Imágenes de L´Homme Volcan [El hombre volcán], cómic animado de la editorial de Samuel Petit.
  • Imágenes de L´Homme Volcan [El hombre volcán], cómic animado de la editorial de Samuel Petit.

La revolución tiene forma de historieta

En estos días de revolcón en el ámbito editorial, son pocos los sectores del libro que anuncian buenas nuevas. Excepto el cómic. Las ventas de historietas impresas y digitales muestran un pronunciado ascenso en Estados Unidos. El editor francés Samuel Petit habla sobre las dificultades tecnológicas que enfrenta esta revolución digital.

2014/08/21

Por Santiago Rosero* París

El advenimiento de los libros digitales no ha significado solo una alternativa en el soporte de lectura y en la distribución de los contenidos. El libro digital también está abriendo paso a nuevas formas de creación. En esta nueva fase productiva de la industria editorial, el cómic se ha convertido en el género idóneo para explorar las potencialidades pero también las limitaciones de la confluencia de arte y tecnología. El potencial de los cómics digitales radica en las diversas cualidades que pueden ser desarrolladas para enriquecer la narrativa, tales como animaciones en los personajes y en los saltos de página, efectos de movimiento en los decorados, integración de efectos sonoros y de video. Su mayor limitante es el formato estándar para libros digitales conocido como EPUB. Este formato, que posibilita la producción y distribución eficiente y barata de libros digitales, limita las posibilidades audiovisuales e interactivas que proponen los nuevos historietistas.

Samuel Petit, editor francés de cómics de 34 años, es uno de los pocos actores de la industria que tienen como propósito romper con las condicionantes tecnológicas para que el potencial artístico del cómic tenga un mayor rango de ejecución y consumo. Petit es el fundador de Actialuna, una pequeña empresa francesa con nueve empleados y tres proyectos centrales. Syntonie, la marca editorial, está dedicada a crear cómics digitales y Sequencity, “la ciudad de los libreros”, es un espacio en internet que alberga a varias librerías independientes que venden cómics digitales. El tercer proyecto es ante todo un compromiso: se trata de incidir activamente en la definición internacional del estándar de EPUB para la publicación de cómics digitales. Actialuna es una de las pocas empresas francesas que participan activamente en el International Digital Publishing Forum (IDPF), consorcio formado por casas editoriales, distribuidores de contenidos digitales y empresas de tecnología de diverso calibre, entre ellas Google y Microsoft, que creó el epub, el formato estándar de lectura de libros digitales. Uno de los objetivos de los contribuyentes del idpf, como es el caso de Actialuna, es hacer evolucionar el EPUB –formato de código abierto– para que todas las potencialidades de los cómics digitales puedan ser aprovechadas con la misma calidad en cualquier dispositivo sin necesidad de aplicaciones o sistemas específicos. La consecución estrecharía aún más los vínculos entre arte y tecnología y constituiría un giro determinante en los asuntos de mercado.

“Si queremos trabajar artísticamente, como es nuestro caso –dice Samuel Petit–, estamos obligados a asentar nuestros cómics en aplicaciones para tabletas. Pero eso es un problema porque las aplicaciones tienen que ir por fuerza en plataformas Apple o Android, con los costos que eso implica. A un autor independiente o a una pequeña editorial digital, trabajar con Apple le significa ceder de entrada un 30 % de comisión. Luego, en la librería digital de Apple o en la de Amazon, el cómic quedará poco accesible respecto a los títulos mejor vendidos, que son generalmente creados por grandes casas editoriales que pagan para tener una mejor exposición. En cambio, si quisiéramos algo que funcione mejor en el mercado, tendríamos que utilizar el formato EPUB, pero eso limitaría nuestras capacidades artísticas, lo cual es frustrante para la gente que tiene un alto potencial creativo”.

Syntonie, la marca editorial de Samuel Petit, creó junto al autor Mathias Malzieu la obra L´Homme Volcan [El hombre volcán], un relato tierno y melancólico de una niña cuyo hermano menor muere al caer en un cráter. El texto de la obra se va develando entre un fondo brumoso que se despeja de a poco con un leve efecto de movimiento. Sobre las ramas de un árbol que hace parte del decorado, varios pájaros se balancean gracias a una animación delicada. Al pasar algunas páginas, en breves segundos se ve al niño de la historia cayendo por la garganta del volcán. L´Homme Volcan fue creado como una aplicación que puede ser leída solo en iPad. De manera paradójica, este cómic no funciona en el formato EPUB, pues su riqueza visual y sonora no es compatible con el estándar.

