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¿Un arte sin política?

En Colombia, el arte y la situación nacional han trasegado por el mismo camino. Sin embargo, lo que parecía una exposición de gran nivel en el Reino Unido terminó con el retiro de una de las obras del artista Wilson Díaz, que mostraba un video de guerrilleros de las Farc en el que cantan vallenatos. ¿Por qué decidieron retirarla? Por ahora no hay un pronunciamiento oficial.

2010/03/15

Por Cristian Valencia

El “pequeño” lapsus diplomático acontecido en el Reino Unido, cuando el embajador Carlos Medellín ordenó retirar la obra de Wilson Díaz de una muestra patrocinada de antemano por la cancillería, ha generado polémica en al ámbito artístico nacional e internacional. La obra retirada, Los rebeldes del sur, es un video tomado en la zona de distensión, en donde aparecen unos guerrilleros tocando vallenatos, haciendo una especie de coreografía con armas. Las probables razones de la misión diplomática para ese retiro podrían ser fáciles de adivinar a la luz de que la página web que anunciaba la exposición estaba ilustrada precisamente con una foto de esos guerrilleros cantantes. Cosa que podría interpretarse como la imagen oficial del país, propuesta por la embajada. Sin embargo, esto no pasa de ser una mera especulación puesto que, ni la embajada ni la cancillería se han pronunciado oficialmente, pese a muchos esfuerzos de escuchar su versión.

El hecho de que la exposición se hubiera curado en Colombia con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores, es lo que detona toda la polémica. Si bien la curaduría estuvo a cargo de María Clara Bernal, respetada autoridad del arte nacional, la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería debería estar al tanto, al menos en teoría, de las obras que se enviarían por valija diplomática –hecho que se desconoce por completo, debido al silencio de las partes. Lo cierto fue que luego de un trabajo serio de curaduría, que duró aproximadamente dos años, la exposición Displaced: Contemporary art from Colombia se envió al Reino Unido como un todo. Un todo que la galería Glynn Vivian Art y su curadora Karen Mackinnon conocían a la perfección, pero que nuestra misión diplomática parecía desconocer.

Entonces cabe suponer que hubo desacuerdo entre la Cancillería y la curadora, porque no establecieron con claridad los límites que debía tener dicha curaduría. Y si los hubiesen establecido en términos de no llevar obras en donde los guerrilleros o los narcotraficantes o los paramilitares canten, es decir, en términos políticos y no plásticos, sería un total irrespeto con la trayectoria no solo de los artistas nacionales sino de la curadora.

Según Charbel Ackermann, quien hizo la investigación sobre el caso en Londres, la curadora de la galería, la señora Mackinnon, afirmó: “No estamos acostumbrados a este tipo de procedimientos. Lo que sucedió fue algo fuera de lo común, no solo porque había una censura implícita sino porque nos empezamos a preocupar sobre si íbamos a poder montar la exposición”. La palabra censura fue la que más se articuló por parte de los artistas nacionales, de los asistentes a la inauguración y de los representantes de la galería. Sin embargo, durante el discurso de inauguración, el representante de la embajada habló bellezas de la Colombia de hoy y afirmó, entre otras cosas, que en nuestro país no existía la censura.

Muchos de los asistentes escucharon aquellas palabras y luego fueron a buscar la obra de Wilson Díaz, porque en el plegable que se entregaba a la entrada de la galería aparecía una foto fija a todo color del video de Díaz. Y cuando se enteraban de las causas de su ausencia, obviamente contrastaban ese hecho con las palabras del discurso.

A la voz de censura la tendencia general es buscar aquello que se ha censurado para verlo. Es una condición del ser humano. Cuando se censura una imagen, por ejemplo, lo que se consigue es ubicar la imagen censurada en un primerísimo primer plano que, probablemente, no tenía antes, como bien lo apuntala Alonso Garcés, reconocido galerista colombiano: “Si se hubiese mostrado la exposición en su totalidad, dentro del contexto general, hubiera sido una obra de arte más dentro de la exposición, y este escándalo que se suscitó no habría pasado. Por lo demás, me parece sumamente peligroso este tipo de censuras a lo que es la libre expresión, sobre todo tratándose de arte”.

