El escritor español Javier Cercas se encuentra envuelto en una larga pelea literaria con el periodista Arcadi Espada.

Cronología de una pelea

El debate sobre la verdad y la mentira en la literatura viene de tiempo atrás. Pero en periodismo nunca había sido tan agria una discusión sobre las fronteras entre verdad y mentira, como la que han protagonizado en los medios españoles el escritor Javier Cercas y el periodista Arcadi Espada. Esta es la historia.

2011/03/30

Por Yaiza Santos

La historia se empieza a conocer masivamente el miércoles 16 de febrero de 2011, con esta información a cuatro columnas aparecida en El País: “Arcadi Espada lanza el bulo de que Cercas fue detenido en un prostíbulo”. El lector no tiene por qué desconfiar de una noticia en el principal periódico del idioma, con prestigio internacional indiscutible, pero lo cierto es que ese titular era fraudulento. En efecto, Arcadi Espada mintió en su columna de El Mundo del día anterior, pero lo que decía era aún más sinuoso: con una prosa deliberadamente rimbombante, aseguraba aparcar la discusión intelectual que mantiene con Javier Cercas desde hace años sobre el periodismo y la literatura, la verdad y la ficción, y solidarizarse con él por haber sido detenido en un prostíbulo acusado injustamente de estar involucrado en una trama de explotación sexual (“Es por completo miserable que alguien haya querido mezclar a Cercas con el tráfico de personas; y hablo perfectamente en serio y no quiero que nadie vea, ni ensartada, mi punta polémica sobre sus manejos con personas y personajes. Cercas podrá ser cualquier cosa, de hecho lo es; pero jamás un malvado”, escribía con su refinada crueldad de costumbre).

Su intención –bien lo sabían Cercas y el El País, como se infiere leyendo con cuidado la nota completa– no era lanzar un bulo, sino ganarle la disputa a Cercas usándolo a él de “personaje”, y quien la hubiera seguido desde el principio así lo entendió. Para los profanos, Espada se explicó con claridad en su columna del jueves 17, y hasta seis veces volvió sobre lo mismo en su blog El Mundo por dentro, pero su travesura no quedó impune: sin contar los insultos con que lo cubrieron sus detractores (“envidioso”, “canalla”, “infame”, “patético”, fueron algunos), la mayoría se quedó con un agrio sabor de boca: el malo de Espada, el bueno de Cercas.

Un titular honesto habría sido “Arcadi Espada miente para demostrarle a Cercas que en periodismo no se puede mentir”. Honesto y mucho más enjundioso para el debate: en primer lugar, porque Espada estaba violando uno de sus propios principios, y en segundo, porque es discutible que eso sea lícito. De hecho, el propio Espada cuestiona en Diarios (premio Espasa de ensayo) explícitamente las “mentiras morales”, poniendo de ejemplo tanto La guerra de los mundos radiotransmitida por Orson Welles como un afamado artículo ficticio de Mariano de Cavia publicado en 1891, en el que el daba cuenta del incendio del Museo del Prado; la gente creyó ambos cuentos, claro, en virtud del pacto de verdad implícito en el periodismo. Cercas pudo haberse metido en ese camino, pero eligió otro, que cambiaba el registro de la discusión y que solo daba lástima (“Arcadi Espada quiere hacerme daño”, declaraba indignado en una entrevista a la cadena Ser).

Y así, entre unas columnas y otras, pocos recordaban los peldaños de la pelea hasta el final de la escalera. Helos aquí:

-En 2002, Arcadi Espada publica su libro Diarios, donde critica, en la página 79 concretamente, la trampa “retórica y oportunista” de Javier Cercas de llamar a su novela Soldados de Salamina “relato real”. Además, la tacha de cursi y moralista, y dice que su protagonista, “un tal Javier Cercas”, es “algo idiota”. La actitud de Espada, entrando en el jardín de la literatura y pisando las flores solo por molestar, se parece –mucho, todo– a la de Christophe Donner en su panfleto Contra la imaginación. Enfants terribles, en fin, o quizá no tanto si se lee entre líneas: ni uno ni otro está en contra de la ficción en sí, sino de los clichés, el relativismo, la cháchara académica que se esconden en la literatura en estos tiempos posmodernos, en el caso de Donner, o de la “contaminación” del periodismo por la literatura, en el caso de Espada.

-En noviembre de 2005, Javier Cercas publica un artículo en la revista Quimera explicando qué es un “relato real”, remitiéndose a la crítica en Diarios y llamando a Espada “altanero”, “malcarado”, “ingenuo” y “estúpido”. Cercas sigue la senda indudable de Mario Vargas Llosa defendiendo “La verdad de las mentiras” pero con menos fortuna retórica que el Nobel. Dice Cercas: “En rigor, un relato real es apenas concebible, porque todo relato, lo quiera o no, comporta un grado variable de invención; o dicho de otro modo: es imposible transcribir verbalmente la realidad sin traicionarla (...) Ello por supuesto no equivale a ignorar la fundamental diferencia que separa periodismo y ficción. Todo relato parte de la realidad, pero establece una relación distinta entre lo real y lo inventado: en el relato ficticio domina esto último; en el real, lo primero. Para crear la suya propia, el relato ficticio anhela emanciparse de la realidad; el real, permanecer cosido a ella. Lo cierto es que ninguno de los dos puede satisfacer su ambición: el relato ficticio siempre mantendrá un vínculo cierto con la realidad, porque de ella nace; el relato real, puesto que está hecho con palabras, inevitablemente se independiza en parte de la realidad”. Dice Vargas Llosa: “Porque no es la anécdota lo que en esencia decide la verdad o la mentira de una ficción. Sino que ella sea escrita, no vivida, que esté hecha de palabras y no de experiencias concretas. Al traducirse en palabras, los hechos sufren una profunda modificación (…) ¿Qué diferencia hay, entonces, entre una ficción y un reportaje periodístico o un libro de historia? ¿No están compuestos ellos de palabras? ¿No encarcelan acaso en el tiempo artificial del relato ese torrente sin riberas, el tiempo real? La respuesta es: se trata de sistemas opuestos de aproximación a lo real”.

