Daniel Alarcón, productor de Radio Ambulante.
  • Mixticius transmitiendo.
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Días y noches de radio

Internet no ha matado a la radio, pero la está cambiando de forma radical. Armados del poder de difusión de la red, periodistas y melómanos están cambiando la manera de escuchar la música y de contar historias. En Barcelona, Bogotá y San Francisco, creadores radiofónicos independientes demuestran que sí existe una audiencia que quiere escuchar una radio de calidad.

2014/08/21

Por Jorge Pinzón Salas* Bogotá

Una melómana madrileña que desde su casa en Barcelona comanda Radio Gladys Palmera, una ecléctica emisora en línea; un novelista peruano y una periodista colombiana que a pocas calles de Silicon Valley publican en podcasts crónicas latinas de largo aliento en un proyecto periodístico digital llamado Radio Ambulante; tres gestores culturales que en un pequeño estudio bogotano producen programas de músicas raizales y migratorias que publican en la ciberradio Mixticius. A pesar de su aparente distancia, todas estas personas son entusiastas de la radio online. Y cada uno, desde su esquina de información o entretenimiento, está impulsando algo más parecido a una revolución sonora que a una moda pasajera alimentada por una serie de simples cambios en los formatos radiales.

Los productores de Radio Gladys Palmera, Radio Ambulante o Mixticius hacen parte de una nueva ola de comunicadores, investigadores, documentalistas y artistas que están reinventando la forma de producir y compartir experiencias sonoras. Aunque estos proyectos se diferencian en su audiencia, programación y recursos de producción, todos practican una radio sin fronteras. Además, todos se han dado a la tarea de entender cómo el oyente contemporáneo al que le quieren llegar escucha y comparte contenidos sonoros.

No es la primera vez, desde que existe internet, que la prensa se refiere a la creación radiofónica contemporánea en términos de vanguardia o boom. En 2004, en un reportaje para la edición digital de The Guardian titulado “Revolución auditiva”, Ben Hammersley hablaba –a propósito del naciente fenómeno del podcast– de “una revolución del audio amateur”. El podcast es un expediente o archivo de audio o video que sirve para que cualquier persona tenga la posibilidad de descargarlo en el momento que quiera.

Pero hace diez años, la banda ancha (que facilitaría luego el live streaming o transmisión en tiempo real) aún no se había masificado. Las redes sociales no habían llegado a la vida de millones de usuarios que hoy comparten música a un ritmo frenético. Las mejores herramientas y softwares (algunos libres y otros muy económicos) para producción de audio estaban por inventarse. Los modelos de crowdfunding (el sistema moderno de micromecenazgo virtual que está funcionando con tanto éxito en Estados Unidos) para la financiación de radios alternativas e independientes no los registraba todavía el radar de ningún emprendedor. Las aplicaciones con directorios de emisoras para teléfonos inteligentes y tabletas (que también estaban en pañales) emergían apenas en los sueños de los desarrolladores más adelantados.

Hace una década, Christopher Lydon, uno de los pioneros de la radio online citados en el reportaje de Hammersley, consideraba el podcast un experimento. Pero estimaba como una realidad imparable la tendencia creciente a producir una radio libre, democrática, verdaderamente independiente. Para Lydon, este era el comienzo de una etapa de la era digital en la que cualquier hijo de vecino podría hacer radio gracias al acceso a herramientas de bajo costo para la producción de audio.

Mucha agua ha corrido desde que precursores como Lydon lanzaron, tras vislumbrar el enorme potencial de la radio online de autor, los primeros weblogs y podcasts con entrevistas y otros documentos periodísticos. Después de una década de pruebas y errores se puede decir que estamos atravesando la edad dorada de la creación radiofónica. Con internet como base y gracias a miles de creadores independientes y a las masas críticas que exigen contenidos alternativos y lenguajes novedosos, la radio se está reinventando. Y a la vanguardia de la reinvención van a galope los medios de nicho con espíritu libre, democrático, igualitario.

Lo que demuestran con sus plataformas digitales Alejandra Fierro (gladyspalmera.com), Daniel Alarcón y Carolina Guerrero (radioambulante.org), o Andrés Aceves, Silvia Ojeda y Luis Guillot (mixticius.net) es que corren buenos tiempos para la radio online con vocación libertaria, una radio libre cuyos creadores saben que el oyente pasivo, el radioescucha que creció sintonizando las pocas emisoras que alcanza a albergar un transistor, está envejeciendo. Mientras tanto, emerge una nueva generación de audiencias ávidas de propuestas radiales que les permitan autoprogramarse donde y cuando quieran.

La radio posdial es una radio sin corsés comerciales, institucionales ni políticos. Una radio a la carta, abierta. Una radio que contribuye a que los usuarios sustituyan la dictadura de fm y am (en manos, mayoritariamente, de grandes corporaciones), por la opción de organizar recorridos radiales autónomos. Una radio a la medida de una sociedad hiperconectada que quiere conducir a su antojo sus procesos comunicativos a la hora de escuchar sus emisoras online favoritas, de descargar podcasts con toda clase de temáticas (desde ciencia y arte, hasta jardinería o satanismo, pasando por deportes y política), de compartir los recomendados musicales que bullen en las redes sociales, o de conectarse a servicios de streaming como Deezer, Napster o Spotify, a plataformas de descarga digital como iTunes o Beatport, o a soportes “mixtos” como los archipopulares YouTube y Soundcloud.

