RevistaArcadia.com

El ocaso del sandinismo

El poeta vivo más reconocido de Nicaragua, Ernesto Cardenal, vivía en su apacible retiro cuando lo pusieron en la picota pública debido a una condena judicial en su contra. El hecho se interpretó como una represalia del presidente Daniel Ortega. La cuerda entre los intelectuales nicaragüenses y el presidente se tensó tanto que acabó por romperse...

2010/06/30

Por Moisés Martínez

El pasado 25 de agosto era un viernes de rutina en la sede del Centro Nicaragüense de Escritores. Luz Marina Acosta se encontraba despachando algunas diligencias del miembro de la junta directiva de ese centro, el padre Ernesto Cardenal. Acosta es desde hace muchos años la asistente personal del sacerdote trapense, y fue a quien ese día le entregaron la notificación en la que se indicaba que Cardenal debía pagar una multa de 20.000 córdobas (un poco más de mil dólares). Según decía la cédula judicial, era culpable del delito de injuria en contra de un ciudadano alemán, casado con una ex funcionaria del gobierno del presidente Daniel Ortega y ferviente activista política a su favor, llamada Nubia Arcia.

Acosta no se sorprendió con esta notificación a pesar de que el caso por el cual condenaban al poeta era cosa juzgada desde 2005. Llamó por teléfono al sacerdote de 83 años: “Ya empezaron las bolas recias”, le dijo, pues, según cuenta, Cardenal ya le había expresado su preocupación de que la todopoderosa primera dama de la República, la también poeta Rosario Murillo, emprendiera alguna acción en su contra por unas declaraciones hechas en Paraguay, adonde había ido a la posesión del presidente Fernando Lugo, el pasado 15 de agosto. Allí, Cardenal dio una conferencia de prensa en la que dijo que el gobierno de la pareja presidencial Ortega-Murillo se alió con ex personeros del dictador Anastasio Somoza Debayle y la “Contra”, el grupo armado que combatió a Ortega durante su primer mandato, para establecer en el país “un reinado de unas cuantas familias”.

Cardenal se negó acatar la sentencia judicial y dijo que prefería ir a prisión antes de pagar la multa.“Sí me quieren echar preso —y en este sistema que hay ahora en Nicaragua todo es posible— estoy listo para ir a la cárcel”, escribió en una carta pública que hizo llegar a los medios de comunicación nicaragüenses el día que le notificaron la condena.

De inmediato, la intelectualidad nicaragüense repudió la sentencia y la tildó de ser el inicio de una persecución en contra de aquellos notables de la cultura que no fueran afines al gobierno sandinista. “Esa sentencia demuestra que en el país se va estableciendo un gobierno autoritario que se vale de la posibilidad que tiene de instrumentalizar a los poderes del Estado, entre ellos al poder judicial”, dijo el hasta hace poco presidente del Centro Nicaragüense de Escritores, Carlos Tünnermann.

El gobierno sandinista no se pronunció oficialmente sobre los señalamientos de manejar los hilos de la justicia para desembocar en la sentencia contra el considerado máximo exponente vivo de la poesía nicaragüense.

Sin embargo, luego del incidente en Paraguay, la primera dama Murillo dejó entrever su molestia por la actitud de Cardenal. Así lo dijo en una inusual rueda de prensa en la que hizo de voz oficial del poder ejecutivo sobre diversos tópicos de la realidad nicaragüense. “Apareció en Paraguay y organizó una conferencia de prensa para decir que somos ladrones, para decir que estamos aliados con los ex contras que combatieron con la guerrilla nicaragüense. Anda de arriba para abajo desacreditando al gobierno sandinista, lo que lamento por ser (Cardenal) una figura de la revolución”, dijo Murillo cuando se le consultó sobre el caso del poeta.

 

Los otros casos

El enfrentamiento ideológico entre el sandinismo gobernante con los intelectuales y artistas de Nicaragua ha sido más crudo y ácido con aquellos que fueron símbolos culturales de la revolución popular sandinista, que derrocó a la dictadura somocista y gobernó con mano férrea el país entre 1979 y 1990.

La primera víctima de la represalia sandinista fue Carlos Mejía Godoy, un reconocido trovador nicaragüense, quien compuso legendarias canciones (María de los Guardias es de su autoría) que fueron parte de la mística nacional y mundial que rodeó a la revolución. Mejía Godoy escribió el himno del Frente Sandinista, el partido político del cual Ortega ha sido Secretario General durante treinta años. Mejía se separó de este a mediados de los años 90, argumentando que Ortega y Murillo lo manejaban como si fuera su propiedad personal, y junto a otros reconocidos disidentes, formó el Movimiento Renovador Sandinista, agrupación política de la que fue candidato a la vicepresidencia en las elecciones generales del 2006, que perdió con Ortega.

Mejía Godoy, quien tiene los derechos de autor de todas sus canciones, a excepción del himno del partido, exigió que el gobierno no las emitiera en sus actos oficiales, para ambientar los discursos del presidente, y en las radios y estaciones de televisión oficialistas. Y dio una semana para que se cumpliera su pedido. Sin embargo, el gobierno se hizo el sordo y emprendió una campaña de difamación en los medios de comunicación oficialistas contra la figura del cantautor y la de su hermano el también cantante Luis Enrique.