-Ese mismo mes de noviembre, los días 20 y 21, Espada aplica en su blog sus implacables corchetes dialécticos para apostillar el artículo de Cercas. Su acusación central: es un relativista.

-El 8 de marzo de 2009, Cercas publica un artículo en El País Semanal, dando cuenta de un encuentro entre Espada y él en un aeropuerto. Espada recuerda ese encuentro como “casual y educado”, pero en la crónica de Cercas, queda como un soberbio que no respondió a la buena educación del novelista. Al día siguiente, Espada vuelve a aplicarle a Cercas los corchetes, y algunos de sus corresponsales señalan varias incongruencias en la crónica de Cercas, como felicitar a Espada por el libro “que acaba de publicar” y que ha sido premiado, que no es otro que Diarios, de siete años antes.

-En la primavera de ese año, Cercas publica Anatomía de un instante (Mondadori), del que declara: “Hay muchas ficciones y muchas leyendas sobre el 23-F. Por eso yo decidí prescindir de la ficción. Mi trabajo ha sido como el de una asistenta, me he dedicado a limpiar la casa de falsedades, pero aun así seguirán existiendo leyendas sobre el 23-F”. Parecía una respuesta a Espada: “¡yo también puedo contar la realidad!”, pero este nunca replicó. No se conoce que haya leído el libro.

-El 23 de enero de 2011, Cercas escribe un artículo en El País Semanal donde equipara a los etarras con los franquistas y sugiere el perdón para los primeros a cambio de que suelten las armas, como hizo la democracia con los segundos durante la transición española. Dos días después, Espada arremete en su columna de El Mundo contra la moralidad de ese juicio, entre otras cosas llamando “oportunista” a Cercas: por haber publicado un libro ambientado en la transición, ya escribe de ella no como un novelista, sino como un politólogo. Cercas le contesta en una carta al director de El Mundo, en la que llama a Espada “mentecato”. Arcadi Espada publica tal cual la carta en su blog el 28 de enero de 2011.

-El 13 de febrero, Cercas defiende en la “Tribuna” de El País la ficción en el periodismo, al hilo de un artículo de Francisco Rico en contra de la flamante ley antitabaco española, uno de cuyos argumentos de autoridad no era verdad: “en mi vida he fumado un cigarrillo”. Con motivo del artículo de Rico, numerosos conocedores de la condición de fumador inveterado del filólogo protestaron en cartas al director. La defensora del lector de El País, primero, y el propio Rico, después, salieron al paso para dar explicaciones. Cercas disculpa a su viejo maestro: “Es humor, obviamente”. En su texto, no menciona a Arcadi Espada, pero cita a Hitler –“Exigimos una campaña legal contra quienes propagan mentiras políticas deliberadas y las diseminan a través de la prensa”– para demostrar que “hay que desconfiar de los cruzados contra el embuste, porque el énfasis en la verdad delata casi siempre al mentiroso”. Era previsible que su viejo “enemigo” Arcadi Espada se diera por aludido. Y en efecto, el 15 de febrero, Espada intenta demostrarle a Cercas cómo la mentira en periodismo sí tiene consecuencias, escribiendo la ya célebre columna mentirosa.

Cristian Campos describió con el término ajedrecístico zugzwang el callejón sin salida en el que Espada metía a Cercas: si protestaba contra su ficción, le estaría dando la razón. Justamente lo que pasó: el artículo de la defensora del lector de El País titulado “En defensa de Cercas y de la verdad” paradójicamente defendía la postura de Espada. Todavía Cercas contestó a la defensora en una carta en la que, sin mencionar a Arcadi Espada ni la polémica con todas sus letras, aclaraba: “Jamás se me ha ocurrido decir que es legítimo el uso de la ficción o la mentira en la práctica del periodismo, como parece inferirse de su artículo; eso es un disparate. Lo que yo sostengo es que en determinadas secciones del periódico, como las columnas de opinión, es lícito el uso del humor, de la ironía, de la autoironía, es decir, de determinados elementos que pueden apartar al lector de la estricta verdad de los hechos, de la tiranía de lo literal, siempre y cuando nadie se llame a engaño respecto a la veracidad de lo que allí se cuenta”.

Arcadi Espada se dio por satisfecho con la respuesta de Cercas a la defensora y pareció cerrar la polémica el 21 de febrero, pero la insistencia del novelista en la “injuria” presagia una venganza en plato frío. Quizá un tal “Arcadi Espada” como protagonista de su próxima novela.


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