RevistaArcadia.com

El Derecho Internacional, según Jack Bauer

Después de seis años de éxito, la radical serie norteamericana 24 llega a su séptima temporada y se convierte, además, en ejemplo para una clase universitaria. ¿Cuál es el secreto del éxito de una serie que no ha escatimado en promover la traición y la tortura para defender los derechos de los Estados Unidos?

2010/03/15

Por Camila Moraes

Superado el primer impacto de los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York, los intelectuales imaginaron las consecuencias que afectarían la psicología norteamericana. Creativos y dueños de una de las industrias televisivas y cinematográficas más importantes del mundo, los Estados Unidos no tardaron mucho en reflejar sus nuevos dolores y miedos en la ficción.

Mucho se ha producido hasta hoy sobre el tema, pero nada comparable al éxito de 24 la exitosa serie del canal Fox que después de seis años de altísima audiencia, llega a su séptima temporada en el 2007. Cada temporada de 24 muestra un atribulado día en la vida del agente federal Jack Bauer (Kiefer Sutherland), quien tiene la difícil tarea de salvar a su país de una poderosa amenaza terrorista. La trama, tramposa en sus varios obstáculos, siempre pone al heroico protagonista en la ingrata posición de decidir entre lo “correcto” según la ley y lo “necesario” para defender a la nación de ataques internacionales. Y eso con un agravante: hay que correr contra el tiempo.

En Colombia, el canal Fox terminó de transmitir en septiembre la sexta temporada del seriado. Para el 2007, todavía no hay una fecha exacta de estreno en el país. En Estados Unidos, en cambio, ya se anunció el comienzo de la séptima temporada, que empezará el 13 de enero a las 8 p.m., según informa el portal norteamericano del canal. En esta entrega, el presidente de Estados Unidos será una mujer. Y por primera vez, la acción ocurrirá en Washington, y no en Los Ángeles. Además Jack Bauer será juzgado por sus acciones en la búsqueda de justicia.

Bauer ya vivió de todo –y todo lo superó, aunque no haya sido fácil. Fue baleado, secuestrado, torturado, infectado por un virus mortal y hasta se volvió adicto a la heroína para involucrarse en el universo de traficantes de drogas. Sin embargo, hay algo que llama de manera poderosa la atención: su determinación de poner a los Estados Unidos por encima de todo, así ello implique acusar a compañeros de trabajo, torturar al enemigo, o hacerse el de la vista gorda con los derechos de los sospechosos o prisioneros, consagrados en la Constitución de su país.

De la pantalla a las aulas

Hasta ahí todo parece ser materia de la ficción. La respuesta de la sociedad –15 millones de espectadores en la quinta temporada– es de lo mejor, a pesar de la visión de algunos críticos especializados, preocupados con el carácter conservador y con el tratamiento de temas como la tortura en la serie. El problema comienza con la siguiente novedad: 24 se volverá asignatura universitaria en Georgetown University, en Washington, por iniciativa del profesor Gary Sharp, dentro de la maestría en Derecho Internacional. El curso, tan pronto se anunció, se volvió tan exitoso como la serie: “La Ley de 24”, se llenó rápidamente. Ya no hay cupos y, entre los que quedaron por fuera, circula una disputada lista de espera.

Sharp es en la actualidad consejero del Departamento de Defensa de los Estados Unidos para asuntos internacionales –y tiene experiencia como asesor jurídico del Departamento de Estado, la Biblioteca del Congreso y la Academia Norteamericana de Fusileros Navales–, y tuvo la idea de usar la serie como tema de un curso una noche al ver el programa en televisión. Se convenció de que “enseñar Derecho Internacional en el contexto de los temas tratados por 24 sería una forma maravillosa, singular y divertida de abordar cuestiones serias y sombrías que enfrentan todas las democracias en la lucha contra la amenaza global del terrorismo”.

Las clases son semanales y están programadas para los martes, el día siguiente de la transmisión de los episodios en la Fox americana, siempre los lunes en la noche. Según afirma el profesor, no hay que ser fanático para participar, pero la idea es que los estudiantes discutan en el aula el capítulo visto en la noche anterior. “Los asuntos discutidos en clase involucrarán implicaciones legales en los Estados Unidos y en el mundo del uso de fuerza militar contra patrocinadores estatales y no estatales del terrorismo, así como las libertades civiles, detenciones, interrogatorios y el tratamiento dado a los capturados en los campos de batalla o a los presos por sospecha de terrorismo”.

