptó para una audición y semanas después lo admitió entre sus alumnos. Como Lakeville, donde vivía Landowska, quedaba a cuatro horas por carretera de Boston, Puyana decidió mudarse a un cuarto cerca de la casa de quien sería su profesora durante siete años.

"Landowska redescubrió el clavicémbalo. La más grande herencia que dejó Rafael a la música clásica, además de sus grabaciones, es haber sido el hombre que pasó ese descubrimiento a la siguiente generación”, recuerda desde Cambridge el director de orquesta y fundador de la Academia de Música Antigua, Christopher Jarvis Hogwood , quien fuera uno de los alumnos de Puyana.

Puyana debutó como intérprete de clavicémbalo en Nueva York en 1957, y continuaría sus estudios en París bajo la tutela de Nadia Boulanger. Luego vendrían las grabaciones y giras por Europa y Estados Unidos y las reseñas que alababan su maestría en el repertorio de Bach padre e hijo, Scarlatti y los españoles Manuel de Falla y Andrés Segovia, junto a quien llegaría a trabajar.

“Tengo un recuerdo de un festival en Santiago de Compostela al que asistimos con varios de sus discípulos. Nos fuimos todos para una piscina, después nos invitó a comer tortilla. Era exigente, pero no del tipo de profesor que atormenta a sus alumnos. Si las lecciones eran en su casa, siempre permitía una pausa para descansar y ofrecernos un té”, recuerda la concertista Martine Hoche, también alumna del colombiano.

Su gran interés inicial fue el clavicémbalo Pleyel, el instrumento que interpretaba Landowska, pero desde los setenta fue dejándolo de lado para adquirir, restaurar e interpretar otros instrumentos del Renacimiento tardío y el Barroco, entre ellos varios virginales y muselaars. Su gran tesoro era un clave de tres teclados fabricado por Hieronymus Albrecht Hass, el más grande construido antes del siglo XX. “Cuando recibió ese instrumento me invitó a que lo tocara para él. Quería saber cómo sonaba en otras manos, mientras lo iba restaurando”, cuenta Hoche.

Al lado de su carrera como intérprete, profesor y coleccionista, Puyana fue un visitante asiduo de las colecciones musicológicas de las bibliotecas de París, Madrid y Nueva York, donde rescató y completó varias partituras olvidadas, entre ellas el Manuscrito Drexel, una obra de autor desconocido que Puyana grabaría para Sanctus Records. “Era un erudito, conocía la historia de cada instrumento que tocaba y si, por ejemplo, ese instrumento había estado en alguna corte, recitaba la historia de la corte y las ceremonias importantes en las que lo usaron”, recuerda Hoche.

Su afición por el pasado lo llevó por ejemplo a pedir que en el concierto que dio el 3 de abril del 2000 en el Museo Militar de París, solo se utilizaran candelabros para que el público pudiera escuchar el clavicémbalo en un ambiente similar a aquel para el que fue construido ese instrumento. Respetuoso de la etiqueta, Puyana nunca tuteaba a sus alumnos a pesar de que con algunos de ellos compartiera una amistad durante cuarenta años, y enviaba por correo notas para confirmar y agradecer una invitación a almorzar. Al mismo tiempo, no se quedaba con sus opiniones, siempre que visitaba la casa donde viven los embajadores colombianos en París, repetía por ejemplo que deberían quitar dos de los cuadros que adornan el gran salón “porque eran reproducciones, y tras de todo eran reproducciones de cuadros feos”.

Durante la última recepción a la que asistió en esa residencia, Puyana volvió a esconderse para fumar. Quería estar seguro de que no lo veían desde afuera. Su chofer lo esperaba y lo regañaría si se enteraba. Él y su esposa, que también trabajaba en la casa de Puyana como ama de llaves, fueron durante décadas la compañía de un hombre que nunca se casó ni tuvo hijos, pero al que se recuerda como un tío extraordinario y de quien Hoche dice que “divertía un montón a los niños con sus historias”.

Sus notas excusándose por no poder asistir a almuerzos y recepciones fueron haciéndose recurrentes en los últimos tiempos. En una de ellas mencionó una bronquitis que lo llevó por varios días al hospital. En realidad tenía un cáncer avanzado. No había mucho que hacer y a los ochenta años no le interesaba seguir un tratamiento doloroso.

Durante toda su carrera, Puyana supervisó minuciosamente las fotografías y las notas de cada uno de sus recitales y álbumes. Pronto aparecerá un extenso documental sobre su vida realizado por Marcel Quillevéré para la radio francesa. Tampoco al final quiso dejar decisiones pendientes. Así, su colección de instrumentos será donada a la Casa Museo Manuel de Falla de Granada, que ha anunciado que dedicará una sala a su nombre. Puyana pidió además no ser cremado y a pesar de haber sido un parisino de décadas, es también por solicitud suya que sus restos serán trasladados al mausoleo del Cementerio Central en Bogotá. Puyana falleció en su apartamento de la Rue Grenelle, acompañado por una sobrina que vino desde Colombia para cuidarlo durante sus últimos meses. Y acompañado también, como lo había deseado, por sus clavicémbalos.

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