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El pianista se ha ido del burdel

Pancarta de protesta contra el ERE en la sede del diario El País en Madrid

La crisis en El País

El periódico más importante de habla hispana despidió a un tercio de su plantilla. Mientras que Juan Luis Cebrián, cabeza del Grupo Prisa, ganó el año pasado más de un millón de euros mensuales. Relato de cómo el capitalismo asfixia al periodismo.

Por: Camilo Jiménez Santofimio* Bogotá

Publicado el: 2012-11-27

Uno, dos, tres…!”. Son las seis de la tarde del viernes 9 de noviembre en Madrid. Casi doscientos redactores del diario El País se han postrado frente a la puerta de una de las oficinas de la redacción. Están contando en voz alta para protestar por el anuncio del despido de 149 empleados. “¡70, 71, 72!”, gritan. Al otro lado de la puerta el director, los subdirectores y algunos editores le dan las últimas puntadas a la edición que al día siguiente cientos de miles de lectores tendrán en sus manos. Ocho minutos pasan hasta el fin del conteo: “¡147, 148, 149!”. Luego se oyen gritos dirigidos al director. “¡Dimisión! ¡Dimisión! ¡Dimisión!”. Llevan semanas haciendo lo mismo. Pero esta será la última vez.

Dos días después de esta protesta –que este reportero pudo oír por el teléfono celular de un redactor–, la dirección despedió a 129 profesionales. El Comité de Empleados difundió la noticia el 11 de noviembre a través de Twitter. En un e-mail los directivos pedían a los colaboradores implicados que fueran a una notaría y dijeran que eran los afectados por el “despido colectivo por causas económicas, productivas y organizativas”. El cierre de la misiva era escueto (“Sin otro particular, le saluda atentamente…”), pero la crisis no dejó de arreciar sobre la redacción. Al cierre de esta edición, el 15 de noviembre, la dirección hizo una oferta final al Comité: no reducía el número de despedidos pero incluía mejores condiciones para su salida si se bajaba el sueldo de la plantilla. Fue rechazada. “Nos sentimos chantajeados”, le dijo a Arcadia una redactora.

Más allá de cómo termine este capítulo, una realidad sobrecogedora se ha impuesto en la prensa mundial: el periódico más legendario de España, un emblema de la democracia y la modernidad, y acaso el diario más grande de la lengua española, se encuentra en la crisis más grave de su historia. Los despidos han sellado la ruptura entre la dirección y la redacción. No es claro cómo El País podrá ofrecer periodismo de calidad sin treinta por ciento de su equipo. Según la dirección, el despido obedece a una reestructuración obligada por la crisis financiera y  por los cambios de la era digital.

Pero la situación del diario es preocupante: una decisión tan arriesgada amenaza la subsistencia de uno de los proyectos periodísticos más ambiciosos del mundo hispanohablante. Varios colaboradores del diario, entre otros Mario Vargas Llosa, Antonio Muñoz Molina y Fernando Savater, se han pronunciado; en una carta se mostraron inquietos por “el deterioro de los valores fundacionales de un diario crucial para las libertades y la democracia española”. Enric González, una de las plumas más famosas del periódico, renunció. “Después de veintisiete años en El País, creo que debo irme. (…) Que más de diez docenas de periodistas sean despedidos de un periódico que baña en oro a sus directivos y derrocha el dinero en estupideces es bastante grave”, escribió en una nota. Las repercusiones políticas están a la vuelta de la esquina. Un ocaso de los principios liberales y del sentido de responsabilidad histórica del diario madrileño podría darle terreno a la prensa de derechas.

¿Qué le pasa a El País?

No hay que indagar mucho para llegar a una respuesta. El motivo de la indignación tiene nombre propio: Juan Luis Cebrián, periodista, cofundador y primer director de El País y desde el 2008 presidente ejecutivo del Grupo Prisa. Cebrián, otrora un adalid del periodismo, está hoy en el ojo del huracán. Bajo su mando el grupo pasó de ser una empresa familiar que le servía a El País como una muralla de protección a convertirse en la propiedad de inversionistas y bancos a quienes poco debería interesarle el periodismo de calidad. La empresa es una multinacional, cotiza en la bolsa de Nueva York y posee el grupo editorial Santillana, el periódico económico Cinco Días, el diario deportivo As, participaciones en televisión y la popular cadena radial SER, además de empresas en Europa y América Latina. En Colombia es dueña de Caracol Radio y de la emisora La W. Hace cinco años estuvo cerca de ganarle a la editorial Planeta el pulso por el diario El Tiempo. Podría pensarse que esta es una historia de éxito empresarial, pero no es así. La transformación del Grupo Prisa es fruto de un fracaso de gestión que mina el futuro del que debería ser el as más importante de su portafolio: El País.

Pero esa no fue la explicación que Cebrián dio a los representantes de la redacción que había citado el 6 de octubre para comunicarles que la empresa alistaba un Expediente de Regulación de Empleo para proseguir con despidos y recortes salariales. Quizá esperando comprensión, les dijo: “No podemos seguir viviendo tan bien”. La frase resonó como una afrenta en los oídos de los periodistas, a quienes les tomó poco tiempo denunciar algunas verdades incómodas que tienen a Cebrián contra las cuerdas. La mayor parte del año este recorre el mundo, a veces a bordo de un jet privado. Sus viajes le sirven para poner en escena un perfil que combina a un hombre de negocios y a un gurú de medios con un puesto en la Academia de la Lengua Española y con novelas y ensayos publicados a su nombre. Mientras cierra negocios aquí y allá, habla en auditorios, participa en seminarios y pregona un futuro digital de la prensa escrita. “Si ahora tuviera que fundar El País, probablemente no sería en papel”, dice cuando le dan la oportunidad.