“Lo ideal sería que todas las nuevas formas de creación pudieran ser leídas por el estándar epub –dice Samuel Petit–. Así podríamos ser a la vez un negocio y tener absoluta libertad creativa. Nosotros contribuimos al desarrollo del EPUB para que dentro de uno, dos o tres años las animaciones entre los saltos de páginas o al desplazarse verticalmente en el cómic, los efectos visuales a medida que avanzamos en la lectura, todo ese tipo de transformaciones sean posibles en el estándar. Cuando eso ocurra, todos nos vamos a entender: los autores, los editores, los libreros, Photoshop, InDesign, etcétera; toda la cadena de producción del libro, y entonces el negocio será posible”.

El universo de la música digital ofrece un modelo comparativo. Al haberse adoptado el formato MP3 como estándar para la distribución, venta y reproducción, el negocio fue posible. También el antinegocio, porque las derivas del mundo virtual llevaron a que ese formato permitiera la piratería. Pero eso no es algo que ahora mismo preocupe a los creadores y editores de cómics digitales. Sobre los eventuales giros que tomen los usos y las costumbres, e incluso por encima de la ineluctable evolución de los soportes tecnológicos, está algo más emparentado con los instintos básicos: la lectura como experiencia y su posibilidad de ser enriquecida.

“Al hablar de todo esto no hablamos de una lectura interactiva –dice Petit–. No buscamos la interactividad, buscamos la sencilla lectura lineal: progresar, desplazarse de arriba abajo, cosas básicas. La complejidad no debe estar en la acción del lector sino en la obra artística. Las animaciones, los sonidos, los efectos de transición, nada de eso debe imponerse al lector, simplemente debe enriquecer la lectura desde el punto de vista gráfico. Tal como leemos en los libros impresos, debemos seguir leyendo en los digitales, es decir, debemos quedarnos en la experiencia de la lectura, no pasar a la experiencia de la observación o del juego”.

“A partir del momento en que consideramos que lo importante es la lectura –añade Petit–, solo nos queda comparar, y respecto a la relación cómic impreso y cómic digital hay tres caminos: existen obras que se leen tan bien en digital como en papel, obras que originalmente salieron impresas y que luego se digitalizaron. Los dos formatos son agradables, no hay valor agregado. Luego, hay obras que se leen menos bien en digital y que no han sido tan bien logradas como en papel. En eso pueden tener que ver las tintas de impresión, el tipo y el tamaño de papel, etcétera. Y luego hay obras que son definitivamente mejores en digital, obras pensadas y hechas para lo digital, que se benefician de todas las herramientas y funcionalidades de las que hemos hablado. Y en ese caso, lo importante es que se crea un nuevo campo de creatividad, nuevas formas artísticas, nuevas formas de relato”.

El cómic digital sigue buscando el eslabón que termine de maridar arte y tecnología en un formato universal. Pero esa insuficiencia no le ha impedido, con las variables con las que ahora existe, encontrar su lugar en el mercado. Japón y Estados Unidos están muy por delante en la producción y el consumo, y solo después Francia empieza a encontrar su nicho. En 2013, en Japón, el volumen de negocios del cómic digital superó los 200 millones de dólares (de los cuales un importante porcentaje corresponde a cómics exclusivos para teléfonos celulares); en Estados Unidos alcanzó los 90 millones de dólares y en Francia la cifra apenas rozó los 6 millones.

Una muestra de que el sector tiende a despegar es la compra que Amazon hizo este año de ComiXology, la plataforma de venta de cómics digitales más grande de Estados Unidos. Amazon no tenía entre sus negocios fuertes la venta de cómics digitales y a ComiXology le convenía llegar a un rango de consumidores aún más amplio. Los especialistas se preguntan ahora si ComiXology no terminará de perderse entre la infinita jerarquía de Amazon. La disyuntiva crea una oportunidad para las librerías digitales independientes como la francesa Sequencity, que dirige Samuel Petit, porque no todas las casas editoriales van a querer exponerse exclusivamente a través del gigante Amazon/ComiXology. Pero para aprovechar esa ocasión hará falta emprender un desafío épico.

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