El director, Juan Fernando Ospina, en primer plano a la izquierda, y algunos de los colaboradores de Universo Centro.

'El Colombiano' del centro de Medellín

Nacido hace siete años como un número irreverente y único, Universo Centro se ha convertido en un modelo de periodismo independiente, con humor, que apuesta por medios más críticos y periódicos. ¿Su fórmula? Trabajar de noche para ganar de día.

2015/08/21

Por Mónica Palacios Chamat* Medellín

Todas las ciudades son varias ciudades a la vez. Algo tienen de amables y acogedoras, algo de oscuras y riesgosas. Medellín es, dependiendo del ángulo de enfoque, la ciudad innovadora, creciente y en desarrollo que se promociona a cuatro voces; y el nido de superficialidad, esquinas inseguras e ilegalidad a cielo abierto que otros más perciben.

Desde hace décadas, el centro de esta ciudad genera interés y atracción en unos, como recelo y temor en otros. La esquina de Girardot –carrera 43– con Maracaibo –calle 53–, en particular, ha sido territorio receptor para los primeros y foco de rechazo para los segundos. Un medio de comunicación gestado en esta esquina se ocupa desde hace unos años de narrar diversas versiones de Medellín.

El Colombiano
del centro

Aunque no se trata de un medio informativo en rigor, cuando es necesario, Universo Centro (UC) se ocupa de asuntos coyunturales; y si bien tiene un interés explícito en el centro de la ciudad, el cubrimiento de temas no se limita a ese sector. Así mismo, a pesar de que UC se acoge al formato de prensa impresa y circula con periodicidad, por su contenido no se podría definir como un periódico en sentido corriente. Pero, si bien publica en su mayoría textos de carácter literario, ensayos, crónicas y hace del componente gráfico parte de su sello editorial, por el formato tampoco se podría categorizar como revista o magazín literario. Definir, entonces, qué es Universo Centro pasa por descartar lo que no es. Al final, en líneas gruesas, es una publicación mensual, de distribución gratuita, en la que caben todas las ciudades que es esta ciudad. En sus páginas se leen desde entrevistas a personajes anónimos hasta serios análisis sobre los factores de inseguridad en el país, pasando por historias cortas de ficción, breves relatos de viajes o crónicas de cualquier variedad de temas. El criterio para la selección de esos escritos son los enfoques. Hay una decisión editorial de buscar puntos de vista no convencionales y una intención de presentar contrastes.

El patrón del bar
A finales de 2008, la dirección del Círculo de Periodistas de Antioquia (cpa) sugirió trasladar el busto de Manuel del Socorro Rodríguez, que da nombre al Parque del Periodista, a un lugar menos viciado por el humo de la marihuana y el tufo de alcohol que se respira en un espacio de donde, agregaba la propuesta, nunca había salido ni saldría nada bueno.

Juan Fernando Ospina y sus amigos, clientes habituales del bar El Guanábano, eje central del parque, encontraron en ese mismo entorno un conjunto de talentos, habilidades y entusiasmos que contrariaban esa afirmación. Escritores, humoristas, profesores, abogados, ilustradores, periodistas, historiadores, artistas y profesores son visitantes frecuentes del Parque del Periodista; Ospina, por ejemplo, es un fotógrafo bastante solicitado. Por eso idearon una respuesta decisiva a la afrenta del CPA: la primera edición de Universo Centro, que presentaba una provocadora portada con un grupo diverso de personas desnudas o semidesnudas, y en su interior unos textos creados por otro grupo de redactores igual de plural, que se enfocaron en demostrar todo lo bueno que puede surgir del centro.

Ese primer número no se pensó para tener continuidad. No obstante, la avalancha de retroalimentación positiva que recibieron, sumada a las ganancias de la primera edición, impulsó el siguiente número y las 65 ediciones que han publicado mensualmente desde hace siete años. Ospina, gestor de la idea, ha comandado UC desde el inicio. De esa primera camada de amigos que le dieron forma a la edición uno, es el último que queda de pie, para sorpresa y envidia de algunos de los idos. Además de la orientación de contenidos desde el comité editorial, el director investiga, reporta, toma fotos, gestiona recursos, asigna tareas, cumple a tiempo con las suyas, hace fuerza cada cierre, acosa y exige. Mantiene vigente la publicación y activo al equipo, por entusiasta, por obstinado, por parchado.