 

Al tan cacareado estancamiento de las emisoras convencionales, que no dejan de mostrar signos de agotamiento creativo, hay que agregar la ascendente irrelevancia del impacto de la difusión radial en el éxito de un artista. Consultado sobre esta coyuntura por el portal latinmusicwire.com, Derek Sivers, fundador y expresidente de la tienda virtual cd Baby, dijo hace un par de años: “La radio solía ser una de esas cosas en las que los fans confiaban, pero ahora se ha transformado en algo que no pueden tolerar, así que los verdaderos fans no esperan que la radio fm les recomiende nueva música como alguna vez lo hizo. Por lo tanto, para los nuevos artistas, la radio tradicional es un sistema bastante cuestionable”. José Gandour, editor de la página de música Zonagirante.com, añade: “Los medios tradicionales no satisfacen a buena parte de las nuevas generaciones digitales, que sienten la necesidad de escuchar nuevas alternativas”.

Esas nuevas alternativas se están produciendo en muchos rincones del planeta. Son iniciativas que no pretenden competir con las grandes cadenas radiales. Al no tener compromisos comerciales o institucionales, los podcasts, los audioblogs y las emisoras independientes nacidas en internet gozan de libertad para trabajar de una manera más cercana con su audiencia. La creación radiofónica en nuestros días es un campo gigantesco de experimentación para periodistas, melómanos, artistas, gestores culturales o activistas sociales que dirigen radios de la talla de las extranjeras 99 % Invisible, Radio Lab, Arte Radio o Groovalizacion, y de las colombianas Latin Roll, Radiopachone, Radio Etíope o Gerard Radio.

Leo Laporte, director de Twit, la red de podcasts más grande de Estados Unidos, lleva años defendiendo la democratización de la radio a través de este tipo de formatos. Según él, “lo interesante es que al hacer tu podcast no eres la voz de una corporación o del que tiene dinero, puedes hacerlo sin demasiada estructura. Prácticamente cualquier persona puede tener un podcast y si llegas a la gente vas a tener una voz que se salta a gigantes como CNN”.

Radio Gladys Palmera es una de esas joyas que se están saltando a los peces grandes. Tiene más de 100.000 oyentes al mes y su reputación crece como espuma. “Esta radio no es una emisora de fast music”, dice una nota editorial publicada en su página, donde se combina el streaming con los podcasts de programas especializados. “La radio que sabemos hacer sintoniza con oyentes exigentes que desean saciar su sed de música”. Su programación musical es tan mestiza como su nombre: rock, pop, boleros del Caribe, flamenco.

El 75 % de la audiencia de Radio Ambulante es de Estados Unidos, pero las más de 30 historias de no ficción que sus editores han publicado durante los tres años de vida de esta página ocurren en Latino América. Este espacio periodístico se caracteriza por sus reportajes sonoros, que oscilan entre 20 y 40 minutos, en los que se cuentan historias de distintas partes de América Latina, desde el testimonio de una empleada del servicio doméstico colombiana hasta un reportaje sobre el asesinato de mujeres en Juárez. Tres ingredientes garantizan su credibilidad y sostenimiento: el rigor periodístico, los avances tecnológicos y las donaciones de sus usuarios.

Con un radio show en vivo en el que algunos de sus dj pasaron una selección de la música que programan en sus franjas especializadas, la bogotana Radio Mixticius celebró hace pocas semanas su tercer aniversario en un bar de Bogotá. Esta ciberradio se aloja en un servidor propio. Tiene un estudio fijo y otro móvil para transmitir o grabar desde cualquier parte y un servicio de streaming por el que sus fundadores pagan 30 dólares al mes para interactuar hasta con 500 personas en línea.

Andrés Aceves, el director de Mixticius, esboza una suerte de definición de la innovación en este tipo de radios. “Para nosotros, como para muchos otros gestores independientes, lo innovador no es hacer radio en internet, eso se hace fácil: se conecta un micrófono y comienza cualquiera a hablar. Lo innovador es hacer una radio que no se escude en el bajo presupuesto para no tener altos estándares de calidad. Lo innovador, también, es lograr estructurar modelos de financiación a través de convocatorias y donaciones. Así no dependemos de la pauta publicitaria”.

La llegada de internet supuso un cambio radical para la radio. Dejó de ser la reina de lo instantáneo, lo ubicuo y lo móvil. Ahora le compiten otros soportes con esas características. Hoy, tanto periódicos como canales de televisión tienen páginas web que ofrecen información actualizada permanentemente. Por eso, la radio ha tenido que reinventarse. Hace 80 años, Bertolt Brecht vaticinó con estas palabras lo que entonces no podía ser otra cosa que ciencia ficción, pero que hoy, gracias a la radio digital y posdial, es una realidad: “La radio podría ser el más maravilloso aparato de la comunicación pública si supiera, no solo cómo distribuir, sino también cómo recibir, no solo cómo hacer escuchar a la gente, sino también cómo hacerles hablar; no cómo aislarles, sino por el contrario, cómo relacionarles entre sí”.

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