BUSCAR:

Revista Número (1993 - 2011)

Después de 18 años, la revista Número dejó de circular en 2011

Homenaje

Por dieciocho años Número iluminó el árido panorama cultural de Colombia. Homenaje de Arcadia a una de las publicaciones culturales más longevas de Colombia.

Por: Ricardo Castro* Bogotá

Publicado el: 2013-01-22

Permítame el lector la licencia de pedirle que busque una vieja edición de Número y le dé un vistazo a su contenido. En el peor de los casos encontrará al menos una fotografía sobrecogedora; lo más probable es que se tope con textos cautivantes, que mantienen una vigencia reveladora sobre el país en que vivimos. Y así ha sido desde la primera edición, en la que nadie menos que Antanas Mockus, cuando era rector de la Universidad Nacional años antes de que fuera elegido alcalde de Bogotá, da su visión del papel de la Universidad en la construcción del futuro.

Número nació en 1993, con el país sumido en estado de alerta constante y a punto de ser declarado un Estado fallido. El periodista Guillermo González Uribe, quien había trabajado junto a Guillermo Cano en El Espectador y luego había dirigido la revista Gaceta de Colcultura, junto a Ana Cristina Mejía, y a un grupo que incluía al escritor William Ospina, la filósofa Liliana Vélez, y los periodistas Lucas Caballero y Antonio Morales, fundaron la revista.

De circulación trimestral, Número invitaba a la lectura desde sus portadas. De un tamaño generoso y gran calidad gráfica, Número se caracterizó por la profundidad de sus textos y la diversidad de miradas que sus páginas proponían: Carlos Monsiváis sobre la lectura, Antonio Caballero en contra de los fundamentalismos, traducciones de José Manuel Arango de poemas de Emily Dickinson, correspondencia entre el subcomandante Marcos y Carlos Fuentes, las incendiarias palabras de Fernando Vallejo durante el Primer Congreso de Escritores Colombianos ante un atónito Gustavo Bell, entonces vicepresidente de Colombia: “Esa es la ventaja de vivir en Colombia, de morir en Colombia, que uno se va tranquilo sin saber de dónde vino la bala, si de la derecha o de la izquierda”.

Ahí está para quien quiera verla y constatar que sí era posible una revista así –con fotografías de página entera, con cuentos y con poemas–. Ahí están los supuestos inéditos de Borges que publicó Alvarado Tenorio –uno de los cuales daría pie a la polémica que surgió tras la publicación de El olvido que seremos, de Héctor abad–, y ensayos del propio Abad mucho antes de que su nombre tuviera el peso que tiene hoy; están los primeros escritos de Alfredo Molano que abrieron la puerta a su portentosa carrera de cronista literario, el primer cuento que publicó Mario Mendoza, y poemas de Tomás González de cuando vivía en Nueva York y su talento literario aún era un secreto.

En Número se publicó el ensayo de William Ospina sobre El proyecto Nacional y la Franja Amarilla, que luego se volvería el ensayo más vendido de Colombia y una presencia ineludible de currículos escolares de todo el país; y en la época del Caguán (en la antesala del proceso de paz, principal apuesta política del entonces presidente Andrés Pastrana) en una separata de Número se publicó un extenso ensayo del profesor Herbert “Tico” Braun sobre la fragmentación social en Colombia y sus implicaciones para la construcción de la paz.

Cada año, Número organizaba debates y foros en el marco de la Feria del Libro de Bogotá, en los que se trataban temas controversiales que en ocasiones pasaban a ser parte de la discusión pública del país. Hoy, cuando el tema ha vuelto a ser parte de la discusión, vale la pena recordar el debate que sobre sobre la legalización de las drogas organizó Número en 1998, y que ha sido uno de los eventos más atendidos de la historia de la Feria. “Cuando lo hicimos era un tema tabú, pero se llenó el salón principal de Corferias y generó una gran polémica. Yo creo que ese es el papel de la cultura, sentir la sociedad y mirar los problemas de su tiempo”, dice Guillermo González, sentado en la sala de su casa en Bogotá, donde trabaja como editor independiente.

Las fotos también tuvieron un espacio privilegiado. En más de una edición se encuentran imágenes de página completa de los más reconocidos fotógrafos del país –de Jesús Abad Colorado a Álvaro Sierra–, que encontraron en Número el espacio para mostrar el país que era esquivo en los medios de entonces.

Un triste final

Número era ante todo el resultado del trabajo de Guillermo González y de Ana Cristina Mejía, quienes desde el comienzo se echaron al hombro la tarea de sacar adelante el proyecto. Eran el corazón de la revista y entre los dos la mantuvieron viva, dedicándole largas jornadas de “sudor y sudor y esfuerzo” –como recuerda Mejía–, en una vieja casa en la 85 con 19. Número no hubiera podido existir sin ellos y no sobrevivió a su partida.

La búsqueda constante de la pauta para financiar la publicación hizo mella en los dos y los llevó a renunciar, a Mejía en marzo del año pasado, y a González tres meses más tarde. “Después de dieciocho años al frente de la revista nos cansamos –dice González–. Era un proyecto maravilloso, pero me cansé de tener que conseguir la financiación”.

Sin ellos dos a la cabeza la revista tenía que decidir: vender o cerrar. En medio de la nostalgia por el medio y con ganas de continuar, optaron por reinventarse para continuar: bajo la dirección de William Ospina, la revista cambió de formato y se propuso cambiar de periodicidad y de diseño. En noviembre del 2011 salió la que sería la última Número. Dejó de circular y no hubo (no ha habido) despedida, no hubo adiós ni agradecimientos o lamentos para una revista que no tuvo un final digno de su trayectoria.

“Es imposible no tener un buen recuerdo de una empresa cultural que contra toda expectativa se sostuvo tanto tiempo y tuvo una relación tan viva con las culturas regionales y tantos lectores y colaboradores”, asegura Ospina. El autor de El país de la canela vio de primera mano que conseguir apoyo financiero para un medio como Número no era fácil, cuando remplazó a González en la dirección. “La revista no tenía un perfil comercial que fuera estimulante para los empresarios y llamativo para los jefes de medios de las agencias de publicidad”.

“Me parece una pérdida que una revista bien hecha, amplia y abierta haya desaparecido –dice Antonio Caballero–, me parecía muy importante que existiera porque publicaba cosas que no aparecen en ningún otro sitio en Colombia, con una circulación bastante más amplia que el mundo puramente académico”.

Por dieciocho años Número iluminó el árido panorama cultural de Colombia. Para muchos se volvió una lectura obligada y el que haya durado lo que duró es un logro encomiable. Al fin y al cabo, como afirma Caballero “ese tipo de revistas, nacen y desaparecen, porque están hechas para eso. Como no son empresas comerciales sino empresas intelectuales, duran poco”. Número sobrepasó todas las expectativas y su historia es un capítulo crucial de la historia cultural de Colombia. Nos quitamos el sombrero.

*Editor de RevistaArcadia.com