El antro de redacción
Probablemente UC es el único medio de comunicación que inicia labores después de las seis de la tarde y en el piso superior de un bar. O tal vez sea El Guanábano el único bar que cuenta con periódico propio.

A excepción de muy pocos, como Sandra Barrientos en tareas administrativas, que está disponible tiempo completo, el resto del personal se presenta a la oficina después de finalizar sus respectivas funciones en trabajos que generan ingresos. Por ejemplo, Pascual Gaviria, el editor, es periodista radial en Caracol; del resto del comité, Fernando Mora y Andrés Delgado son profesores universitarios de día, mientras que David Guzmán, Alfonso Buitrago o Anamaría Bedoya viven de escribir, pero para otros proyectos.

La mayor parte de los autores son colaboradores voluntarios. Un círculo pequeño participa de forma más o menos habitual, como Eduardo Escobar, Juan Carlos Orrego o Camilo Alzate; otros más tenaces han tratado de mantener una sección fija, como Elkin Obregón con Caído del zarzo, Raúl Trujillo con el Estilario, o el historietista Carlos Díez. Y otros solo han publicado en una edición, como Antonio Navarro Wolff, Gustavo Álvarez Gardeazábal o Iván Marulanda.

La base de datos de colaboradores se acerca a 320 personas. La mayoría somete voluntariamente sus textos al proceso de selección editorial del medio, y algunos han sido directamente solicitados para escribir sobre asuntos específicos.

Un embeleco
En la acepción paisa del término, un embeleco es un capricho, un gusto al que uno se aferra a pesar de que nunca es fácil disfrutarlo. UC es un embeleco hecho por el placer de hacerlo, también por disfrutar de reuniones de trabajo en un bar con cerveza y humo, y por el regocijo de ver las reacciones de los lectores, muchos de los cuales empiezan a preguntar por él antes de que se imprima. Para el comité entonces se trata de disfrutar de la desaparición de los ejemplares tan pronto se ofrecen, de aumentar los puntos de distribución más allá de los límites que las montañas que esta región demarcan, de escuchar cómo es usado en clase por profesores, y de recibir reportes de quienes lo coleccionan, ya sea la edición completa, o solo las portadas para exhibirlas como piezas de arte.

De los 2.500 ejemplares de la edición inicial, hoy la impresión ha crecido a 20.000. Cada número se hace con unos 14 millones de pesos. Buena parte se logra financiar, pero no siempre es fácil conseguir el compromiso del sector privado local. Las entidades públicas, en contraste, han participado en términos económicos, a pesar de que UC no ha tenido empacho en escarbar y exponer en sus páginas algunos temas incómodos para la administración municipal.

La pauta de Babilonia
La marca Universo Centro se ha consolidado después de estos siete años como una manera universal de mirar lo local, y por ese contraste global para interpretar lo cercano. Un enfoque que ha llamado la atención de organizaciones públicas y privadas interesadas en publicaciones de más largo aliento con el tratamiento de los temas que ofrece UC. La primera de estas fue El libro de los parques. Medellín y su Centro, para la Secretaría de Cultura del Municipio. Le siguió la recopilación de lo mejor de Universo Centro. Colección 2008-2014. En el horno se encuentran un libro para celebrar los 30 años de Latina Estéreo, otro sobre la Liga Antioqueña de Fútbol y uno más para el Metro de Medellín. También están en ciernes otras tres propuestas para el Área Metropolitana, el parque Explora y un libro sobre los barrios de la ciudad.

Esta naciente faceta de editores logra que paulatinamente el embeleco se transforme en una actividad rentable. Aun así, es difícil pensar que el horario laboral del periódico llegue a variar algún día.

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