Por supuesto que todos los artistas se mostraron indignados con el “retiro” de la obra. Mucho más cuando se enteraron de que había sido retirada porque era una apología a la guerrilla, según les manifestara un representante de la embajada. Alberto Baraya, por ejemplo, dijo que “las consecuencias de una pequeña censura, serán sin duda una siguiente censura, y luego otra y otra. Y la pregunta que queda rondando es ¿vale la pena seguir apoyando como artista cualquier proyecto de la cancillería?”.

Pero ¿qué tiene exactamente esta obra de Wilson Díaz para producir semejante movimiento diplomático? William López, director del museo de la Universidad Nacional y director de la maestría en Museología de la misma institución, quien conoce la obra general de Wilson Díaz, dice respecto de Los rebeldes del sur: “No es una apología a la guerrilla. Es muy tonto y superficial quien la interpreta de esa manera. Primero, porque es una obra de corte etnográfico, y, segundo, porque es un documento. Es un video, además de mala calidad, en donde el artista está señalando algo. Está mostrando a uno de los actores armados, y ¿qué está haciendo este actor? Cantando. Pues resulta que los guerrilleros también cantan. Pero en un clima de polaridad como el que estamos viviendo, al enemigo hay que llenarlo de la mayor cantidad de antivalores posibles para que sea un enemigo anónimo: perspectiva que hace posible una lectura paranoide de la obra”.

Cuando Wilson Díaz se enteró de lo sucedido, de inmediato le escribió un correo electrónico a María Clara Bernal, declarándose sorprendido. Luego, cuando digirió un poco más el asunto, le escribió nuevamente solicitándole una explicación oficial de lo sucedido, o una comunicación directa con el embajador. Ninguno de los correos fue respondido (al menos hasta el sábado 3 de noviembre: la exposición se inauguró el 4 de octubre y la obra fue retirada dos semanas antes).

Pese a todo este enredo, Displaced: Contemporary art from Colombian no solo sigue montada ,sino que The Times de Londres la ha catalogado como una de las cuatro mejores que se exhiben hoy por hoy en el Reino Unido. La cuarta es un lugar privilegiado, teniendo en cuenta la enorme cantidad de exposiciones que tiene ese país. Por si fuera poco, según dice Humberto Junca, artista invitado, “una de las curadoras de la Tate Gallery (quizá la más prestigiosa institución de arte contemporáneo en el Reino Unido) va a recomendar al comité de adquisiciones de dicha institución, la compra de Los rebeldes del sur”. Se ignora, claro, si aquella recomendación estuvo empujada de alguna manera por el hecho del “retiro”. Pero con seguridad esa recomendación se hizo teniendo en cuenta, primero que todo, la calidad de la exposición en general y de la obra en particular.

La idea de la exposición fue producto de un trabajo de mucho tiempo, como se dijo antes, y en teoría esa exhibición debería mostrarse en distintos países. Aunque la itinerancia de la muestra podría estar comprometida ante los recientes hechos. Y eso preocupa a los artistas que están exhibidos hoy en día en la galería Glynn Vivian Art Gallery.

Y preocupa, en términos generales, porque todavía se desconocen las causas del “retiro”. Y también preocupa, porque si el hipotético detonante para dicho “retiro” fue que el embajador consideró que con dineros públicos no se pueden patrocinar este tipo de obras, estamos frente a un régimen duro: “Si el Estado comienza a decir esto va y esto no va, esto lo censuramos y esto no, ¿adónde vamos a llegar?”, anotó Alonso Garcés.

Y claro que preocupa que ese “retiro” haya causado en los demás artistas de la muestra tan solo indignación, palabras de?desagrado y refunfuñes, y no una actitud solidaria con la curaduría y con la obra de Wilson Díaz. “Debió presentarse en su totalidad o no presentarse”, dijo William López.

Y por supuesto preocupa porque se ha puesto en riesgo que algunos patrocinadores internacionales vuelvan a apoyar un trabajo de esta índole, como lo expresara Eluned Haf, directora de Wales Art International: “Nuestra organización está muy decepcionada porque nosotros no apoyamos ningún tipo de censura”.

Muchas preocupaciones han quedado expuestas a la luz, por lo visto. |

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