Los acusaron de aprovecharse de la proyección internacional que tuvo la revolución para oxigenar sus carreras artísticas. También de cantarle a la “oligarquía y corrupción” por participar en las marchas de protesta que organizan organismos de la sociedad civil fuera del control gubernamental.

El pináculo de esta polémica ocurrió el pasado 19 de julio, día de la conmemoración del aniversario del triunfo de la revolución. En plaza llena, en un acto precedido Ortega y Murillo, y con invitados especiales como los presidentes Hugo Chávez, Evo Morales, Fernando Lugo y otras conocidos dirigentes latinoamericanos, una banda filarmónica entonó La Consigna, la canción de Mejía Godoy, usada como himno no oficial durante las actividades de gobierno sandinista durante su primera administración en la década de los 80 y rescatada para estos tiempos, en los que se vive lo que el sandinismo llama la “segunda etapa de la revolución”. Molesto y herido, Mejía Godoy interpuso en los juzgados (sandinistas) una demanda en reclamo de sus derechos de autor. La acción legal se encuentra engavetada desde entonces.

Los daños colaterales del caso de Mejía Godoy hirieron a la música nicaragüense. El conocido activismo partidario del músico y la actitud abusiva del gobierno germinaron en una polarización política en el gremio.

Pero el caso de Mejía Godoy no es el único. Otras figuras intelectuales y artísticas de la revolución sandinista conocidas internacionalmente, como el escritor Sergio Ramírez Mercado y la poetisa Gioconda Belli, también han hecho fuertes críticas al binomio Ortega-Murillo, aunque en su caso no han sido blanco de alguna acción concreta.

 

Hablan los intelectuales

La lucha interna entre el gobierno sandinista y la intelectualidad nicaragüense era ropa sucia que se lavaba en casa, hasta que se desató el incidente con Cardenal. Nunca antes desde que lograron nuevamente el poder en 2007, el gobierno sandinista había sido repudiado por tantas voces del mundo que antes alabaron y apoyaron su causa ideológica.

Eduardo Galeano, cuyos libros son una crítica descarnada a los modelos neoliberales y que Ortega utiliza con frecuencia en sus actos populistas, fue de los primeros en dirigir sus dardos en contra del gobierno. “Toda mi solidaridad para Ernesto Cardenal, gran poeta, espléndida persona, hermano mío del alma, contra esta infame condena de un juez infame al servicio de un infame gobierno”, escribió Galeano.

Otro que también se solidarizó con Cardenal fue el premio Nobel de Literatura, José Saramago, cuyas líneas acusan al presidente Ortega de haber traicionado el legado de la revolución popular sandinista. “A Daniel Ortega le pido que se mire en un espejo y me diga qué es lo que encontrará en él. Si le da vergüenza, al menos que tenga la valentía de pedir perdón. Si no lo pide, si no levanta la voz para clamar él mismo contra la condena de Ernesto Cardenal, sabremos que sus méritos humanos y políticos han caído a cero. Una vez más una revolución ha sido traicionada desde dentro”, cita la parte medular de un escrito del literato portugués enviado a Sergio Ramírez.

Cincuenta reconocidas plumas latinoamericanas, entre las que están varios escritores colombianos, firmaron una carta en apoyo a Cardenal que está circulando en Nicaragua. Desde su famoso incidente con el papa Juan Pablo II, en 1983, cuando era ministro de Educación y se enfrentó al poder de la Iglesia, la figura del sacerdote no había provocado semejante interés internacional.

Luego de la declaración de la primera dama Murillo, el gobierno no ha vuelto a referirse al tema de Cardenal. Para enfrentar el fuerte repudio nacional e internacional, están aplicando la misma fórmula que con el trovador Mejía Godoy. Silencio y dejar que sean los medios de comunicación oficialistas los que se encarguen del trabajo sucio. Estos han emprendido una campaña mediática de difamación contra Cardenal. Periodistas y escritores cercanos al gobierno han sido entrevistados para repudiar a Cardenal por supuestos abusos con los campesinos de la isla de Solentiname, ubicada en el Gran Lago de Nicaragua. Este es el sitio de descanso del poeta, un paraje alejado del mundanal ruido donde fundó un centro de aprendizaje de las artes.

¿Y el poeta? Bastante cascarrabias, el sacerdote ha preferido no dar entrevistas sobre el tema. Sus declaraciones se han producido cuando le notifican algunas de las resoluciones del proceso judicial en su contra. La última fue una orden de congelar las cuentas bancarias del sacerdote hasta que decida pagar la multa que se le impuso.

Cuando le fue notificada esta última decisión judicial, el poeta se limitó a decir: “Me siento tranquilo porque estoy en manos de Dios, pero te puedo decir que también me siento como un perseguido, perseguido por todos lados por unos perros rabiosos, como dice el salmo de la Biblia”, y tercamente le dijo al notificador que no pagará la multa.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.