En una entrevista a un periódico brasileño, Gary Sharp comentó algunas escenas de temporadas pasadas, dando ejemplos de cómo serán tratadas las polémicas decisiones de Bauer en su defensa del territorio estadounidense. Entre ellas, está el episodio número doce de la segunda temporada (“7 p.m. a 8 a.m.”), en el que el protagonista interroga al supuesto terrorista Syed Ali. Para presionar una confesión, Bauer lo amenaza con matar a sus hijos, apoyado en un video en el que aparece su familia secuestrada. Al final, el sospechoso cede. Sharp dice que “esta escena ayudará a los estudiantes a explorar los límites que las leyes americanas e internacionales imponen a los interrogatorios de sospechosos. ¿Amenazas de esta naturaleza (como la de matar a un pariente) son admisibles? ¿Manipular mentalmente a los sospechosos es considerado tortura?”. En otro fragmento que ofrece como ejemplo Sharp, una escena del décimo octavo episodio de la tercera temporada (“6 a.m. a 7 p.m.”), el presidente de los Estados Unidos –por orden de un terrorista– autoriza a Bauer para que dispare a un colega, bajo la amenaza de que, si no lo hace, el criminal liberará partículas de un virus letal. Bauer, claro, dispara. Según Sharp: “Un tema que 24 aborda muy bien son las decisiones utilitarias asociadas al combate del terrorismo. Si no hubiera otra opción, una nación quizá derribaría un avión comercial lleno de pasajeros, caso que tuviese la certeza de que ahí había un arma nuclear destinada a una de sus ciudades más pobladas”.

Sharp ha sido cuestionado sobre el mensaje político del seriado, así como por su tratamiento del terrorismo. El profesor se defiende ante los críticos “¿Crees que un programa como 24 sería popular si mostrara a un agente interrogando a un terrorista –que está inclinado a cometer suicidio y detonar un arma nuclear o liberar un agente biológico en el centro de Los Ángeles– con una conversación refinada, acompañada de té con dulces?”.

Ironía o no, la serie se estrenó pocas semanas después de los fatídicos sucesos del 2001. De hecho, cuatro de sus primeros veinticuatro capítulos habían sido grabados antes del 11 de septiembre. Y 24 transmite desde entonces, sí, un mensaje político: la paranoia de los Estados Unidos de ser atacados y sus posibilidades de reacción. Ficción o no, 24 es el reflejo mejor acabado y de mayor repercusión de las libertades jurídicas que el gobierno americano ha ejercido en su “lucha contra el terrorismo” desde el 11 de septiembre.

En uno de los principales artículos publicados en Estados Unidos sobre el tema, la periodista Jane Mayer, en The New Yorker, comentaba el encuentro ocurrido en noviembre del 2006 entre Patrick Finnegan, el jefe de la más importante escuela militar del país (la United States Military Academy), y los productores de 24. El objetivo de Finnegan, que fue a la cita acompañado de otros militares y de técnicos del FBI, era expresar su preocupación por lo que juzgaba métodos ilegales y antitéticos de coerción usados en la serie, que estaban afectando los entrenamientos y la actuación de soldados reales destinados a comandar batallas en Irak y Afganistán. “¿Si la tortura está mal, qué decir de 24?”, dijo Finnegan en el artículo. Y agregó: “Lo que molesta es que, a pesar de que la tortura puede incomodar a Bauer, siempre toma esa decisión como patriótica”.

Muchos creen que Jack Bauer es un criminal y, en la vida real, sería perseguido por eso. Es la opinión, por ejemplo, de Joe Navarro, uno de los expertos del FBI en técnicas de interrogación. “Solo un psicópata puede torturar sin afectarse. Uno no quiere personas de este tipo en su organización. Son indignas de confianza y suelen tener otros problemas más profundos”, dijo Navarro a The New Yorker. Pero el presidente George Bush quizá lo vea distinto, pues en un discurso en septiembre del 2006 defendió el uso de procedimientos alternativos por parte de la CIA “para salvar vidas”.

Los creadores de la serie, sin embargo, sostienen que 24 es un producto de ficción, destinado al entretenimiento de sus espectadores –entre ellos, los mismos soldados americanos en Irak, que, después de ver destruida su colección de DVD por una bomba del enemigo, le regalaron una bandera de los Estados Unidos al mentor del seriado, Joel Surnow. Él la mantiene en su oficina, cubierta por una urna de vidrio.

Aunque defienda la ficción, Howard Gordon, uno de los productores ejecutivos y el más importante guionista de 24, admite que “cada vez es más difícil imaginarse nuevas técnicas de tortura”. Solo en las primeras cinco temporadas, la institución americana The United Nations Convention Against Torture contó sesenta y siete escenas de este tipo en la serie. En entrevistas a la prensa, Gordon afirmó que la principal fuente para las escenas de tortura es su misma imaginación, además de algunos manuales de interrogatorios de la CIA.

Al parecer, la política antiterrorista norteamericana la están dictando los guionistas de Hollywood. Y Hollywood lo puede todo, hasta influenciar a la Academia, como acaba de hacer con Georgetown –la universidad que formó a líderes como el ex presidente Bill Clinton–. Lo más interesante, sin embargo, está por venir: ¿qué opinarán los abogados y juristas, futuros especialistas en Derecho Internacional, sobre la justicia de 24? Aquella que promulga que las medidas extremas son necesarias para obtener beneficios mayores.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.