Periodistas y poderosos

Juan Luis Cebrián ha venido varias veces al país. No solo para entregar premios como hace algunos años durante la ceremonia del Simón Bolívar, sino para reunirse en Cartagena con magnates como el venezolano Gustavo Cisneros, el mexicano Carlos Slim y el colombiano Alejandro Santo Domingo. Tal cercanía entre periodismo y poder es peligrosa (como lo muestra el debate actual sobre Pacific Rubiales), pero no necesariamente reprochable. El caso de Cebrián, sin embargo, raya con el exceso. Según el más reciente Informe de Política de Retribuciones, el hombre fuerte de Prisa recibió en el 2011 casi catorce millones de euros por sus funciones. De ahí las airadas protestas de los empleados de El País. “No podíamos creer que este mismo personaje estuviera diciendo que nosotros debemos reducir costos”, dijo a Arcadia un miembro del Comité. Y de ahí también la tesis de que Cebrián busca transformar a El País desde sus fundamentos: convertirlo en un medio rentable, cuyo destino en el futuro esté en la web y que no amenace la subsistencia de Prisa, ni su pellejo (y sus ingresos) como presidente.

También hay verdades incómodas sobre El País, que explican la necesidad de cambio que no solo siente Cebrián, sino también el director Javier Moreno, asesores como la periodista digital Arianna Huffington y buena parte de los redactores. Aunque ha incursionado con fuerza en Internet y se ha convertido en el medio digital líder en el mundo hispanohablante, El País pertenece al grupo de periódicos afectados por la mala hora de la prensa. El reciente anuncio de que el semanario Newsweek dejará de ser impreso en el 2013 es solo un golpe más. El poder de la red ha obligado a algunos a doblegarse y apagar sus imprentas y a otros los ha forzado a adaptarse. La situación económica de España también ha tenido sus efectos. Según el Observatorio de la Prensa Diaria, el tiraje se ha encogido en el transcurso del 2012, y en los últimos cinco años las ganancias se han reducido. Fuentes consultadas por Arcadia calculan que el 2012 será el primer año en la historia del periódico en que dará pérdidas.

Periodismo para holdings

¿Pero justifica esto el despido de un tercio de la redacción? ¿Sobre todo considerando que en casi cuarenta años de historia, y gracias a buena parte de los despedidos, el periódico siempre ha producido ganancias? “Sí”, dice el director Javier Moreno en diálogo con Arcadia. “Un despido masivo es la noticia más dura que un director puede darles a sus redactores. Yo lo hice y yo mismo elaboré la lista de los 129 despedidos; hay razones financieras: los recursos que estamos y seguiremos perdiendo no volverán. Pero la medida también es parte de nuestra línea de explorar lo que ofrece Internet en América Latina, donde queremos expandir nuestro modelo de ser un periódico global”. Además de la redacción digital que ya existe en México, el periódico sueña con sucursales en Colombia y Brasil.

Pero hay otra realidad. El País es una empresa de 460 periodistas que pertenece a un consorcio de doce mil empleados llamado Prisa. Y no son solo el diluvio financiero e Internet quienes han golpeado a la institución periodística más importante de España, sino también los errores y la ambición empresariales. Las finanzas del Grupo Prisa han sido desastrosas bajo la batuta de Juan Luis Cebrián. En el 2010, cuando acumulaba una deuda de cinco mil millones de euros, la empresa tuvo que ser rescatada. Tras la operación, la mayoría de las acciones se convirtieron en propiedad de Liberty, un holding del inversionista y autodenominado filántropo Nicolas Berggruen. Otra parte acabó en manos de los bancos acreedores, mientras que a los herederos del fundador Jesús de Polanco les quedó un porcentaje menor. La inyección les sirvió a los nuevos accionistas y a Cebrián, quien se anotó un jugoso bono y se adjudicó un salario igualmente sustancioso. Pero en la selva de la especulación, la empresa no logra salir de la crisis. En el 2011 dio pérdidas por 452 millones de dólares y el valor de sus acciones está por el suelo. “En el nuevo terreno de juego, los mejores periodistas pierden todo el valor que justificaba su retribución y pasan a ser solo un engorroso gasto del que urge desprenderse”, escribió en octubre el periodista Pere Rusiñol en un artículo titulado “El País y el capitalismo de casino”.

Arcadia intentó hablar con Juan Luis Cebrián, pero este no estuvo disponible. La redacción ha perdido la confianza en él y en la empresa editora. El Comité de Empleados lo acusa de propinarle un “mazazo” a la empresa bandera de Prisa y lo acusa de “inmoralidad”. En el 2009, Cebrián había titulado a un libro suyo El pianista en el burdel para honrar la humildad y el aguante de quien ejerce el periodismo. Hoy él parece haber olvidado su consigna. Ha entrado a la esfera del poder y ha abandonado el oficio. El pianista se ha ido del burdel.

 

*Corresponsal de medios extranjeros y cronista de Semana.